La disputa por los pagos internacionales gana fuerza en el BRICS, con pruebas de plataformas propias, presión de los Estados Unidos y búsqueda de más transacciones en monedas nacionales entre países que intentan reducir riesgos ligados al dólar y a la infraestructura financiera occidental.
Los países del BRICS avanzaron en pruebas bilaterales de nuevas plataformas de pago mientras amplían las discusiones para reducir la dependencia del dólar en transacciones internacionales, en un movimiento que ganó fuerza con la búsqueda de alternativas a la infraestructura financiera occidental.
La articulación involucra propuestas como el BRICS Bridge, orientado a pagos entre países, y el BRICS Clear, pensado para liquidación y compensación de activos financieros, según declaraciones del viceministro de Finanzas de Rusia, Ivan Chebeskov, al periódico ruso Izvestia.
En medio de este proceso, el bloque intenta ampliar el uso de monedas nacionales en el comercio entre sus integrantes, con la intención de hacer las operaciones internacionales menos costosas, más rápidas y menos expuestas a bloqueos financieros.
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En julio de 2025, la Agencia Brasil informó que el comunicado final de ministros de Hacienda y presidentes de bancos centrales del BRICS reconoció avances en la búsqueda de interoperabilidad entre sistemas de pago de los países miembros.
Nuevas pruebas del BRICS apuntan a pagos fuera de la estructura occidental
Durante la presidencia rusa del bloque, en 2024, la propuesta del BRICS Bridge ganó protagonismo porque Moscú pasó a defender mecanismos de liquidación internacional menos dependientes de la infraestructura bancaria de los Estados Unidos y de países europeos.
Con esta arquitectura, las operaciones entre integrantes del BRICS podrían ocurrir con menor exposición a sistemas dominados por instituciones occidentales, especialmente en transacciones consideradas sensibles por involucrar países sujetos a sanciones o restricciones financieras.
Al Izvestia, Chebeskov afirmó que las discusiones sobre las iniciativas propuestas por Rusia continúan y que ya existen resultados iniciales en proyectos piloto bilaterales, aunque las plataformas definitivas aún no han sido creadas.
En la evaluación presentada por el representante ruso, estas pruebas indican que parte de los integrantes del BRICS ya acepta discutir caminos prácticos para una infraestructura financiera alternativa, incluso cuando evita tratar públicamente el tema por razones geopolíticas.
Además del BRICS Bridge, Moscú trabaja en la idea del BRICS Clear, estructura orientada a la circulación de títulos entre países del bloque y presentada como una posible alternativa a sistemas de custodia y compensación concentrados en Occidente.
Desde las sanciones impuestas tras la guerra en Ucrania, Rusia ha enfrentado restricciones en parte de esa infraestructura financiera global, lo que ayudó a transformar propuestas antes nacionales en una agenda más amplia dentro del BRICS.
Las monedas nacionales ganan espacio en las negociaciones del BRICS
El uso de monedas nacionales ocupa una posición central en la agenda financiera del BRICS, principalmente porque permite reducir costos de conversión y disminuir la exposición de las transacciones a la infraestructura vinculada al dólar.
Según la Agencia Brasil, el comunicado de los ministros de finanzas del grupo destacó avances para impulsar operaciones en monedas locales y reducir costos, pero no detalló qué etapas ya han sido completadas por los países participantes.
En la práctica, la propuesta discutida por el bloque no equivale a la creación inmediata de una moneda única del BRICS, tema que aparece con frecuencia en el debate público, pero aún sin decisión concreta de lanzamiento.
Hasta ahora, el enfoque oficial está en ampliar la compatibilidad entre sistemas de pago nacionales, disminuir costos de conversión y crear instrumentos capaces de reducir riesgos de bloqueo en operaciones internacionales.
Esta distinción es relevante porque el debate sobre el tema suele mezclar tres frentes diferentes: pagos en monedas nacionales, creación de infraestructura financiera propia y eventual moneda común.
En los documentos y comunicados recientes del grupo, el énfasis recae principalmente sobre los dos primeros puntos, sin indicación de que haya una decisión formal para sustituir monedas nacionales por una unidad común.
La presión de EE.UU. aumenta el peso político de la agenda financiera
El intento de reducir la dependencia del dólar ganó dimensión política tras nuevas amenazas de tarifas hechas por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, contra países que buscaran alternativas a la moneda norteamericana.
En enero de 2025, Trump volvió a amenazar a países del BRICS con una tarifa del 100% si intentaban sustituir el dólar como moneda de reserva, según Reuters, lo que elevó el peso diplomático de la discusión.
Esta declaración reforzó la percepción de que el uso del dólar y de la infraestructura financiera occidental puede convertirse en un instrumento de presión geopolítica, especialmente en un escenario de disputas comerciales y sanciones internacionales.
Al mismo tiempo, la propia Reuters registró que el dólar sigue como principal moneda de reserva del mundo, a pesar del esfuerzo de países del BRICS para ampliar el uso de otras monedas en operaciones internacionales.
Debido a este equilibrio delicado, los proyectos del bloque avanzan de forma cautelosa, ya que muchos integrantes mantienen relaciones comerciales relevantes con Estados Unidos y Unión Europea.
Cualquier adhesión pública a sistemas financieros alternativos puede ser interpretada como un desafío directo al orden actual, lo que ayuda a explicar la preferencia de algunos países por pruebas bilaterales y discusiones técnicas menos expuestas.
Implementación del BRICS Bridge aún depende de acuerdo político
Incluso con las pruebas en marcha, especialistas citados por el Izvestia evalúan que los proyectos aún están en fase conceptual y pueden llevar años hasta alcanzar una implementación parcial.
La estimación mencionada por Alisa Kazelko, especialista ligada al Club Valdai y a la Asociación Rusa de Control de Exportaciones, apunta 2027 o 2028 como plazo más realista para una primera etapa operacional.
Para que este cronograma avance, será necesaria voluntad política de los principales participantes, además de compatibilidad regulatoria y tecnológica entre sistemas financieros nacionales que funcionan bajo reglas propias.
El desafío no se limita a la parte técnica, porque el BRICS no tiene una estructura supranacional como la Unión Europea, capaz de imponer reglas comunes y obligar a todos los integrantes a avanzar al mismo ritmo.
Cada país deberá definir su propia velocidad de adhesión, considerando intereses comerciales, riesgos diplomáticos y el grado de integración de sus bancos con sistemas occidentales ya consolidados.
En este escenario, India suele actuar con cautela en iniciativas que puedan ampliar la influencia financiera de China dentro del bloque, mientras que Brasil apoya el debate sobre mayor uso de monedas nacionales.
Al mismo tiempo, el sistema financiero brasileño permanece fuertemente conectado a redes internacionales consolidadas, factor que tiende a influir en el ritmo de cualquier adhesión a mecanismos alternativos de pago.
Infraestructura financiera entra en el centro de la estrategia
La discusión sobre pagos también se conecta a la agenda de inversiones del BRICS, que busca ampliar mecanismos financieros capaces de atender países en desarrollo y reducir costos en operaciones internacionales.
Según la Agencia Brasil, el bloque reúne 11 miembros permanentes: Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Irán, Arabia Saudita, Egipto, Etiopía, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia.
Estos países representan 39% de la economía mundial, 48,5% de la población global y 23% del comercio internacional, números que explican el interés en crear instrumentos financieros compatibles con la dimensión económica del grupo.
Bajo la presidencia brasileña, en 2025, el bloque también discutió mecanismos para facilitar inversiones y reducir costos en países en desarrollo, además de revisar estructuras financieras creadas en años anteriores.
Entre estos mecanismos está el Acuerdo de Reserva Contingente, creado en 2014 y mencionado en el comunicado de ministros de finanzas y bancos centrales como parte del esfuerzo de adaptación institucional del BRICS.
La creación de canales propios de pago, por lo tanto, integra una agenda más amplia de autonomía financiera, expansión del uso de monedas locales y fortalecimiento de mecanismos internos para inversiones, liquidación de activos y cooperación entre bancos centrales.
Aún hay, sin embargo, una distancia significativa entre pruebas piloto y operación plena, porque BRICS Bridge y BRICS Clear tendrán que superar diferencias internas, presión externa, exigencias regulatorias y riesgos de sanciones.
Hasta que estas barreras sean superadas, el escenario más probable es la formación gradual de una red paralela de pagos, sin sustitución inmediata del dólar en las transacciones globales.

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