En Islington, el calor residual del metro de Londres dejó de ser solo una molestia en los túneles y ahora alimenta una red de calefacción urbana que utiliza la antigua estación City Road para llevar energía térmica a hogares, escuelas y edificios comunitarios, mostrando cómo una ciudad antigua puede reutilizar lo que antes se perdía en el subsuelo
El calor sofocante del metro de Londres se ha convertido en una fuente de calefacción en Islington. La antigua estación City Road, cerrada desde 1922, ahora funciona como un centro de energía escondido en el proyecto Bunhill Heat and Power.
La información fue divulgada por Islington Council, el consejo local del distrito londinense. El proyecto reutiliza el aire caliente de los túneles de la Northern Line para calentar hogares, escuelas y edificios comunitarios a través de una red de calefacción urbana.
En la práctica, el calor que antes se veía como un problema ahora tiene una función útil. La iniciativa conecta infraestructura antigua, reducción de emisiones y combate la pobreza energética en una solución urbana difícil de imaginar a primera vista.
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Estación fantasma cerrada desde 1922 se convirtió en una caldera invisible en el subsuelo de Londres
La antigua estación City Road dejó de ser solo una estación fantasma del metro londinense. Cerrada desde 1922, ahora alberga parte de la expansión Bunhill 2, conectada al sistema de calefacción urbana de Islington.
El espacio funciona como un centro de energía subterráneo. Aprovecha el calor acumulado en los túneles de la Northern Line, una de las líneas del metro de Londres.
Este calor es capturado y enviado a bombas de calor. Estos equipos aumentan la temperatura del agua que circula por la red de calefacción y llega a los edificios conectados al sistema.
El calor que molestaba a los pasajeros ahora calienta hogares, escuelas y edificios comunitarios
El caso llama la atención porque el metro de Londres suele asociarse con el fuerte calor en los túneles. Lo que antes era solo molestia para los pasajeros se convirtió en una fuente aprovechable de energía.
La lógica es simple. El metro genera calor en el subsuelo, ese calor se extrae de los túneles y luego ayuda a calentar agua para usarla en edificios.
El proyecto Bunhill Heat and Power demuestra que la energía útil puede estar escondida en lugares comunes de la ciudad. La estación cerrada hace décadas se convirtió en parte de una solución práctica para la calefacción urbana.
Bombas de calor transforman el aire caliente de los túneles en agua caliente para la red urbana
Las bombas de calor son el corazón del sistema. No crean calor de la nada. Aprovechan el calor ya existente en el aire que proviene de los túneles y elevan su capacidad para calentar el agua.
Esta agua caliente entra en la red de calefacción urbana. Luego, llega a hogares, escuelas y edificios comunitarios atendidos por el proyecto en Islington.
La idea se puede entender así: el calor que sobraba en el metro es capturado, reforzado por equipos y usado para calentar ambientes. El desperdicio se convierte en servicio público.
Islington Council presentó el proyecto como pionero en el uso de calor residual del metro
Islington Council, el consejo local del distrito londinense, presentó el proyecto como el primero de su tipo en el mundo en utilizar el calor residual de una red subterránea de trenes para calentar edificios.
Calor residual es el calor que sobra de una actividad. En el caso del metro, se acumula en los túneles y normalmente se perdería en el ambiente subterráneo.
La importancia del proyecto radica en esta reutilización. En lugar de tratar el calor como un problema sin utilidad, Islington comenzó a usarlo como parte de una red urbana de energía.
El reaprovechamiento urbano ayuda a combatir la pobreza energética y a reducir las emisiones
El proyecto también tiene un impacto social. La red se vinculó al combate de la pobreza energética, situación en la que los residentes enfrentan dificultades para mantener sus hogares adecuadamente calefaccionados.
En regiones frías, la calefacción no es un lujo. Forma parte del bienestar de las familias, las escuelas y los espacios comunitarios.
La iniciativa también se vinculó a la reducción de emisiones. Esto hace que el caso sea relevante para ciudades que buscan soluciones climáticas sin depender únicamente de nuevas obras en la superficie.
Londres demuestra que las ciudades antiguas pueden encontrar energía en lugares improbables
El ejemplo de Islington muestra que una ciudad antigua aún puede revelar nuevas formas de usar su propia infraestructura. Túneles, estaciones cerradas y sistemas antiguos pueden adquirir funciones modernas.

La estación City Road, cerrada desde 1922, volvió al centro de la historia como una pieza oculta de la calefacción urbana. El metro sigue transportando personas, pero su calor también ha pasado a ayudar a los edificios.
Este tipo de solución llama la atención porque no depende de un paisaje futurista. Nace de una pregunta simple: ¿qué desperdicia la ciudad todos los días y podría usar mejor?
El calor desperdiciado del metro de Londres dejó de ser solo una molestia para los pasajeros y se convirtió en parte de una red que calienta hogares, escuelas y edificios comunitarios en Islington.
La antigua estación fantasma muestra cómo la infraestructura olvidada puede adquirir una nueva función. ¿Crees que otras ciudades deberían mapear sus desperdicios de energía antes de construir nuevas centrales? Deja un comentario.

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