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Periodista de The Atlantic recibió US$ 10,000 para apostar durante una temporada completa de la NFL y, según su familia, se volvió jugador compulsivo, terminando el experimento con solo US$ 109.

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Escrito por Bruno Teles Publicado el 27/06/2026 a las 13:10 Actualizado el 27/06/2026 a las 13:11
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La revista The Atlantic financió un experimento de un año audaz: dio US$ 10 mil al periodista McKay Coppins para sumergirse en las apuestas deportivas y cubrir el auge de las apuestas. Apostó una temporada completa de la NFL, fue acusado por su propia familia de volverse adicto y terminó con solo US$ 109.

La pregunta que la historia provoca es inmediata: ¿quién, en su sano juicio, aceptaría un trabajo así? Recibir US$ 10 mil de una revista de prestigio para apostar durante una temporada completa de fútbol americano suena como el trabajo de ensueño, hasta que lees cómo termina, con la cuenta vacía, la familia preocupada y solo US$ 109 restantes del monto inicial. Lo que parecía una aventura divertida se convirtió en un retrato aterrador de cómo el juego atrapa.

Según la NPR, el protagonista es McKay Coppins, redactor de la revista The Atlantic, quienes decidieron financiar un experimento de un año para investigar desde dentro la explosión de las apuestas deportivas en los Estados Unidos. A lo largo de la temporada de la NFL, Coppins hizo más de 100 apuestas, perdió US$ 9.891 de los US$ 10 mil que la revista había proporcionado y cerró la empresa con modestos US$ 109, después de apostar por última vez en el perdedor New England Patriots en el Super Bowl.

La propuesta insólita: US$ 10 mil para apostar un año

Jornalista da The Atlantic ganhou US$ 10 mil para um experimento de um ano de apostas esportivas na NFL, virou viciado em bets e terminou com só US$ 109.
Todo comenzó con una idea editorial que mezcla audacia y provocación.

Los editores de The Atlantic querían entender el fenómeno de las apuestas deportivas que se ha apoderado de los Estados Unidos y propusieron algo radical: financiar a un reportero con US$ 10 mil para que viviera, en carne propia, lo que significa apostar en serio durante toda una temporada de la NFL. Para asegurar que la experiencia fuera real, la revista acordó cubrir las pérdidas, pero dividir con el periodista cualquier ganancia, precisamente para que él tuviera «inversión emocional» y sintiera cada victoria y cada derrota como si el dinero fuera suyo.

El detalle que hace que la elección del personaje sea aún más curiosa es su biografía. Coppins es un mormón practicante, y su religión prohíbe expresamente los juegos de azar, lo que lo convertía en un sujeto sin ningún historial o vicio previo con las apuestas. Era, en teoría, la cobaia perfecta para un experimento de un año: alguien que jamás había apostado y que, por eso, permitiría medir con claridad el efecto que las apuestas tienen sobre una mente virgen, sin el ruido de un hábito antiguo.

¿Quién es McKay Coppins y el artículo «Sucker»?

Detrás del experimento está un periodista de peso, y no un aventurero cualquiera. McKay Coppins es redactor veterano de The Atlantic, conocido por reportajes políticos densos, el tipo de profesional que suele analizar el poder de lejos, no ponerse como protagonista de su propio reportaje. Fue esa credibilidad la que dio al proyecto su valor, porque no se trataba de un influencer buscando vistas, sino de un reportero serio aceptando convertirse en objeto de su propio estudio para entender un fenómeno desde dentro.

El resultado se convirtió en un reportaje de portada con un título que ya entrega el tono. Titulado «Sucker: My Year as a Degenerate Gambler», algo como «Tonto: mi año como un jugador degenerado», el texto narra la temporada de apuestas y la cruza con entrevistas con adictos, ejecutivos y figuras de la industria del juego. Más que un diario de apuestas deportivas, el artículo de The Atlantic se propone ser una investigación sobre lo que este boom está haciendo con los Estados Unidos, usando la propia caída del autor como hilo conductor del experimento de un año.

Cómo las apuestas deportivas invadieron su vida

La parte más reveladora no es cuánto perdió Coppins, sino la velocidad con la que el hábito lo dominó. En pocas semanas, lo que era una tarea de trabajo se convirtió en una compulsión silenciosa: pasó a desvelarse revisando aplicaciones de apuestas en la cama, seguía varios juegos al mismo tiempo, uno en el celular y cuatro en la televisión, y llegaba a escuchar podcasts sobre apuestas bajo la ducha. La rapidez con la que las apuestas deportivas colonizaron cada brecha de su día es la alerta central de la historia, porque muestra que la dependencia no elige perfil y puede capturar hasta a quien nunca había jugado antes.

Esta inmersión involuntaria expone el diseño adictivo de las apuestas modernas. Las aplicaciones funcionan todo el tiempo, ofrecen apuestas en cada jugada y transforman cualquier partido en una fuente continua de adrenalina y de nuevas oportunidades para apostar. En el relato de Coppins, se puede ver cómo el producto fue hecho para no soltar al usuario: siempre hay otro juego, otra apuesta en vivo, otra promoción, y fue este flujo sin fin el que arrastró un experimento de un año mucho más allá de las pantallas y del horario de trabajo.

La familia que clavó el diagnóstico

Si el propio periodista tardó en darse cuenta del tamaño del problema, las personas a su alrededor no. Fue la familia de Coppins quien primero dio nombre a lo que estaba sucediendo, acusándolo de estar adicto mucho antes de que él admitiera cualquier cosa. La esposa se irritaba con el hábito de ver juegos hasta altas horas de la madrugada, e incluso su jefe llegó a preguntarse si la inmersión en las apuestas deportivas estaba afectando la salud mental del reportero, señales de alerta que partieron de fuera hacia dentro.

Este es uno de los puntos más honestos y perturbadores del experimento de un año. El adicto suele ser el último en ver su propia adicción, y tener a la familia señalando el problema en voz alta es, muchas veces, el primer espejo real frente al jugador. En el caso de Coppins, el hecho de que una familia estable y atenta haya identificado tan rápido el cambio de comportamiento refuerza la tesis del reportaje: las apuestas no solo enganchan a los vulnerables de siempre, sino a personas comunes, con vida organizada y sin historial de juego.

El marcador final: de US$ 10 mil a US$ 109

Jornalista da The Atlantic ganhou US$ 10 mil para um experimento de um ano de apostas esportivas na NFL, virou viciado em bets e terminou com só US$ 109.
Al final de cuentas, la aritmética del experimento es brutal en su simplicidad.

Fueron más de 100 apuestas a lo largo de la temporada, sumando cerca de US$ 11 mil movidos, con un saldo final negativo de US$ 9.891 sobre los US$ 10 mil originales. Traduciendo el daño, del monto inicial solo quedaron US$ 109, el equivalente a poco más del 1% del dinero con el que comenzó, un marcador que no necesita adornos para mostrar quién gana en esta relación.

La apuesta que selló el resultado tiene un simbolismo casi irónico. La derrota final vino de una apuesta en los New England Patriots, que perdieron el Super Bowl y se llevaron lo que quedaba de la caja del periodista. El número de US$ 109 se convirtió en el resumen perfecto de las apuestas deportivas como negocio: por más que existan victorias puntuales a lo largo del camino, la estructura está diseñada para que, en el total de una temporada entera de la NFL, la casa casi siempre termine en azul y el apostador en rojo.

El retrato del boom de las apuestas en Estados Unidos

La historia individual de Coppins solo cobra importancia cuando se inserta en el contexto mayor que investiga el reportaje. En los últimos años, la legalización de las apuestas deportivas se ha extendido por Estados Unidos y ha transformado el juego en un hábito de masas, accesible para cualquier persona con un celular y algunos toques en la pantalla. El experimento de un año de The Atlantic funciona como una muestra viva de este boom: si un periodista mormón, sin historial de juego, cae tan rápido, el reportaje pregunta qué estaría haciendo esto con millones de usuarios mucho más expuestos.

O tema, aliás, fala diretamente com o leitor brasileiro, que viu as apostas explodirem por aqui na mesma toada. A discussão sobre regulação, publicidade agressiva e endividamento provocado pelo jogo online deixou de ser um problema distante e virou pauta cotidiana no Brasil. Por isso, o caso das apuestas deportivas de Coppins ultrapassa a fronteira americana e serve de aviso universal: a facilidade de apostar pelo celular é exatamente o que torna a indústria das apuestas tão lucrativa e, ao mesmo tempo, tão perigosa.

O que o experimento das apuestas deportivas mostra

A reportagem de McKay Coppins é valiosa justamente por ser um autoexperimento corajoso, em que o jornalista se ofereceu como cobaia para mostrar o estrago por dentro. Ela revela, com números e com vida real, como as apuestas deportivas podem capturar uma pessoa comum em semanas e drenar US$ 10 mil até sobrarem irrisórios US$ 109, tudo isso sob a chancela de um experimento de um ano da The Atlantic. Ainda assim, vale manter o pé no chão na leitura, porque se trata de um único caso, conduzido por um repórter que mergulhou de propósito, e com dinheiro da revista, e não da própria poupança, o que ameniza o prejuízo pessoal e limita o que se pode generalizar.

Esse contexto, porém, não enfraquece o recado, e em certo sentido o fortalece. Se até um jogo bancado por terceiros, num ambiente controlado e com prazo para acabar, foi capaz de gerar sinais de dependência reconhecidos pela família, o que dizer de quem aposta o próprio salário sem rede de proteção nenhuma. Ainda assim, poucos experimentos resumem tão bem o tamanho do risco escondido por trás da diversão das apuestas: bastou uma temporada da NFL para transformar US$ 10 mil em US$ 109 e um repórter sóbrio em alguém que a própria família passou a chamar de viciado.

E você, conhece alguém que entrou nas apuestas deportivas só por diversão e foi se enrolando aos poucos, sem perceber? Comenta aqui se você acha que experimentos como o da The Atlantic ajudam a alertar sobre o vício em apuestas ou se acabam, sem querer, dando ainda mais palco para as apuestas deportivas.

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Bruno Teles

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