Resistencia en el campo, rutina intensa y giro familiar marcan la trayectoria de una productora que mantuvo una granja sola por más de una década y vio crecer la productividad con la llegada de su hijo y la adopción de gestión técnica.
Maria Elisa construyó, en Orleans, al sur de Santa Catarina, una trayectoria marcada por trabajo continuo, adaptación técnica y permanencia en el campo.
Al frente de una granja con capacidad para 30 mil aves, ella sostuvo la operación prácticamente sola durante 12 años, en una rutina que combinaba manejo intensivo, administración de la propiedad y responsabilidades familiares.
Cuando su hijo Guilherme asumió el mando de la actividad en 2023, la granja entró en una nueva fase, con un enfoque más técnico y mejora del rendimiento.
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De la agricultura a la avicultura: un cambio que redefinió los ingresos familiares
Antes de incursionar en la avicultura, la productora venía de una vida ligada al cultivo de tabaco y maíz.
En ese período, el trabajo manual y la tracción animal formaban parte del día a día desde la infancia, en una dinámica común a muchas familias rurales del interior de Santa Catarina.
El cambio a la cría integrada de pollos ocurrió en 2012, cuando la actividad pasó a representar una alternativa de ingresos más predecible que las cosechas expuestas al clima y a las oscilaciones del campo.

El comienzo, sin embargo, estuvo marcado por dificultades operativas y por la falta de experiencia previa con el sistema de producción.
Sin formación específica en el área, Maria Elisa aprendió el manejo en el día a día, observando el comportamiento de las aves y ajustando la rutina según las exigencias del lote.
En una de las fases más delicadas del proceso, llegó a dormir dentro del aviario para seguir de cerca la temperatura de los pollitos y reducir pérdidas en los primeros días de cría.
Este esfuerzo se dio en paralelo a otras demandas que presionaban la rutina familiar.
Además de mantener la granja en funcionamiento, la productora aún conciliaba el trabajo con los cuidados dedicados a sus padres enfermos y las tareas domésticas.
Al recordar aquel período, resumió la experiencia como una etapa de mucho desafío y mucho aprendizaje.
La sucesión familiar en el agro transforma la gestión y la productividad
La sucesión familiar tomó forma en 2023, cuando Guilherme decidió dejar la vida en la ciudad y regresar a la propiedad.
Su entrada no solo representó la continuidad de una actividad ya consolidada, sino una reorganización del trabajo dentro de la granja.
Con dos personas directamente involucradas en la operación, la familia pasó a dividir funciones con más claridad, preservando la experiencia acumulada por Maria Elisa y abriendo espacio para una conducción más orientada a la técnica.
En la práctica, la productora permaneció como referencia en el seguimiento diario, mientras que su hijo concentró la atención en procedimientos de gestión, control de rendimiento y exigencias productivas más específicas.
La combinación entre vivencia práctica y organización técnica alteró la dinámica de la propiedad.
Lo que antes dependía casi exclusivamente de la resistencia física y la observación constante de Maria Elisa pasó a funcionar con mayor planificación y decisiones orientadas por criterios operativos.
Esta transición ayuda a explicar por qué la granja comenzó a registrar mejora en los resultados después de la llegada del sucesor.
El crecimiento de la productividad, los premios y el reconocimiento de la calidad del pollo producido en la propiedad se asocian directamente a la reorganización de la rutina y al enfoque exclusivo de Guilherme en la actividad.
Más que un relevo generacional, el caso expone un punto recurrente en la agropecuaria brasileña: la dificultad de mantener a los hijos en el campo y garantizar la continuidad de las propiedades familiares.
En muchas regiones, la salida de los jóvenes hacia los centros urbanos interrumpe ciclos productivos y debilita negocios construidos a lo largo de décadas.
En el caso de Maria Elisa, el regreso de su hijo alteró este camino y transformó una historia de resistencia individual en un proceso de sucesión efectivamente puesto en práctica.
Experiencia práctica y gestión técnica moldean una nueva fase de la granja
La relevancia de este cambio se amplía al observar el tipo de conocimiento acumulado en la granja a lo largo de los años.
Maria Elisa dominó el trabajo por observación, repetición y respuesta rápida a los problemas del día a día, en una lógica común entre productores que aprendieron la actividad en la práctica.
Guilherme, por su parte, pasó a actuar con enfoque en gestión técnica moderna, insertando procedimientos más sistemáticos en una estructura que ya venía funcionando con base en la experiencia directa.
El resultado de esta combinación aparece como uno de los puntos centrales de la historia.
La madre sigue como mentora y mano derecha en la rutina productiva, mientras el hijo asume parte de la presión por eficiencia exigida por la industria.
Esta división no elimina la importancia del esfuerzo anterior; al contrario, muestra que el avance de la granja fue construido sobre un período prolongado de sustento prácticamente solitario.
Al mismo tiempo, la trayectoria ayuda a iluminar la presencia femenina en un segmento aún fuertemente asociado al liderazgo masculino.
Durante 12 años, Maria Elisa condujo sola una estructura de gran tamaño, responsable de decenas de miles de aves, enfrentando exigencias físicas, riesgos productivos y decisiones permanentes.
En este contexto, la granja dejó de ser solo una fuente de ingresos para convertirse en el eje de estabilidad de la familia y un símbolo concreto de permanencia en el medio rural.
El paso de la azada y la tracción animal a una granja climatizada, operada con control más técnico, resume la transformación vivida por la propiedad.
En lugar de una ruptura, lo que se observa es una continuidad adaptada al tiempo: la base del negocio permanece familiar, pero la gestión incorpora nuevos métodos y amplía la capacidad de respuesta ante las exigencias del mercado.
La experiencia de Maria Elisa y la entrada de Guilherme muestran, así, cómo tradición y técnica pueden coexistir dentro de la misma estructura productiva.
En este arreglo, la ganancia más relevante para la familia no se limita a los premios mencionados ni al aumento de productividad atribuido a la nueva fase.
El punto central radica en el mantenimiento de la actividad con la participación de dos generaciones, en un escenario en el que seguir produciendo en el campo ya representa, por sí mismo, un desafío económico y social.
La granja sigue operando con la seguridad de quien atravesó años de incertidumbre y logró transformar el esfuerzo individual en un legado compartido.


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