Las redes de pesca descartadas en el mar se convirtieron en materia prima de Marulho en Ilha Grande, donde Bia Mattiuzzo transforma basura en el mar en bolsos, riñoneras e ingresos, mueve ventas por redes sociales y comercio electrónico, involucra a 20 personas de la comunidad local y factura R$ 35 mil mensuales hoy, según PEGN/Um Só Planeta.
Las redes de pesca abandonadas en el mar se convirtieron en el punto de partida de Marulho, negocio creado por la oceanógrafa y emprendedora Bia Mattiuzzo en Ilha Grande, en el municipio de Angra dos Reis, en Río de Janeiro. La iniciativa transforma residuos retirados del ambiente costero en bolsos, riñoneras, bolsas y otros productos, con una facturación mensual de R$ 35 mil.
La información es de PEGN / Um Só Planeta, en publicación del 23/03/2025, a las 07h, actualizada el mismo día a las 12h02. Según el reportaje, la empresa nació de la observación directa de Bia sobre la acumulación de redes descartadas en una ciudad caiçara y hoy involucra a 20 personas de la comunidad.
La basura vista en el mar se convirtió en punto de partida

La idea de Marulho surgió a partir de una escena recurrente para quienes viven cerca del océano: materiales de pesca abandonados o descartados de forma inadecuada. Como oceanógrafa, Bia Mattiuzzo ya observaba muchas redes de pesca en el ambiente marino y percibió que el problema no era solo visual, sino también de gestión de residuos.
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En lugar de tratar el descarte como algo distante, decidió probar una solución local. Lo que antes quedaba perdido en el mar pasó a ser recogido, limpiado, reutilizado y transformado en producto, conectando impacto ambiental, trabajo manual y generación de ingresos dentro de la propia Ilha Grande.
Primeras bolsas nacieron de una colaboración simple
Al principio, la propuesta era recolectar la mayor cantidad posible de redes de pesca y encontrar una forma de dar uso al material. Para eso, Bia se asoció con un pescador jubilado, quien ayudó a transformar las redes en bolsas vendidas a turistas que pasaban por la región.
La operación comenzó pequeña y con un retorno casi simbólico. La emprendedora contó al reportaje que pagaba R$ 5 por bolsa y vendía por R$ 6, reinvirtiendo el valor en el propio negocio. El margen era estrecho, pero sirvió para probar si había interés real por los productos hechos con residuos del mar.
Bolsos y riñoneras ampliaron el negocio

Con el tiempo, Marulho dejó de vender solo bolsas y comenzó a desarrollar otros artículos, como bolsos y riñoneras. Esta ampliación ayudó a transformar las redes de pesca en una línea de productos con más atractivo comercial, sin abandonar el origen ambiental del proyecto.
El cambio también mostró que el reaprovechamiento de residuos puede ir más allá de una simple pieza de recuerdo turístico. Cuando hay diseño, acabado e historia detrás del producto, el material descartado adquiere otro valor, especialmente para consumidores interesados en impacto positivo y producción local.
Veinte personas pasaron a participar de la producción
Actualmente, el proyecto involucra a 20 personas, incluyendo costureros, y genera ingresos para los habitantes de la comunidad. Este punto es central porque Marulho no solo retira redes de pesca del mar, sino que también crea una cadena productiva alrededor del reaprovechamiento de estos residuos.
La producción requiere etapas manuales, organización de inventario, costura, acabado y venta. Con esto, el negocio crea oportunidades para personas de la región y mantiene parte del valor económico dentro de la propia Isla Grande, en lugar de llevar el problema lejos o depender solo de soluciones externas.
Fábrica de sardinas desactivada se convirtió en base de la operación

El stock de Marulho se almacena en una antigua fábrica de sardinas desactivada. El espacio comenzó a funcionar como apoyo para guardar materiales, organizar la producción y estructurar la rutina de un negocio que nació de forma experimental y creció con demanda.
Las ventas se realizan a través de redes sociales y comercio electrónico, lo que permite que los productos hechos de redes de pesca lleguen a consumidores fuera de la isla. La operación combina un origen profundamente local con canales digitales de venta, acercando una comunidad costera a un mercado más amplio.
Crecer exigió aprender gestión en la práctica
A pesar de la formación en oceanografía, Bia tuvo que aprender a lidiar con áreas que no formaban parte de su rutina inicial, como flujo de caja, gestión de personas y organización comercial. La propia emprendedora reconoció al reportaje que enfrentó dificultades para administrar estas áreas.
Este aprendizaje ayuda a explicar la transición de un proyecto ambiental a una empresa de impacto. Recoger redes de pesca era solo una parte del desafío; la otra era transformar la idea en una operación capaz de pagar proveedores, organizar producción, vender con regularidad y sostener ingresos para otras personas.
Impacto ambiental quedó cerca de la comunidad
Una de las diferencias de Marulho es mantener la solución cerca del problema. Las redes de pesca descartadas aparecen en el territorio donde la empresa actúa, y la transformación del material también ocurre dentro de la comunidad, involucrando a personas que viven en el entorno de la actividad pesquera y turística.
Esto le da al negocio una dimensión local importante. La iniciativa no promete resolver por sí sola el problema de los residuos marinos, pero muestra cómo una respuesta comunitaria puede reducir el descarte, generar ingresos y llamar la atención sobre la responsabilidad de los materiales abandonados en el mar.
Negocio muestra el valor escondido en residuos costeros
La historia de Marulho revela cómo residuos vistos como problema pueden convertirse en materia prima para una cadena económica pequeña, pero relevante. Al transformar redes de pesca en bolsos, riñoneras y bolsas, la empresa une reaprovechamiento, emprendimiento e identidad territorial.
El caso también plantea una discusión mayor: ¿cuántos residuos aún podrían convertirse en ingresos si hubiera más iniciativas locales, apoyo técnico y canales de venta? ¿Crees que negocios de impacto como este pueden cambiar la relación de las comunidades costeras con la basura en el mar? Deja tu opinión en los comentarios.

