Investigadores identificaron un patrón raro de interferencia en señales de navegación por satélite desde 2019, pero aún tratan el origen como una hipótesis técnica que exige más datos
Fallos misteriosos en la señal de GPS detectados a gran escala en Europa, Groenlandia y Canadá volvieron a encender la alerta sobre la seguridad de los sistemas de navegación por satélite. Un estudio reciente de investigadores de la Universidad de Texas en Austin y de la Universidad Stanford señala que el probable origen de estas interferencias puede estar en satélites rusos de alerta temprana, usados para monitorear lanzamientos de misiles.
La investigación, divulgada en junio de 2026 en formato de prepublicación científica, analizó datos recopilados entre 2019 y 2026 por estaciones terrestres de GNSS, sigla usada para sistemas globales de navegación por satélite, como GPS, Galileo, GLONASS y BeiDou. Según la PCGuia, los episodios llamaron la atención porque duraban pocos segundos, pero eran percibidos al mismo tiempo por receptores esparcidos por áreas muy amplias.
El punto central es que los investigadores no hablan solo de bloqueadores terrestres cerca de fronteras o zonas de guerra, algo ya conocido en Europa desde el inicio de la guerra en Ucrania. El estudio sugiere una posibilidad más sensible: interferencia con origen en el espacio, capaz de alcanzar grandes regiones de una sola vez.
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Estudio apunta interferencia rara en GPS en Europa desde 2019
De acuerdo con el estudio “Chasing Lightning”, firmado por Zachary L. Clements, Argyris Kriezis y Todd E. Humphreys, se identificaron eventos transitorios y de gran alcance que afectaron señales GNSS sobre Europa continental, Groenlandia y Canadá desde 2019. El análisis se realizó con base en mediciones de potencia recibida por estaciones terrestres y en métodos de diferencia de tiempo de llegada de la señal.

La PCGuia informó que, entre enero de 2019 y abril de 2026, los investigadores encontraron 75 días con al menos un evento de interferencia generalizada sobre la banda GPS L1, frecuencia de 1575,42 MHz, una de las más importantes para navegación civil.
Estos episodios, según la publicación, duraban menos de diez segundos, pero surgían de forma simultánea en estaciones muy distantes.
El patrón también llamó la atención por el comportamiento temporal. Según lo informado por la cobertura especializada, las anomalías aparecieron con más frecuencia los martes, miércoles y jueves, durante el horario comercial europeo, lo que reforzó la sospecha de una fuente artificial y recurrente.
Aun así, los investigadores tratan el caso con cautela. El trabajo fue sometido para revisión en la revista NAVIGATION, del Institute of Navigation, pero aún aparece como prepublicación. Esto significa que los resultados son relevantes, pero aún necesitan pasar por el proceso formal de revisión científica.
Por qué satélites rusos entraron en el radar de la investigación
La sospecha sobre satélites rusos surgió después de que los autores cruzaron los horarios de las interferencias con la posición de satélites sobre el horizonte en el momento de los eventos.
El análisis redujo a los posibles responsables a un grupo de satélites rusos en órbitas Molniya, usadas por sistemas que permanecen por largos períodos visibles sobre altas latitudes.
Según el estudio, la fuente más probable estaría ligada a la constelación rusa de alerta temprana conocida como EKS, o Edinaya Kosmicheskaya Sistema. Este tipo de sistema tiene como función principal detectar lanzamientos de misiles balísticos, no bloquear GPS, lo que hace la hipótesis aún más delicada y técnicamente controvertida.
Un reportaje de TechRadar, basado en el estudio y en la cobertura de Ars Technica, citó que un evento de febrero de 2026 habría sido rastreado hasta el satélite Kosmos 2546. La misma cobertura destacó, sin embargo, que los expertos aún discuten si la interferencia sería deliberada, accidental o consecuencia de algún funcionamiento secundario del sistema.
Este cuidado es importante porque no hay, hasta ahora, una confirmación pública definitiva de autoría o intención.
La propia PCGuia observó que, para una prueba irrefutable, sería necesario captar datos brutos de la señal de radio emitida por la fuente de interferencia, algo que los receptores GNSS usados en las estaciones terrestres no pueden proporcionar por sí solos.
Bloqueo de GPS y spoofing afectan aviones, barcos y servicios urbanos
El tema es sensible porque el GPS no sirve solo para abrir mapas en el celular. De acuerdo con GPS.gov, servicio oficial del gobierno de los Estados Unidos, el sistema proporciona posicionamiento, navegación y tiempo preciso, usado por comunicaciones, redes eléctricas, bancos, mercados financieros, logística, agricultura, minería y transporte.
En la práctica, una falla de GPS puede provocar desde pérdida momentánea de ubicación en aplicaciones hasta problemas en sistemas de navegación de aeronaves, drones, barcos e infraestructuras que dependen de sincronización de tiempo. En ambientes civiles, el riesgo mayor no es que el celular “se pierda” por algunos segundos, sino la repetición de estos eventos en áreas críticas.

La Agencia de la Unión Europea para la Seguridad de la Aviación, la EASA, afirma que las interferencias GNSS han crecido notablemente desde febrero de 2022, principalmente cerca de zonas de conflicto y áreas sensibles, como el Mar Báltico, el Mar Negro, el Mediterráneo, Oriente Medio y el Ártico. La agencia diferencia dos problemas principales: jamming, cuando la señal es bloqueada o degradada, y spoofing, cuando señales falsas engañan al receptor y generan ubicación incorrecta.
Según la EASA, estos episodios pueden causar discrepancias de posición, alertas falsas de sistemas de terreno, desvíos de navegación y necesidad de redireccionamiento de vuelos. La entidad resalta que las aeronaves modernas tienen medios alternativos de navegación, pero la interferencia aumenta la carga de trabajo de las tripulaciones y exige procedimientos bien coordinados.
Europa ya adoptó un plan para lidiar con la interferencia en GNSS
La preocupación no se limitó a los laboratorios. En marzo de 2026, la EASA y EUROCONTROL publicaron un plan conjunto para mejorar la seguridad de las operaciones aéreas durante eventos de interferencia GNSS.
El documento propone acciones a corto, medio y largo plazo para ampliar el monitoreo, el intercambio de datos y las orientaciones a pilotos, controladores y autoridades nacionales.
El plan europeo reconoce que la interferencia en las señales de navegación por satélite dejó de ser un caso aislado y pasó a exigir una respuesta coordinada. Entre las medidas, están la creación de una visión operativa común, procedimientos armonizados y desarrollo de equipos de a bordo más resistentes a fallos o manipulaciones de señal.
La presión también aparece en episodios recientes en el Báltico. En mayo de 2026, Reuters informó que autoridades de Lituania acusaron a Rusia de ampliar su capacidad de falsificar señales de GPS desde Kaliningrado, enclave ruso entre Polonia y Lituania. Según el informe, el alcance estimado llegaría hasta 450 kilómetros, afectando partes de los países bálticos, Polonia, Finlandia, Suecia y el Mar Báltico.
Moscú niega acusaciones recurrentes de interferencia electrónica y atribuye estas alegaciones a campañas occidentales. Aun así, reguladores europeos, empresas de aviación y servicios de monitoreo siguen registrando aumento de eventos de jamming y spoofing en regiones cercanas al conflicto en Ucrania.
Qué cambia si la interferencia viene del espacio
La mayor diferencia entre un bloqueador terrestre y una posible fuente espacial está en el alcance. Un jammer en suelo suele afectar una región limitada, aunque pueda causar grandes trastornos en aeropuertos, puertos, fronteras o centros urbanos. Ya una fuente en órbita tendría potencial para alcanzar áreas continentales, incluso si es por ventanas cortas.
Por eso, el estudio ganó repercusión. No afirma que el GPS global está a punto de «caer», ni que todos los usuarios serán afectados al mismo tiempo. La alerta es otra: si los sistemas espaciales pueden interferir en señales GNSS de forma recurrente, la dependencia mundial de navegación por satélite se vuelve más vulnerable.
El GPSJAM, plataforma que publica mapas diarios de interferencia GPS basados en datos de aeronaves, muestra cómo estas perturbaciones pueden ser monitoreadas a escala global. La herramienta clasifica áreas por niveles de interferencia y ayuda a visualizar regiones donde las aeronaves detectan pérdida, degradación o alteración de señal.
En Brasil, no hay indicación de que este caso específico esté afectando el funcionamiento cotidiano del GPS. Aun así, la discusión interesa al país porque sectores como aviación, navegación marítima, telecomunicaciones, energía, agroindustria de precisión y logística dependen cada vez más de GNSS para operar con eficiencia.
Dependencia del GPS expone desafío de seguridad e infraestructura
El caso refuerza una lección que gobiernos y empresas ya venían discutiendo: los sistemas críticos no pueden depender de una única fuente de localización y tiempo. Para especialistas en seguridad de navegación, la respuesta pasa por redundancia, uso de múltiples constelaciones GNSS, sensores inerciales, radio navegación, mapas actualizados y sistemas capaces de detectar señales sospechosas.
La Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos, la FAA, también orienta a operadores y pilotos a tratar la interferencia GNSS como una amenaza emergente. En una guía técnica sobre el tema, la agencia explica que el jamming puede impedir que el receptor capte señales legítimas, mientras que el spoofing puede generar posición, navegación u horario falsos y potencialmente confusos.
Para el usuario común, la recomendación práctica es entender que fallos puntuales de GPS pueden tener varias causas, como edificios altos, túneles, mal tiempo espacial, problema en el aparato o interferencia local. Cuando el tema involucra escala continental y patrones repetidos, sin embargo, el análisis pasa a ser asunto de seguridad nacional, aviación, defensa e infraestructura crítica.
La investigación sobre los posibles satélites rusos aún no cierra el caso, pero amplía el debate sobre la fragilidad de una tecnología presente en prácticamente todos los sectores de la economía moderna. El GPS se ha vuelto invisible en el día a día precisamente porque funciona casi siempre, pero los episodios recientes muestran que esa confianza necesita ser acompañada de protección, monitoreo y alternativas.

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