1. Inicio
  2. Datos interesantes
  3. Mujeres que fueron ridiculizadas por recolectar basura se organizan, convierten residuos orgánicos en abono, generan ingresos diarios y mejoran la limpieza de mercados en uno de los países con el PIB per cápita más bajo del mundo.
Haz un comentario 6 min de lectura

Mujeres que fueron ridiculizadas por recolectar basura se organizan, convierten residuos orgánicos en abono, generan ingresos diarios y mejoran la limpieza de mercados en uno de los países con el PIB per cápita más bajo del mundo.

Imagen de perfil del autor Flavia Marinho
Escrito por Flavia Marinho Publicado el 01/07/2026 a las 11:46 Actualizado el 01/07/2026 a las 11:47
¡Sé la primera persona en reaccionar!
Reaccionar al artículo
Prefiere CPG en Google

En Bangwe, residuos orgánicos se convirtieron en abono y renta diaria para mujeres antes marcadas por el estigma de la basura y discriminaciones

En Bangwe, en Blantyre, en Malawi, mujeres se unieron en una iniciativa de economía circular para convertir materiales orgánicos en abono y ampliar el aprovechamiento de recursos para la agricultura local. El cambio conectó compostaje, renta diaria y organización comunitaria en una rutina antes marcada por vergüenza y explotación.

La información fue publicada el 12 de enero de 2026 por UNDP Malawi, programa de la ONU para desarrollo en Malawi. El caso involucra entrenamiento en manejo de residuos, reciclaje, producción de abono y organización financiera entre mujeres que ya vivían de la recolección de materiales desechados.

El punto central no está solo en la basura recogida. La fuerza de la historia aparece cuando un trabajo visto como motivo de humillación pasa a ser tratado como actividad ambiental, con renta y más dignidad para mujeres que antes actuaban solas.

La basura que antes generaba vergüenza comenzó a convertirse en renta en Bangwe

Bangwe convivía con residuos sin recolección adecuada en mercados, calles y áreas de circulación. Cáscaras de banana en el suelo, plástico en canales de drenaje y basura acumulada formaban parte del problema diario en Blantyre.

Mujeres de Bangwe que cambiaron la realidad con renta diaria a través de abono.
Mujeres de Bangwe que cambiaron la realidad con renta diaria a través de abono.

Este escenario afectaba con más fuerza a mujeres que dependían de la recolección de residuos para sobrevivir. Muchas eran ridiculizadas por la propia comunidad, incluso ejerciendo un trabajo ligado a la limpieza, al reciclaje y al reaprovechamiento de materiales.

El cambio comenzó cuando estas mujeres dejaron de actuar solo de forma aislada. Con apoyo y entrenamiento, parte de la basura orgánica pasó a ser vista como material capaz de convertirse en abono, en lugar de ser solo desechado.

Esta situación recuerda la realidad de muchos recolectores y trabajadoras de la reciclaje. El servicio es esencial para reducir basura en las ciudades, pero aún carga estigma social, baja valorización y poca protección.

Cómo el compostaje cambió la rutina de las mujeres de Bangwe

El compostaje es un proceso simple de entender: restos orgánicos, como cáscaras y sobras vegetales, se separan y transforman en abono. Este abono puede ser usado en el suelo y también puede generar ingresos cuando encuentra compradores.

UNDP Malawi, programa de la ONU para el desarrollo en Malawi, detalló el entrenamiento de las mujeres en manejo correcto de residuos, reciclaje y producción de abono. La acción también involucró la organización de grupos para dar más fuerza al trabajo colectivo.

En la práctica, la basura dejó de ser solo suciedad esparcida. Una parte de los residuos pasó a tener un destino útil, con separación entre materiales que se descomponen rápido y materiales que no se descomponen rápido.

Este cambio importa porque reduce el desperdicio y mejora la rutina de quienes trabajan con residuos. En lugar de caminar largas distancias en busca de materiales desechados, las mujeres pasaron a actuar con herramientas, orientación y división de tareas.

Alice Dickson se unió a un colectivo de 25 mujeres y comenzó a producir abono con otras trabajadoras

Alice Dickson, residente de Mvula, en Bangwe, ya trabajaba con recolección de residuos antes del proyecto. Ella hacía largos desplazamientos para encontrar materiales desechados y vendía lo que conseguía por valores pequeños.

Después del entrenamiento, Alice dejó de trabajar sola. Ella pasó a formar parte de un colectivo de 25 mujeres que transforma residuos orgánicos en abono, obtiene ingresos diarios y participa en un ahorro comunitario.

Este ahorro funciona como una forma de juntar dinero en grupo. El objetivo es dar más seguridad financiera a las participantes y ayudar en el crecimiento de las actividades relacionadas con el reaprovechamiento de la basura.

El caso muestra que la ganancia no fue solo ambiental. La organización en grupo también cambió la forma en que estas mujeres comenzaron a circular por la comunidad, con más confianza y menos aislamiento.

La limpieza de los mercados ganó fuerza, pero el proyecto no resolvió por sí solo la basura de Blantyre

El caso de Bangwe muestra un cambio concreto en espacios donde había acumulación de residuos. Un mercado antes marcado por cáscaras de banana esparcidas pasó a mantenerse más limpio con la actuación de las mujeres organizadas.

Colectivo de 25 mujeres que transforma residuos orgánicos en abono.
Colectivo de 25 mujeres que transforma residuos orgánicos en abono. (Reproducción: PNUD Malawi/Jonathan Mphande)

Aun así, es importante no exagerar el alcance del proyecto. La experiencia fortaleció la limpieza en áreas atendidas y mejoró la vida de trabajadoras involucradas, pero no significa que todo el problema de la basura de Blantyre haya sido resuelto.

La diferencia está en el modelo creado. La recolección, la separación y el compostaje comenzaron a hacerse con más organización, lo que redujo parte del desperdicio y dio nuevo valor al material orgánico.

Ese cuidado editorial es esencial. La historia es fuerte porque muestra una transformación local, no porque presenta una solución mágica para todos los problemas urbanos de residuos.

El estigma social pesa sobre quienes trabajan con residuos y también aparece en Brasil

Quienes recolectan basura, separan material reciclable o trabajan con compostaje a menudo enfrentan prejuicios. En Bangwe, las mujeres eran vistas con desprecio por lidiar con residuos, incluso cuando este trabajo ayudaba a la comunidad.

En Brasil, esta percepción también tiene sentido. Recicladores, cooperativas de reciclaje y proyectos de compostaje urbano ayudan a reducir la basura que va a los vertederos, pero aún enfrentan invisibilidad.

El problema no está solo en el residuo. Está también en la forma en que la sociedad mira a quienes realizan este servicio. Cuando la actividad gana organización, ingresos y reconocimiento, el trabajo deja de ser tratado como una vergüenza y pasa a ser visto como parte de la solución ambiental.

Por eso, la experiencia de Bangwe toca un punto sensible: dignidad en el trabajo con residuos. Los ingresos importan, pero el respeto social también cambia la vida de quienes antes eran humillados por la función que ejercían.

Lo que las ciudades brasileñas pueden aprender de la experiencia en Malawi

La primera lección es simple: el residuo orgánico no necesita ser tratado solo como basura. Cuando existe una separación correcta, parte de este material puede convertirse en abono y alimentar pequeños ciclos de ingresos.

La segunda lección está en la organización colectiva. Las mujeres de Bangwe ganaron más fuerza cuando comenzaron a trabajar en grupo, con capacitación y ahorro comunitario. Este formato se asemeja a la lógica de cooperativas y asociaciones que ya existen en ciudades brasileñas.

La tercera lección involucra respeto. Los proyectos ambientales que ignoran la realidad de quienes viven de la recolección tienden a dejar fuera justamente a las personas que mejor conocen la basura de las calles, los mercados y los barrios.

Para las ciudades brasileñas, la experiencia sirve como advertencia. Compostaje urbano, reciclaje e inclusión de recicladores pueden caminar juntos cuando el poder público, organizaciones sociales y comunidades tratan el tema con seriedad.

La historia de Bangwe muestra que los residuos orgánicos pueden tener otro destino cuando existe entrenamiento, organización y reconocimiento. Mujeres antes ridiculizadas comenzaron a producir abono, generar ingresos diarios y participar en una red colectiva de apoyo.

El caso también muestra que la limpieza de las ciudades depende de personas que muchas veces son ignoradas. Cuando quienes trabajan con residuos reciben herramientas y respeto, la basura deja de ser solo un problema y puede transformarse en una oportunidad local.

¿Crees que las ciudades brasileñas deberían invertir más en compostaje comunitario y cooperativas de reciclaje? Comenta tu opinión o comparte esta historia con quienes siguen soluciones ambientales simples y reales.

Suscribir
Notificar de
guest
0 Comentarios
Más reciente
Más viejo Más votado
Flavia Marinho

Flavia Marinho es Ingeniera posgraduada, con vasta experiencia en la industria de construcción naval *onshore* y *offshore*. En los últimos años, se ha dedicado a escribir artículos para sitios de noticias en las áreas militar, seguridad, industria, petróleo y gas, energía, construcción naval, geopolítica, empleos y cursos. Contacte a flaviacamil@gmail.com o WhatsApp +55 21 973996379 para correcciones, sugerencias de temas, divulgación de vacantes de empleo o propuesta de publicidad en nuestro portal.

Compartir en aplicaciones
Descargar aplicación
0
Nos encantaría conocer tu opinión sobre este tema, ¡deja tu comentario!x