La disputa entre Estados Unidos y China por la Luna involucra seguridad, bases permanentes y uso sostenible de recursos estratégicos en el siglo XXI
Una nueva fase de la carrera espacial ganó fuerza tras décadas de pausa en las misiones tripuladas a la Luna.
Más de 50 años después de la Apollo 17, realizada en diciembre de 1972, las huellas aún visibles en la superficie lunar simbolizan el fin de la primera era.
En ese período, según registros históricos de la Nasa, la disputa entre Estados Unidos y la Unión Soviética reflejaba una tensión geopolítica mayor.
La Unión Soviética colocó primero un objeto, un animal y un humano en órbita.
Sin embargo, en julio de 1969, Estados Unidos aterrizó en la Luna con la Apollo 11.
Entre 1969 y 1972, 12 astronautas caminaron en la superficie lunar.
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Después de eso, el programa fue interrumpido.
Según declaraciones del entonces presidente Richard Nixon, los costos elevados y la victoria simbólica terminaron con la prioridad lunar.
El regreso estratégico a la Luna altera prioridades globales
A lo largo de las décadas siguientes, aunque se mencionaba el regreso, el enfoque cambió a satélites y a la Estación Espacial Internacional.
No obstante, paralelamente, China estructuró su propio programa lunar.
En 2006, el científico jefe chino declaró que la exploración lunar representa el poder de una nación.
Posteriormente, en 2013, China realizó el primer aterrizaje no tripulado en la Luna desde los años 1970.
En consecuencia, el movimiento llamó la atención internacional.
Luego, Estados Unidos anunció la reorientación del programa espacial para retomar misiones humanas.
Programa Artemis y nueva fase de la exploración
Actualmente, Estados Unidos lleva a cabo el programa Artemis, estructurado en tres etapas.
Primero, en 2022, una misión no tripulada orbitó la Luna para pruebas técnicas.
Después, se prevé un vuelo tripulado solo de sobrevuelo.
Solo en la tercera fase, prevista para 2027, se realizará el intento de aterrizaje humano.
Sin embargo, a diferencia de los años 1960, la seguridad se ha convertido en una prioridad central.
Hoy, el riesgo aceptable es menor y los protocolos son más rigurosos.
La Nasa desarrolló el cohete Space Launch System para esta misión.
Simultáneamente, empresas privadas como SpaceX y Blue Origin colaboran en el desarrollo de tecnologías de aterrizaje.
Aunque esta asociación busca reducir costos, analistas señalan que también contribuye a retrasos.
China, metas para 2030 y alianzas internacionales
Mientras tanto, China anunció como meta enviar humanos a la Luna hasta 2030.
Aunque Pekín niega competencia directa, el presidente Xi Jinping declaró el objetivo de consolidar el país como potencia espacial.
En este contexto, dos bloques internacionales se consolidaron.
Por un lado, están los Acordos Artemis, liderados por Estados Unidos y firmados por cerca de 60 países, incluyendo India.
Por otro lado, China lidera la Estación Internacional de Investigación Lunar, con el apoyo de Rusia y alrededor de 10 participantes.
Ambos proyectos pretenden construir bases permanentes en la Luna.
Polo sur lunar, agua y helio-3 como activos estratégicos
El enfoque estratégico se concentra en el polo sur lunar.
Allí, según estudios científicos ampliamente divulgados, existen cráteres con agua congelada.
El agua es esencial para sustentar la vida humana.
Además, puede generar oxígeno para la respiración y hidrógeno como combustible.
Consecuentemente, controlar la infraestructura en estas regiones puede influir en futuras operaciones espaciales.
Además, el polvo lunar contiene helio-3, elemento raro en la Tierra y asociado a la fusión nuclear.
Sin embargo, su extracción requeriría el envío de equipos, procesamiento local y transporte seguro.
Así, los costos serían elevados y los resultados permanecen inciertos.
A diferencia de la primera carrera, centrada en misiones puntuales, la disputa actual involucra una presencia continua.
Ahora, la prioridad es establecer una capacidad sostenible de uso del espacio a lo largo del tiempo.
¿Crees que la nueva carrera espacial representa un avance científico global o un agravamiento de disputas geopolíticas estratégicas?


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