Investigadores de la Universidad de Aix-Marseille, en Francia, reanimaron 13 virus extraídos de muestras de permafrost del extremo este de Rusia, incluyendo uno con 48.500 años, el más antiguo ya recuperado en laboratorio. Los patógenos permanecieron capaces de infectar organismos incluso después de decenas de milenios congelados. Las muestras incluían heces de mamut de 27 mil años y contenido estomacal de un lobo siberiano, de donde fueron aislados virus bautizados como Pithovirus mammoth, Pandoravirus mammoth y Pacmanvirus lupus.
El virus más antiguo ya traído de vuelta a la vida en laboratorio tiene 48.500 años y estaba dormido en el permafrost siberiano desde una época en que los neandertales aún caminaban por Europa. Investigadores de la Universidad de Aix-Marseille, en Francia, reanimaron este y otros 12 patógenos de muestras de suelo permanentemente congelado recolectadas en el extremo este de Rusia. Según el IFL Science, el resultado fue alarmante: incluso después de decenas de milenios inactivos, los virus permanecieron capaces de infectar organismos, demostrando que el permafrost funciona como una cápsula del tiempo biológica que preserva patógenos en estado viable por períodos inimaginables.
El estudio, publicado en la revista científica Viruses, alertó que el deshielo acelerado del permafrost por el cambio climático tiende a liberar estos organismos desconocidos en el ambiente. Los investigadores reconocieron que aún es imposible estimar por cuánto tiempo cada virus podría permanecer infeccioso una vez expuesto a las condiciones externas, o cuál es la probabilidad de encontrar un huésped adecuado. Pero fueron categóricos: «El riesgo está destinado a aumentar en el contexto del calentamiento global.»
Lo que los científicos encontraron dentro de un mamut y de un lobo

Las muestras de permafrost que rindieron los 13 virus reanimados no provinieron de cualquier punto del suelo congelado. Los investigadores aislaron patógenos de heces congeladas de un mamut de 27 mil años y del contenido estomacal de un lobo siberiano, materiales biológicos que han permanecido preservados en temperaturas negativas constantes desde la última Era Glacial.
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Los virus recibieron nombres que reflejan su origen: Pithovirus mammoth, Pandoravirus mammoth, Megavirus mammoth, Pacmanvirus lupus y Pandoravirus lupus. La diversidad de las especies encontradas indica que el permafrost no guarda solo un tipo de virus, sino un ecosistema microbiológico completo que fue congelado junto con los animales que lo portaban. Para los científicos, esto significa que cada metro cúbico de permafrost que se derrite puede liberar patógenos de los cuales la humanidad no tiene ningún registro inmunológico.
El brote de ántrax que demostró que el riesgo no es teórico
En 2016, una ola de calor en la Península de Yamal, en Siberia, descongeló una carcasa de reno infectada con la bacteria del ántrax décadas atrás. La bacteria se propagó, mató a un niño, hospitalizó a decenas de personas y llevó al sacrificio de más de 200 mil renos en la región, en uno de los episodios más graves de infección por patógeno liberado del permafrost documentados.
Algunos científicos atribuyeron el brote a la disminución en la vacunación del ganado local, minimizando la relación con el deshielo. Pero el episodio reavivó el debate internacional sobre qué más puede estar congelado bajo el suelo del Ártico, esperando que la temperatura suba lo suficiente para liberarlo. Para los investigadores de Aix-Marseille, el caso de Yamal es exactamente el tipo de escenario que sus estudios con virus de 48,500 años intentan anticipar.
El virus que transforma papas en masa viscosa
La amenaza de los patógenos del permafrost no se limita a humanos y animales. Investigadores del Instituto de Investigación Polar de Corea recolectaron muestras de permafrost en la Península de Seward, en Alaska, y dejaron que el material se derritiera en laboratorio durante 90 días. Una bacteria llamada Pseudomonas, responsable de la pudrición blanda de la papa, proliferó rápidamente una vez que el hielo perdió su control.
Cuando se puso en contacto con tubérculos de papa, la bacteria los transformó en una masa viscosa y no comestible. Otros patógenos de plantas también fueron detectados en depósitos congelados: núcleos de hielo de Groenlandia, con hasta 140 mil años, contenían el virus del mosaico del tomate, capaz de infectar tomates, pepinos, pimientos, lechuga y remolacha. El escenario se vuelve más preocupante porque el calentamiento global está atrayendo a agricultores a plantar en suelos recién descongelados en el Ártico.
Lo que el derretimiento del permafrost puede liberar en el futuro

El permafrost cubre aproximadamente el 25% de la superficie terrestre del Hemisferio Norte y almacena no solo virus y bacterias, sino también cantidades inmensas de carbono y metano. El calentamiento global está acelerando el derretimiento a tasas que superan las previsiones de modelos climáticos de una década atrás, y cada año que pasa expone capas más profundas y antiguas del suelo congelado.
La cuestión central para la comunidad científica no es si patógenos antiguos serán liberados, sino cuándo y en qué cantidad. El virus de 48.500 años reanimado en laboratorio demuestra que la viabilidad infecciosa puede sobrevivir a períodos geológicos enteros. Si patógenos de mamuts y lobos siberianos lograron mantener su capacidad de infectar tras milenios, ¿qué más puede estar congelado en las capas aún más profundas del permafrost que aún no han sido alcanzadas por el deshielo?
¿Sabías que los científicos lograron reanimar un virus de 48.500 años y que aún funcionaba? ¿Qué te preocupa más: los patógenos que pueden infectar a humanos, los que destruyen cultivos o el hecho de que no sabemos qué más está congelado? Cuéntanos en los comentarios.

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