Estudio con datos de 10 estaciones de Nueva York muestra que los pasajeros del metro reducen viajes de forma desigual en eventos climáticos extremos, con lluvias fuertes afectando más la hora punta de la noche y frío intenso impactando principalmente los desplazamientos fuera de las horas de mayor movimiento
Los pasajeros del metro de Nueva York reducen viajes de forma diferente según el tipo de evento climático, la estación y la hora del día, muestra un estudio publicado en la revista npj Sustainable Mobility and Transport. La investigación analizó registros por hora en 10 estaciones importantes entre 2023 y 2025 e identificó efectos más fuertes de la lluvia intensa en la hora punta de la noche, mientras que el frío extremo provoca caídas menores y más concentradas fuera de las horas de mayor movimiento.
El análisis fue conducido por investigadores de NYU Tandon, de la Universidad de Louisville y de la Universidad de Hong Kong. El objetivo fue observar cómo se comporta la demanda en conjunto dentro de la red, y no solo medir la reacción aislada de cada estación ante tormentas, olas de frío u otras condiciones severas.
Para ello, el equipo utilizó una técnica estadística llamada modelado de cópula de viña. El método permitió examinar cómo el número de pasajeros varía entre diferentes puntos del sistema bajo condiciones climáticas extremas, revelando patrones de respuesta que se repiten según el tipo de evento.
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Pasajeros del metro reducen viajes con más fuerza durante lluvias intensas
La precipitación fuerte aparece como el factor de mayor impacto en la hora punta de la noche. Las reducciones medias varían bastante entre las estaciones, yendo de casi el 29% en Columbus Circle a menos del 8% en Grand Central.
Flushing–Main Street, ubicada en un barrio periférico, también registró una caída expresiva en días de lluvia fuerte. La reducción llegó a casi el 26%, reforzando que el impacto no se distribuye de manera uniforme por la red.
Los investigadores explican que el desplazamiento nocturno suele ser más flexible que el de la mañana. Muchos pasajeros pueden salir más temprano, esperar a que la tormenta disminuya o cancelar compromisos que no sean esenciales, lo que amplía la caída en ese período específico.
Aun así, la lluvia no elimina completamente los viajes. La mayor parte de las personas todavía consigue volver a casa, pero la intensidad del temporal cambia el horario, reduce los desplazamientos opcionales y altera el patrón de uso de las estaciones.
Frío extremo afecta menos las rutinas esenciales
El frío intenso presentó un comportamiento diferente en el estudio. Incluso en la hora punta de la mañana, cuando el efecto aparece con más fuerza, la caída en el número de pasajeros fue considerada modesta, generalmente entre el 1% y el 2,4% en las estaciones analizadas.
Este resultado muestra que las rutinas esenciales tienden a mantenerse incluso cuando las temperaturas caen de forma acentuada. Viajes ligados al trabajo y a compromisos obligatorios continúan ocurriendo, aunque bajo condiciones incómodas.
Los efectos mayores del frío aparecen fuera de las horas punta. En ese período, los desplazamientos menos necesarios tienen más posibilidades de ser cancelados, aplazados o sustituidos por otro medio de transporte.
Joseph Chow, profesor asociado del Instituto Tandon de la NYU y uno de los autores del artículo, afirmó que los pasajeros mantienen sus rutinas incluso con caídas bruscas de temperatura. El cambio aparece con más claridad entre quienes harían viajes opcionales, como ir a un restaurante o visitar a un amigo.
Estaciones cercanas reaccionan de maneras muy diferentes
El estudio también identificó diferencias fuertes entre estaciones relativamente cercanas. Columbus Circle aparece como una de las más sensibles a las lluvias intensas, mientras que Grand Central, a menos de tres kilómetros de distancia, tiene caídas mucho menores.
Esta variación indica que la ubicación en el barrio no explica por sí sola la resiliencia de cada estación. Infraestructura, diseño del espacio, conectividad y uso del suelo alrededor parecen tener un papel importante en la forma en que los pasajeros del metro responden al mal tiempo.
La comparación entre las estaciones muestra que la red no reacciona como un bloque único. Cada punto puede concentrar vulnerabilidades diferentes, incluso cuando está sometido al mismo tipo de evento climático.
Este comportamiento es importante para la planificación del transporte público. Una tormenta puede afectar con fuerza una estación, provocar una caída moderada en otra y casi no alterar una tercera, dependiendo de la combinación de factores locales.
El modelo ayuda a ver la red como un sistema
Omar Wani, profesor asistente de NYU Tandon y también autor del artículo, afirmó que el método ofrece a los planificadores una forma de observar toda la red respondiendo a una tormenta u ola de calor. La propuesta es ir más allá de la lectura aislada de cada estación.
La modelización también permite generar escenarios plausibles de demanda en condiciones climáticas extremas. Estos escenarios pueden ayudar a tomar decisiones sobre cómo preparar el sistema para momentos de mayor inestabilidad.
Sin embargo, los autores destacan que el análisis tiene limitaciones. El estudio se centró en 10 estaciones con alta demanda de pasajeros, y los eventos climáticos extremos son relativamente raros dentro de los datos evaluados.
Para abordar esta limitación, el modelo genera patrones probables basándose en las relaciones observadas entre las estaciones. Por lo tanto, los resultados deben interpretarse como estimaciones de posibles respuestas, y no como simples promedios de tormentas pasadas.
Las diferencias pueden ampliar las sobrecargas entre barrios
Incluso con las limitaciones, la investigación señala un patrón claro. La lluvia fuerte afecta más el uso del metro en las horas pico, mientras que el frío extremo influye más fuera de esos períodos.
Las diferencias entre estaciones también aparecen como un dato consistente, no como variaciones aleatorias. Esto refuerza la necesidad de observar cada área de la red con atención particular.
Las implicaciones no se limitan a la operación diaria del sistema. Los barrios que dependen más del transporte público pueden enfrentar mayores sobrecargas cuando eventos climáticos severos reducen el número de viajes o dificultan el acceso a las estaciones.
Con el aumento de la frecuencia de eventos climáticos severos, comprender cuándo y dónde los pasajeros del metro dejan de viajar puede ayudar a las agencias a planificar respuestas más dirigidas. La investigación muestra que la lluvia, el frío y la ubicación afectan el sistema de maneras distintas, creando desafíos diferentes dentro de la misma red.

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