Mientras Occidente debate cómo monitorear las reservas radiactivas, una expedición rusa identificó una barcaza nuclear soviética escondida hace 38 años en el fondo del Mar de Kara.
El descubrimiento de la Likhter-4 no figuraba en ningún registro público ni de Rosatom ni de la moderna Armada rusa.
Según informó el Indian Defence Review, el hallazgo se logró durante el 70º viaje del buque de investigación Akademik Ioffe.
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De hecho, la misión fue una operación conjunta entre el Instituto Kurchatov y el Instituto de Oceanografía Shirshov. Los rusos buscaban confirmar las coordenadas de descarte declaradas en archivos de la era soviética.

El sitio se encuentra en la llamada Bahía de las Corrientes, costa este de Nueva Zembla. Los rusos no encontraron el objeto donde los archivos indicaban — la batimetría mostró una depresión local con más de 100 metros de profundidad.
Asimismo, Daily Galaxy informó que la barcaza transporta 146 contenedores de residuos sólidos radiactivos de la era soviética.
Según datos de la expedición, también transporta dos recipientes de reactor del submarino nuclear K-22. El combustible había sido retirado antes del descarte, lo que reduce el riesgo inmediato.
Lo que convierte a la Likhter-4 del Mar de Kara en un cementerio sin precedentes
El sitio es único porque combina tres factores: estuvo escondido durante décadas, contiene un volumen significativo de material radiactivo y se encuentra en aguas árticas profundas donde la recuperación es técnicamente compleja.
Según el Polar Journal, las mediciones con espectrómetro REM-4-50 confirmaron que el blindaje de plomo de los recipientes del reactor permanece intacto.
Por lo tanto, no hay señales de fuga activa en la barcaza. Las lecturas de radiación en el casco están dentro de los niveles de fondo comparables al Ártico abierto.
- 146 contenedores de residuos radiactivos — sólidos descartados en 1988
- 2 recipientes de reactor del submarino K-22 — combustible previamente retirado
- Profundidad de más de 100 metros — depresión local en la Bahía de las Corrientes
- Sitio escondido hace 38 años — nunca figuró en registro público
- Blindaje intacto según REM-4-50 — sin señal de fuga activa
Según el Indian Defence Review, esta fue la primera vez que la ubicación exacta de la Likhter fue confirmada por instrumentación moderna.
El submarino K-27: el vecino más peligroso de la Likhter
La misma expedición también examinó el submarino soviético K-27, hundido en 1981 en la Bahía de Stepovoy. A diferencia de la Likhter, este aún contiene combustible nuclear.

De hecho, el K-27 fue remolcado para ser hundido después de 13 años parado en reserva. La flota soviética carecía de capacidad técnica para desmantelar reactores nucleares en ese momento.
Como resultado, permanece allí con el combustible intacto. Para la comunidad internacional de seguridad nuclear, este es el elemento de mayor preocupación en el Ártico ruso.
Según el archivo de submarinos soviéticos del CPG, la remoción del K-27 sigue paralizada por cuestiones presupuestarias y técnicas.
Asimismo, la cobertura sobre el Komsomolets muestra que este patrón no es aislado.
La barcaza Nikel y otros sitios de la expedición rusa
Además de la Likhter y el K-27, la expedición localizó la barcaza Nikel con unas 580 toneladas de residuos radiactivos. El caso engrosa la lista de descartes mal documentados.
Según Pravda, la Nikel fue hundida en otra región de la Bahía de las Corrientes. Los investigadores ahora compilan el mapa actualizado de los descartes nucleares soviéticos.
Por otro lado, el trabajo del Akademik Ioffe es considerado pionero porque combina datos de archivo con sondeos de campo. La mayoría de las misiones anteriores dependían únicamente de coordenadas declaradas.
Como resultado, la comunidad internacional obtiene por primera vez un inventario verificable de los sitios nucleares rusos en el Ártico.
El contexto soviético del descarte nuclear en el Mar de Kara ruso
Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética descartó cientos de objetos radiactivos en aguas árticas y en Nueva Zembla. La flota nuclear soviética crecía más rápido que la infraestructura de desmantelamiento.

