Documental de DW acompaña a Francis Kéré, Worofila y Elementerre en Senegal, donde el material de tierra toma forma en ladrillos de barro rojo, reduce la dependencia del concreto gris y reaviva el debate sobre arquitectura bioclimática, calor urbano, costo, tradición, escala y futuro de las ciudades africanas en rápido crecimiento hasta 2026 en el continente.
El material que durante décadas fue asociado a la pobreza en la construcción africana volvió al centro del debate arquitectónico en 2026 en el documental “La Materia Roja y la Materia Gris”, de DW Historia y Cultura. La producción acompaña el nuevo Goethe-Institut en Dakar, diseñado por Diébédo Francis Kéré, primer arquitecto del África Subsahariana en recibir el Premio Pritzker.
El cambio ocurre porque ciudades como Dakar y Accra crecen bajo intenso calor, falta de infraestructura, presión habitacional y expansión del concreto gris. En respuesta, arquitectos como Nzinga Mboup, Nicolas Rondet, del estudio Worofila, y el ingeniero Amadou Doudou Deme, de Elementerre, retoman el barro rojo como solución técnica, climática y cultural. Lo que parecía atraso se convirtió en disputa por el futuro de las ciudades africanas.
El barro rojo deja de ser símbolo de pobreza y vuelve como tecnología climática

El barro rojo usado en Senegal proviene de la laterita, suelo abundante en África Occidental, marcado por la presencia de óxidos que le dan su color característico. Este material puede ser extraído localmente, mezclado con arena y pequeñas cantidades de cemento, prensado en ladrillos y usado en edificios modernos.
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El cambio está en la percepción. Durante mucho tiempo, construir con tierra fue visto como señal de falta de recursos. Doudou Deme, fundador de Elementerre, intenta invertir esta percepción desde hace 15 años. Su tesis es directa: la tierra no es un material pobre; pobre es desperdiciar energía en edificios cálidos que luego dependen del aire acondicionado.
Goethe-Institut en Dakar se convirtió en vitrina de una nueva arquitectura africana

El nuevo Goethe-Institut en Dakar fue pensado como centro cultural, espacio de encuentro, educación y cooperación internacional. Francis Kéré eligió usar tierra estabilizada y ladrillos producidos localmente para dar al edificio una conexión directa con África Occidental.
El proyecto ganó peso simbólico porque una institución alemana en Senegal decidió erigir su sede con barro rojo, y no solo con concreto gris. El mensaje arquitectónico es fuerte: la tradición local puede entrar en el edificio institucional sin parecer improvisación, nostalgia o solución de segunda clase.
Francis Kéré transformó conocimiento tradicional en lenguaje contemporáneo
Francis Kéré nació en Burkina Faso y construyó su carrera entre África, Europa y Estados Unidos. Su trabajo se hizo conocido por recuperar técnicas locales, involucrar comunidades y usar soluciones simples de ventilación, sombra y masa térmica.
La escuela primaria de Gando, en Burkina Faso, es uno de los ejemplos más citados de esta trayectoria. Allí, ladrillos de tierra, ventilación natural y áreas sombreadas fueron usados para crear confort en las aulas. Kéré no intenta copiar la arquitectura tradicional; él actualiza ese conocimiento para responder al calor, al costo y a la falta de infraestructura.
Worofila lleva arquitectura bioclimática para casas y edificios en Dakar
En Dakar, Nzinga Mboup y Nicolas Rondet conducen la oficina Worofila con enfoque en arquitectura bioclimática. El objetivo es diseñar edificios que funcionen mejor en el clima local, usando ventilación cruzada, patios internos, sombra, materiales regionales y menos dependencia de sistemas mecánicos.
Un edificio de cinco pisos en el barrio de Ngor, construido con ladrillos de barro, muestra esta propuesta en escala urbana. La fachada crea sombra y los patios internos llevan aire y luz a los ambientes. El edificio prueba que el barro rojo no necesita quedar restringido a casas rurales o construcciones pequeñas.
Elementerre intenta sacar el ladrillo de barro del nicho
A Elementerre, empresa de Doudou Deme, produce ladrillos de barro comprimido en Gandigal, en el interior de la región metropolitana de Dakar. Con prensas manuales, la producción puede llegar a 1.000 ladrillos por día; con prensas hidráulicas, la capacidad aumenta y permite reducir la proporción de cemento utilizada en la estabilización.
Este detalle es importante porque el propio ladrillo de tierra puede contener cemento en alguna medida. Al reducir esa cantidad, la empresa intenta hacer que el material sea aún más coherente con la propuesta climática. La ambición es sustituir parte del concreto gris sin crear una nueva dependencia oculta dentro del ladrillo rojo.
El concreto gris sigue dominante porque se convirtió en símbolo social y económico
El documental también muestra por qué el concreto gris domina tantas ciudades africanas. La investigadora Armelle Choplin, con sede en Ginebra, analiza cómo cemento y concreto pasaron de símbolos coloniales y occidentales a productos cotidianos, ligados a la idea de permanencia, seguridad y ascenso social.
En muchas ciudades de África Occidental, construir con cemento significa afirmar posesión, estabilidad y derecho de permanecer. Las casas se levantan poco a poco, saco por saco, conforme la renta lo permite. El concreto gris no es solo un material de obra; se ha convertido en un lenguaje social de conquista y supervivencia urbana.
El costo climático del cemento presiona a ciudades en crecimiento acelerado
El problema es que no existe concreto sin cemento, y la producción de cemento está asociada a una parte relevante de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Además, la extracción de arena para construcción amenaza litorales y ecosistemas, especialmente cuando ocurre de forma ilegal o depredadora.
Este escenario pesa en ciudades que crecen rápidamente. Dakar, Accra y el corredor urbano entre Lagos y Abidjan enfrentan expansión demográfica, déficit habitacional y calor creciente. Si la urbanización africana repite solo el modelo del concreto gris, el costo climático puede ser inmenso.
Lesley Lokko puso a África en el centro de la Bienal de Venecia
La arquitecta y escritora Lesley Lokko, ghanesa-escocesa, fundó el African Futures Institute en Accra en 2021 y fue curadora de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2023. Ella llevó a la muestra a casi 90 arquitectos y artistas, con fuerte presencia de África y de la diáspora africana.
La elección ayudó a cambiar la vitrina internacional. En lugar de tratar a África como periferia de la arquitectura, Lokko puso al continente como laboratorio del futuro. La discusión dejó de ser solo estética y pasó a involucrar clima, urbanización, colonialismo, educación, escala y soberanía constructiva.
Material de tierra también aparece en hospitales y edificios comerciales
La recuperación del material de tierra no se limita a centros culturales. El arquitecto David Adjaye, radicado en Accra después de una carrera internacional, trabaja con soluciones híbridas en arcilla y concreto, incluyendo hospitales regionales en Ghana y proyectos comerciales.
Estas experiencias indican una etapa más difícil: salir de la casa experimental y entrar en programas públicos, comerciales e institucionales. El desafío ya no es probar que el barro rojo funciona; es mostrar que puede ganar escala, presupuesto, licencias y confianza política.
Mariam Issoufou defiende la tierra como lógica, no folclore
La arquitecta Mariam Issoufou, de Níger, también aparece en el debate con una posición pragmática. Para ella, el valor de la tierra no está solo en la identidad cultural, sino en la masa térmica, el confort interno, el ahorro energético y la salud de los ambientes.
Proyectos en Dandaji y Niamey muestran cómo el material puede adquirir formas contemporáneas, con mercados, mezquitas, viviendas y oficinas. La tradición entra como base, pero el argumento principal es técnico: si el clima es cálido, el edificio debe trabajar con el calor, no contra él.
Typha amplía el repertorio de materiales locales
En Senegal, otro elemento entra en la discusión: la Typha, una planta invasora de junco del delta del río Senegal. Usada en aislamiento, techos y paneles de barro, puede ayudar a crear ambientes internos más frescos y aprovechar una biomasa local abundante.
Doudou Deme y otros constructores ven en este uso una forma de ampliar el repertorio de la construcción sostenible. La Typha filtra agua, almacena carbono y puede convertirse en componente de paredes y cubiertas. La lógica es transformar un problema ambiental en insumo de construcción.
Construcción híbrida muestra que el barro no elimina el concreto
El nuevo Goethe-Institut de Dakar no abandona totalmente el concreto. El proyecto utiliza una solución híbrida porque hay cargas estructurales y exigencias técnicas que aún requieren concreto armado en determinados puntos.
Esta salvedad hace la discusión más seria. La propuesta no es cambiar todo material moderno por tierra de forma romántica. El camino realista es combinar barro rojo, concreto, madera, sombra, ventilación e ingeniería para reducir impacto sin comprometer seguridad.
Conocimiento perdido vuelve como respuesta al aire acondicionado
Jean Charles Tall, arquitecto y profesor senegalés, señala que parte del conocimiento climático tradicional se perdió cuando el aire acondicionado se convirtió en estándar urbano en los años 1980. A partir de ahí, muchos edificios comenzaron a depender de máquinas para corregir problemas que la arquitectura podría evitar desde el diseño.
Esta crítica es central. La arquitectura bioclimática no rechaza la tecnología, pero cuestiona la dependencia total de ella. Un edificio que necesita gastar energía todo el día para soportar su propio clima quizás haya fallado antes incluso de ser conectado a la red eléctrica.
Dakar muestra cómo la ciudad puede aprender de sus patios y árboles
Nzinga Mboup y la arquitecta Carole Diop investigan formas urbanas anteriores a la colonización francesa en Dakar, especialmente los espacios comunitarios organizados en torno a patios, árboles, mezquitas y áreas de encuentro.
Estos elementos ayudan a pensar en ciudades más habitables. Los patios llevan aire y sombra. Los árboles crean memoria y permanencia. Los espacios comunes sostienen la vida comunitaria. La innovación, en este caso, no viene de borrar el pasado, sino de reconocer soluciones que la ciudad ya conocía.
El futuro de la arquitectura puede nacer de la escasez
Al final de la construcción, el Goethe-Institut de Dakar aparece como símbolo de un nuevo ciclo. La obra llevó años, involucró cooperación entre Senegal y Alemania, enfrentó desafíos técnicos y mostró que el material de tierra puede ocupar un programa cultural internacional.
La idea más fuerte dejada por Francis Kéré es que la presión puede generar innovación. Cuando los recursos se vuelven caros, el calor aumenta y las ciudades crecen rápido, las soluciones locales ganan urgencia. África no aparece solo como un lugar que necesita respuestas; aparece como un lugar capaz de producirlas.
El material antes visto como cosa de pobre volvió al centro de la arquitectura africana porque responde a problemas concretos: calor urbano, costo, emisiones, escasez de infraestructura y pérdida de conocimiento local. El barro rojo no sustituye por sí solo al concreto gris, pero desafía su hegemonía y abre camino para soluciones híbridas.
Francis Kéré, Worofila, Elementerre, Lesley Lokko, David Adjaye y Mariam Issoufou muestran que la tradición puede ser técnica, contemporánea y escalable. La pregunta ahora es si las ciudades africanas, y también brasileñas, tendrán el coraje de tratar los materiales locales como innovación. ¿Vivirías o trabajarías en un edificio moderno hecho con tierra, barro rojo y menos concreto gris? Comenta tu opinión.


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