Megaproyectos de desalinización, energía renovable y obras hídricas colocan a Marruecos en el centro de una estrategia africana para enfrentar sequías prolongadas, proteger el abastecimiento urbano y reducir la dependencia de las lluvias en un escenario de presión creciente sobre reservorios y cultivos.
Marruecos amplió las inversiones en desalinización para reducir la dependencia de las lluvias y pretende obtener 60% del agua potable a partir del mar hasta 2030, en una estrategia que reúne plantas de gran tamaño, energía renovable, nuevas presas y obras de transferencia hídrica.
La política ganó prioridad después de siete años de sequía, período que presionó reservorios, cultivos y el abastecimiento urbano en el país del Norte de África, según informaciones divulgadas sobre el plan hídrico marroquí.
En enero de 2026, el gobierno marroquí declaró el fin de la sequía prolongada, tras lluvias de invierno que elevaron el nivel medio de los reservorios a cerca de 46%, de acuerdo con datos informados por autoridades del país.
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A pesar de la recuperación parcial de los reservorios, el plan a largo plazo se mantuvo, porque la irregularidad de las precipitaciones pasó a ser tratada por el gobierno como un riesgo estructural para la seguridad hídrica.
Mayor planta de desalinización de África avanza en Casablanca
La principal obra de esta estrategia es la planta de desalinización de Casablanca, en construcción en Sidi Rahal, en la región de la Gran Casablanca, área ligada a una de las mayores concentraciones urbanas y económicas del país.
El proyecto tiene una inversión de 6,5 mil millones de dirhams marroquíes, equivalente a cerca de 613 millones de euros, y será ejecutado mediante una asociación público-privada con la Oficina Nacional de Electricidad y Agua Potable de Marruecos.
Cuando esté concluida, la unidad deberá atender Casablanca, Settat, Berrechid, Bir Jdid y áreas vecinas, regiones que concentran parte relevante de la demanda urbana, industrial y agrícola en el entorno de la mayor ciudad marroquí.
Acciona, una de las empresas responsables del emprendimiento, informa que la planta tendrá capacidad de hasta 300 millones de metros cúbicos por año y será la mayor planta de desalinización de África.
Cómo funciona la desalinización en Marruecos
La desalinización transforma agua de mar en agua dulce, generalmente por ósmosis inversa, proceso en el cual bombas de alta presión empujan el agua a través de membranas que retienen la sal y permiten la producción de agua potable.
Esta tecnología ya se utiliza en países con escasez hídrica, pero requiere un alto consumo de energía y puede aumentar las emisiones cuando las plantas dependen de combustibles fósiles para operar.
Para reducir este problema, Marruecos ha comenzado a asociar nuevos proyectos hídricos con la expansión de fuentes renovables, en línea con la estrategia del país para aumentar la oferta de agua sin elevar en la misma proporción la demanda de energía fósil.
En el caso de Casablanca, Acciona informa que el suministro de energía será garantizado por fuente eólica renovable, mediante un contrato de compra de energía con un productor marroquí.
Según la empresa, el uso de energía renovable puede ayudar a reducir costos operativos a largo plazo y limitar la huella de carbono de la producción de agua desalada.
La desalinización, sin embargo, también genera impactos ambientales que requieren control técnico y regulatorio, especialmente en la eliminación de la salmuera producida durante el tratamiento del agua de mar.
El proceso genera salmuera, residuo con alta concentración de sal y productos usados en el tratamiento del agua, que normalmente se devuelve al mar después de la separación del agua dulce.
De acuerdo con estudios ambientales sobre este tipo de operación, la eliminación sin control puede afectar ecosistemas costeros y aumentar la presión sobre áreas marinas sensibles.
La agricultura sigue como punto más delicado
El agua es un tema estratégico para Marruecos porque la agricultura consume gran parte de los recursos hídricos y sostiene una parte relevante del empleo rural, según datos citados en el debate sobre la crisis hídrica del país.
La sequía prolongada redujo el ganado nacional, presionó los precios de los alimentos y elevó el desempleo, en un escenario que expuso la relación directa entre la política agrícola y la disponibilidad de agua.
En este contexto, la desalinización puede aliviar ciudades costeras y liberar agua de presas para regiones del interior, donde cultivos y oasis dependen más de las lluvias, de los reservorios y de la recarga natural de los acuíferos.
Aun así, el uso agrícola del agua desalada permanece limitado por el precio, especialmente en cultivos de bajo valor comercial, como trigo y otros cereales que dependen de grandes volúmenes de riego.
La situación es diferente en áreas costeras orientadas a la exportación, donde frutas, tomates y hortalizas pueden absorber costos más altos cuando se cultivan en sistemas de mayor productividad y mayor retorno comercial.
Regiones como Souss-Massa entran en este modelo por concentrar producción agrícola intensiva y orientada al mercado externo, principalmente en actividades que dependen de riego regular para mantener contratos y estándares de exportación.
Para pequeños productores, el acceso al agua desalinizada tiende a depender de subsidios, mezcla con aguas residuales tratadas y soluciones menores alimentadas por energía solar, cuando haya viabilidad técnica y financiera.
Plan incluye presas y carreteras hídricas
La estrategia marroquí no se limita a las plantas costeras, porque el país también invierte en presas, obras de transferencia de agua y proyectos de reutilización para reorganizar la distribución del recurso.
El objetivo es desplazar excedentes de cuencas más húmedas a áreas más secas, en un intento de reducir la presión sobre reservorios regionales y ampliar la seguridad del abastecimiento en períodos de sequía.
Actualmente, Marruecos opera 17 plantas de desalinización, tiene cuatro en construcción y planea otras nueve hasta 2030, dentro de una expansión nacional orientada a ampliar la oferta de agua potable.
El plan busca elevar la capacidad total de producción de agua desalada a 1,7 mil millones de metros cúbicos por año, dentro de una política hídrica más amplia estimada en cerca de US$ 14 mil millones.
Además de las plantas, el gobierno también restringió cultivos muy dependientes de agua en regiones áridas, como parte de la respuesta a la presión sobre reservorios, acuíferos y sistemas agrícolas vulnerables a la sequía.
La escala del programa coloca a Marruecos entre los países africanos que más avanzan en el uso de desalinización como respuesta a la escasez hídrica, especialmente en áreas costeras con demanda urbana creciente.
El modelo acompaña una tendencia regional, ya que el Norte de África y Oriente Medio concentran parte importante de la capacidad mundial de desalinización por reunir clima seco, crecimiento urbano y fuerte presión sobre fuentes tradicionales de agua dulce.
La expansión, sin embargo, depende de financiación pública, tecnología, regulación ambiental y tarifas que permitan el acceso de agricultores más vulnerables, según señalan especialistas en gestión hídrica.
En este escenario, la seguridad hídrica a largo plazo involucra no solo aumentar la cantidad de agua producida, sino también distribuir el recurso con costo viable, impacto ambiental controlado y prioridad para regiones más expuestas a la sequía.

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