Un análisis reveló que los ataques del 7 de marzo contra refinerías iraníes liberaron una masa de dióxido de azufre comparable a la de una erupción volcánica, con impactos que llegaron hasta Asia Oriental
Un solo día de ataques a refinerías y depósitos de petróleo en Irán liberó alrededor de 33 mil toneladas de dióxido de azufre en la atmósfera, volumen comparable al de una gran erupción volcánica. La nube tóxica se extendió rápidamente y llegó a unos 2 mil kilómetros de distancia en solo dos días.
Las conclusiones provienen de un análisis publicado por livescience.com, basado en imágenes de satélites chinos y europeos. Según los investigadores, los incendios provocados por los ataques aéreos del 7 de marzo en las instalaciones de Fardis, Shahran, Aghdasieh y en la Refinería de Teherán elevaron de forma brusca la presencia del gas sobre la capital iraní al día siguiente.
El estudio llama la atención no solo por la cantidad emitida, sino por la velocidad con la que la pluma se extendió. El 9 de marzo, ya había avanzado hasta el este de Asia, aunque comenzó a disiparse al final de ese mismo día.
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Volumen de contaminación fue comparado al de una erupción volcánica

Los autores del estudio estiman que los incendios liberaron alrededor de 29,8 mil toneladas métricas de dióxido de azufre, o 33 mil toneladas en total, hasta el 8 de marzo. Es un nivel que, según el análisis, se aproxima al registrado en eventos volcánicos de gran magnitud.
Para efectos de comparación, la erupción del Eyjafjallajökull, en Islandia, en 2010, expulsó aproximadamente 22 mil toneladas de dióxido de azufre a lo largo de tres días. En ese caso, la nube de cenizas y gases provocó trastornos amplios, incluyendo impacto en la aviación europea.
En el episodio iraní, la escala llama la atención porque la emisión ocurrió en solo un día. Los investigadores describen el evento como una “gran emisión” que no debe ser subestimada precisamente por su corta duración.
Nube tóxica recorrió 1.240 millas y alcanzó área de 300 mil km²
El desplazamiento de la pluma fue acompañado por sensores de ultravioleta e infrarrojo de alta resolución, embarcados en los satélites FengYun 3, de China, y Sentinel-5 Precursor, de la Agencia Espacial Europea. La combinación de estas imágenes permitió mapear la extensión del material lanzado en la atmósfera.
De acuerdo con el análisis, la nube se extendió por un área de cerca de 185 mil millas cuadradas, lo que equivale a 300 mil kilómetros cuadrados. Vientos del noreste empujaron el material fuera de Teherán y lo llevaron a una distancia cercana de 1.240 millas, o 2 mil kilómetros.
Incluso con la dispersión en poco tiempo, los científicos advierten que los efectos ambientales no pueden ser ignorados. El dióxido de azufre es uno de los principales precursores de la lluvia ácida y puede afectar suelo, agua y ecosistemas alrededor de las áreas afectadas.

“Lluvia negra” y síntomas reportados por residentes de Teherán
Además del gas, los incendios también lanzaron otros contaminantes en la atmósfera. Según los investigadores, los contaminantes se mezclaron con la precipitación y formaron una especie de “lluvia negra”, cargada de partículas tóxicas como hidrocarburos.
El estudio relata que algunos residentes de Teherán sintieron dolores de cabeza, sabor amargo en la boca, irritación en los ojos y en la piel, además de dificultad para respirar. Los autores afirman que estos efectos merecen atención, aunque aún son necesarios nuevos estudios para medir con precisión el impacto en la salud pública.
La contaminación por dióxido de azufre también está asociada a problemas de salud mental, como depresión y ansiedad, además de efectos respiratorios. El análisis no calcula el tamaño total del daño humano, pero refuerza que la exposición puede tener consecuencias que van mucho más allá del momento de los ataques.
Guerra ya venía elevando la carga de gases de efecto invernadero
El episodio se suma a otras emisiones ligadas al conflicto en curso entre Estados Unidos, Israel e Irán. Un análisis reciente citado en el estudio señaló que, entre el 28 de febrero y el 14 de marzo, la guerra emitió más dióxido de carbono que Islandia en todo el año 2024.
Esto coloca los ataques a las refinerías dentro de una secuencia más amplia de presión ambiental causada por el conflicto. En el caso del dióxido de azufre, los efectos son más inmediatos y localizados, pero pueden extenderse por miles de kilómetros, como mostró la trayectoria de la nube.
Los investigadores afirman que aún es necesario avanzar en las investigaciones para medir los impactos específicos sobre la salud y el ambiente tras los ataques de marzo. Lo que ya está claro es que, en un solo día, los incendios en las instalaciones petrolíferas iraníes produjeron una emisión de escala inusual y con alcance internacional.
Si quieres seguir los próximos desarrollos de este tipo de impacto ambiental en zonas de conflicto, comparte este reportaje y deja tu opinión en los comentarios.

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