El veredicto fue divulgado por la NASA a principios de marzo de 2026, basado en observaciones de febrero, y concluye la novela del objeto que lideró la lista de defensa planetaria. El asteroide sigue monitoreado y solo volverá a ser visible para telescopios desde la Tierra en 2028.
El anuncio que retiró la alerta salió a principios de marzo de 2026, cuando la NASA, a través del Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra, el CNEOS, del Laboratorio de Propulsión a Chorro, recalculó la órbita del asteroide 2024 YR4 y descartó cualquier posibilidad de impacto en la Luna. La revisión se apoyó en dos observaciones hechas por el Telescopio Espacial James Webb el 18 y 26 de febrero de 2026, y el resultado, según la agencia, muestra que la roca pasará a unos 21,2 mil kilómetros de la superficie lunar el 22 de diciembre de 2032, demasiado lejos para cualquier colisión.
El trabajo fue liderado por investigadores de renombre de la astronomía estadounidense. Andy Rivkin, del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, y Julien de Wit, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, el MIT, condujeron las observaciones dentro del programa de Tiempo Discrecional del Director del Webb, según el material divulgado por la NASA y la Agencia Espacial Europea, la ESA, porque ningún otro telescopio del mundo podía ver el objeto en ese momento.
La montaña rusa de probabilidades del asteroide 2024 YR4

Descubierto el 27 de diciembre de 2024 por un telescopio del sistema ATLAS, financiado por la NASA, en Río Hurtado, en Chile, el asteroide 2024 YR4 llegó a tener un 3,1% de probabilidad de impactar la Tierra en febrero de 2025, según el CNEOS, la mayor probabilidad jamás registrada para un objeto de ese tamaño, lo que lo llevó al nivel 3 de la Escala de Turín y a la cima de la lista de defensa planetaria de la agencia.
-
Oxígeno oscuro producido por piedras metálicas a 4 mil metros de profundidad en el Océano Pacífico desafía lo que se sabía sobre el origen de la vida y pone en jaque la carrera por la minería del fondo del mar en la Zona Clarion Clipperton.
-
Era para ser mais uma moneda romana, pero Kevin, con su detector de metales, encontró un anillo de oro de 17 siglos, escondido junto a 297 monedas, cerámica y objetos de plomo en Somerset.
-
Un barco perforó una ventana secreta en el fondo del océano y arrancó el mayor pedazo del manto de la Tierra jamás traído a la superficie.
-
¿Fin de varios instrumentos quirúrgicos? El robot cirujano más pequeño que una uña realiza 5 funciones médicas en un solo cuerpo, no requiere batería y utiliza magnetismo para cortar tejidos, liberar medicamentos, recolectar muestras y navegar por áreas estrechas del cuerpo.
La Tierra salió de la mira rápidamente, pero la Luna entró en ella.
Con más observaciones, el riesgo para nuestro planeta cayó a prácticamente cero, y los cálculos pasaron a señalar entre 4% y 4,3% de probabilidad de que la roca de 53 a 67 metros de diámetro, comparable a un edificio de 15 pisos, impactara el satélite natural en diciembre de 2032, escenario que se mantuvo hasta principios de 2026 y movilizó agencias espaciales de todo el mundo.
Cómo el James Webb resolvió lo que ningún telescopio podía ver
Desde la primavera de 2025 en el hemisferio norte, el asteroide estaba invisible para cualquier instrumento, excepto uno.
Según la NASA, el James Webb fue el único telescopio con estabilidad, sensibilidad y seguimiento preciso de objetivos en movimiento para reencontrar el objeto, en una de las detecciones de asteroide más débiles jamás realizadas, con la cámara de infrarrojo cercano NIRCam sumando exposiciones de varias horas sin que la roca se desplazara un solo píxel en el sensor.
El detalle que mató la hipótesis del impacto correspondió a una regla europea.
La posición medida por el Webb fue comparada con las estrellas de fondo catalogadas por la misión Gaia, de la ESA, y el asteroide apareció desplazado cerca de 22 píxeles, el equivalente a medio segundo de arco, de la posición que aún sostendría alguna posibilidad de choque con la Luna, según el material divulgado por las agencias.
Con el arco de observación prácticamente duplicado, la proyección de la órbita para 2032 ganó la precisión que faltaba.
El impacto que no va a ocurrir generaría un cráter de 1 kilómetro

Un estudio presentado por el astrónomo Paul Wiegert y equipo, difundido por la revista Exame, estimó que la colisión del 2024 YR4 con la Luna liberaría cerca de 6,5 megatones de energía, aproximadamente 400 veces la bomba de Hiroshima, abriendo un cráter de 1 kilómetro de diámetro, y el investigador Patrick King, de Johns Hopkins, calculó que el 86% de los posibles puntos de impacto estaban en la cara lunar orientada hacia la Tierra, con un destello potencialmente visible a simple vista.
Aún existía el temor de los fragmentos, que este portal siguió de cerca.
Científicos llegaron a debatir el riesgo de escombros lunares eyectados por el choque alcanzando la vecindad de la Tierra y amenazando satélites y astronautas, discusión que incluía incluso propuestas inéditas de desviar o fragmentar la roca.
Todo esto, vale la etiqueta clara, era un escenario condicionado a un impacto que las mediciones de febrero de 2026 eliminaron.
La Luna está a salvo y la vigilancia continúa de guardia
El mensaje de las agencias fue de alivio sin desmovilización.
La Luna está a salvo y el 2024 YR4 no representa ningún peligro, pero el trabajo continúa, afirmó el equipo de Defensa Planetaria del Programa de Seguridad Espacial de la ESA, según el periódico mexicano La Jornada, destacando que la detección y el rastreo de objetos cercanos a la Tierra siguen a ritmo completo para que ninguna amenaza real tome al planeta desprevenido.
El episodio aún dejó un legado técnico valioso.
La NASA y la ESA confirmaron que el James Webb puede aislar visualmente objetos extremadamente tenues contra campos estelares brillantes, técnica que debe ser estandarizada para futuras amenazas, y el propio 2024 YR4 volverá al alcance de los telescopios terrestres en 2028, cuando nuevas mediciones podrán refinar aún más el paso de 2032.
Del pánico al alivio en 14 meses de defensa planetaria
La trayectoria del asteroide 2024 YR4, del récord de 3,1% de riesgo para la Tierra al veredicto de paso seguro por la Luna, se convirtió en el mejor estudio de caso reciente de cómo funciona la defensa planetaria: detectar temprano, medir sin parar y dejar que los datos, no el miedo, den la palabra final.
El 22 de diciembre de 2032, la roca del tamaño de un edificio cruzará el cielo a 21,2 mil kilómetros de la Luna y seguirá su viaje.
¿Y tú, seguiste la novela del asteroide desde las alertas de 2025 y crees que la inversión billonaria en defensa planetaria se justifica o el riesgo real de estos objetos está exagerado? Deja tu opinión en los comentarios y participa en la conversación, siempre con respeto a las diferentes opiniones.

¡Sé la primera persona en reaccionar!