Proyecto de vida en el interior de Minas Gerais transforma área familiar en el Fecho da Serra, en Capitólio, en espacio de convivencia, hospedaje y preservación ambiental. Ideado por Tati, el lugar une rutina de roza, turismo de experiencia y fuerte vínculo con la naturaleza.
Entre paredones de piedra, silencio rural y una vista que se cierra como un abrazo de la sierra, un proyecto de vida ganó forma en el interior de Minas Gerais.
En Capitólio, Tati transformó un antiguo área de la familia en el Fecho da Serra en un espacio de convivencia, hospedaje y preservación ambiental, hoy buscado por visitantes en busca de tranquilidad y contacto directo con la naturaleza.
La historia fue presentada en un chat grabado para el canal Diario del Campo, conducido por Eduardo Pádua, que recorrió senderos, cabañas y áreas comunes junto a la anfitriona. Durante la conversación, ella explicó cómo el lugar dejó de ser solo un refugio familiar para convertirse en un destino abierto al público.
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“Esto aquí es mágico. No es solo bonito, tiene una energía que no se puede explicar. Quien viene entiende”, afirmó.
Paisaje natural que define el Fecho da Serra

El nombre Fecho da Serra proviene de la propia formación del relieve. Dos grandes paredones rocosos avanzan uno hacia el otro, creando la sensación de que la sierra se cierra al fondo del valle.
A lo lejos, la represa de la región completa el escenario, incluso cuando no está totalmente visible a simple vista. Para Tati, la geografía fue decisiva en la elección del lugar como base de vida.
“¿Cómo puedes cansarte de una vista de estas? Por la noche, entonces, con el cielo lleno de estrellas, no hay forma”, dijo.
Insertada en un área de transición de la Serra da Canastra, la propiedad mantiene vegetación nativa preservada y senderos que llevan hasta la Cachoeira do Fecho da Serra, accesible por la parte superior del terreno.
Animales sueltos y rutina de roza

Apenas llegar, queda claro que los animales son parte de la dinámica del lugar. Gallinas circulan libremente, patos comparten espacio con perros, caballos pastan cerca de las cabañas y búfalos cruzan el terreno en fila al final del día.
Cada animal tiene nombre propio y convive suelto. “Son los ilustres moradores de la Nueva Toscana”, bromeó Tati al presentar a los perros, patos, gansos y caballos que viven en el área.
La producción sigue el ritmo de la roza. Huevos de gallinas, leche, quesos hechos por familiares de la región y alimentos preparados en el propio lugar forman parte de la rutina diaria. “Aquí es la roza de verdad, no es una granja de fachada. Es el día a día mismo”, explicó.
De área familiar a hospedaje abierto al público
El proyecto comenzó de forma simple, aún antes de la pandemia. La primera cabaña fue construida para el hermano de Tati, que pasó largos períodos en el lugar, atrayendo naturalmente a amigos y visitantes cercanos.
Con el aislamiento social, creció la búsqueda de destinos alejados de los centros urbanos. En ese período, la familia decidió adaptar contenedores marítimos, transformándolos en suite completas, con baño, cama de matrimonio y aire acondicionado.
“Antes era solo para amigos. De repente, comenzó a venir gente que quería quedarse, vivir esto aquí. Vimos que tenía sentido abrir”, relató.
Actualmente, el espacio reúne cabañas, suites en contenedores, áreas de alimentación y un tráiler fijo para hospedaje. Proyectos como restaurante y piscina están en desarrollo.

Nueva Toscana y la identidad del proyecto
El nombre Nueva Toscana surgió en los primeros planes de la iniciativa. La idea inicial incluía la plantación de uvas y la creación de una pequeña vinícola, proyecto que no avanzó.
Aún así, el nombre permaneció, asociado al clima, al paisaje montañoso y a la propuesta de vida en el campo. “Los planes van cambiando, pero la esencia quedó. Es un lugar de acogida, de pausa”, resumió Tati.
Las construcciones fueron pensadas para mantener la calidez y respetar el ambiente natural, con iluminación suave, materiales simples e integración al ritmo de la roza.
Entre la ciudad y la decisión de quedarse
Dividiendo el tiempo entre Franca, en el interior de São Paulo, y Capitólio, Tati afirma que el cambio definitivo a Minas es un plan cada vez más cercano. “La ciudad cansa. Aquí no cansa”, dijo.

La relación con el campo proviene de la infancia. Por parte de la familia materna, la región siempre estuvo presente; por el lado paterno, la vivencia en el Pantanal reforzó el vínculo con la naturaleza. “Creo que siempre quise esto, incluso sin saberlo”, afirmó.
Trabajo colectivo y raíces humanas
Al final de la visita, Eduardo Pádua destacó el papel de las personas que mantienen el proyecto en funcionamiento. Tati hizo hincapié en citar a sus hermanos Juliano y João, que viven y trabajan en el lugar.
“No somos nadie solos”, dijo, emocionada. “Si hay algo que funciona aquí, es porque hay buena gente junto.”
El encuentro terminó con café colado, pan de queso y pastel de maíz, preparados allí mismo, reforzando el espíritu de acogida que define el Fecho da Serra.
En tiempos de prisa urbana y exceso de ruido, ¿cuántas personas estarían dispuestas a cambiar el concreto por el sonido de los animales y el ritmo lento de la montaña?


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