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Primer coche eléctrico de Brasil: con motor francés de 4,3 cv, autonomía de hasta 120 km y baterías de 320 kg, el Gurgel Itaipu nació en 1974, preveía una red pública de recarga y se convirtió en símbolo de la innovación nacional antes de Tesla.

Escrito por Alisson Ficher
Publicado el 24/05/2026 a las 13:49
Actualizado el 24/05/2026 a las 13:50
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El proyecto eléctrico de Gurgel anticipó debates sobre movilidad urbana, infraestructura de recarga y producción nacional en un período marcado por la crisis del petróleo, por limitaciones tecnológicas y por la búsqueda brasileña de alternativas a los combustibles tradicionales.

El Gurgel Itaipu surgió en 1974 como una de las primeras iniciativas de la industria automotriz brasileña enfocadas en la producción de un coche eléctrico nacional, en medio de los efectos de la crisis del petróleo y el debate sobre alternativas a los combustibles fósiles.

Desarrollado como un vehículo pequeño, urbano y experimental, el modelo combinaba motor eléctrico francés, baterías de plomo-ácido y la previsión de circular con apoyo de una red pública de recarga en Rio Claro, en el interior de São Paulo.

En ese período, Brasil aún estructuraba su industria de automóviles y mantenía una fuerte dependencia de motores de combustión, lo que colocaba el proyecto en un campo poco explorado por los fabricantes instalados en el país.

El Itaipu E-150, primer proyecto eléctrico de Gurgel, tenía carrocería compacta, dos asientos y dimensiones orientadas a desplazamientos cortos, especialmente en ciudades medianas, donde trayectos urbanos podrían reducir las limitaciones de autonomía.

La iniciativa fue desarrollada por la empresa creada por João Augusto Conrado do Amaral Gurgel, ingeniero que fundó la Gurgel Motores el 1º de septiembre de 1969, en São Paulo.

Con una operación inicial de pequeño porte, el fabricante pasó a ser asociado a proyectos de vehículos propios, con uso de soluciones nacionales en chasis, carrocerías y componentes estructurales.

Origen de Gurgel y la búsqueda de un coche brasileño

La trayectoria de João Gurgel estuvo ligada a la defensa de una industria automotriz con mayor participación de proyectos desarrollados en Brasil, en un mercado entonces dominado por montadoras extranjeras y por tecnologías importadas.

Aún estudiante de la Escuela Politécnica de la USP, en 1949, presentó un proyecto de coche popular de dos cilindros en lugar del trabajo solicitado por el profesor, episodio asociado a la frase “coche no se fabrica, Gurgel, se compra”.

Después de trabajar en Ford, el ingeniero creó su propia montadora y dirigió la producción inicial hacia vehículos ligeros, principalmente buggies y utilitarios con mecánica Volkswagen.

La carrocería de plástico reforzado con fibra de vidrio pasó a integrar la identidad técnica de la marca, pues permitía reducir peso, simplificar la fabricación y adaptar los modelos a las condiciones de uso en el país.

Gurgel Itaipu E-150, primer coche eléctrico de Brasil, muestra carrocería compacta y diseño urbano de Gurgel en 1974. (Imagen: Marco de Bari/Quatro Rodas)
Gurgel Itaipu E-150, primer coche eléctrico de Brasil, muestra carrocería compacta y diseño urbano de Gurgel en 1974. (Imagen: Marco de Bari/Quatro Rodas)

Entre los primeros modelos aparecieron el Ipanema, el Bugato y el Xavante, vehículos que ayudaron a formar la presencia de la marca en segmentos de uso recreativo, rural y utilitario.

El sistema Plasteel, basado en la combinación de tubos de acero y material plástico reforzado, se convirtió en una de las soluciones técnicas empleadas por el fabricante brasileño en diferentes proyectos.

Este ambiente de experimentación abrió espacio para el desarrollo del Itaipu, en lugar de limitar a la empresa a la adaptación de vehículos con motores de combustión.

Gurgel comenzó a trabajar en un vehículo urbano movido a electricidad en el mismo período en que la crisis energética de 1973 ampliaba el debate internacional sobre alternativas al petróleo.

Itaipu E-150 y la idea de recarga pública

El Itaipu E-150 fue presentado como prototipo en 1974 y recibió su nombre en referencia a la hidroeléctrica de Itaipu, proyecto asociado a la expansión de la capacidad energética brasileña en ese período.

La elección del nombre relacionaba el vehículo con temas como electricidad, infraestructura y desarrollo nacional, sin que esto eliminara los desafíos técnicos aún presentes en el uso automotriz de las baterías de la época.

La propuesta de Gurgel no se limitaba al automóvil, pues incluía la previsión de plazas exclusivas con puntos de energía para recarga en Rio Claro, en colaboración con el ayuntamiento y con suministro eléctrico por parte de Cesp.

Este plan acercaba el proyecto, a escala local, al concepto de infraestructura pública para vehículos eléctricos, modelo que solo comenzaría a discutirse de forma amplia en el mercado automotriz muchas décadas después.

En el Salón del Automóvil de 1974, el Itaipu llamó la atención por el formato geométrico, con líneas rectas y carrocería trapezoidal, características comunes en prototipos urbanos compactos de ese período.

La estructura tubular de acero recubierta por fibra de vidrio seguía la experiencia de Gurgel en vehículos ligeros y permitía aplicar soluciones ya conocidas por la fábrica en una configuración eléctrica.

Según fichas técnicas publicadas por Quatro Rodas, el E-150 tenía motor eléctrico central de 3.000 watts y 120 volts, potencia en torno a 4,2 cv, transmisión de una velocidad y diez baterías de 12 volts conectadas en serie.

El conjunto pesaba cerca de 780 kg, valor considerado elevado para un subcompacto debido al peso de las baterías, que representaban una parte significativa de la masa total del vehículo.

Las baterías estaban entre los principales límites técnicos del proyecto, porque las celdas de ion-litio aún no estaban disponibles para uso automotriz en ese período.

Por eso, el Itaipu dependía de baterías de plomo-ácido, solución pesada, voluminosa y con menor densidad energética en comparación con las tecnologías utilizadas por los coches eléctricos modernos.

Parte de la información histórica atribuye cerca de 320 kg del conjunto solo al paquete de baterías, lo que ayuda a explicar las limitaciones de rendimiento y autonomía del prototipo.

Límites técnicos del primer coche eléctrico brasileño

Video de YouTube

El rendimiento del Itaipu E-150 reflejaba las restricciones tecnológicas disponibles para vehículos eléctricos en los años 1970, especialmente en el almacenamiento de energía y en la relación entre peso, potencia y autonomía.

La velocidad máxima se situaba cerca de 60 km/h, mientras que la autonomía divulgada en diferentes registros variaba de cerca de 50 km a 80 km, según condiciones de uso, carga transportada y estado de las baterías.

Aunque Gurgel había proyectado la producción en serie, el coche urbano eléctrico no avanzó comercialmente, y el desarrollo quedó limitado a una etapa experimental.

El peso de las baterías, la autonomía restringida y el costo del sistema redujeron la viabilidad del producto, sobre todo en un mercado sin red de recarga consolidada y sin incentivos consistentes para vehículos eléctricos.

Otro factor relevante fue el contexto político y energético del período, marcado por la prioridad dada por el gobierno federal al Proálcool, programa creado para estimular el uso del etanol como alternativa nacional a la gasolina.

Con esta orientación de política energética, la propuesta de una red pública de recarga eléctrica perdió espacio, y el proyecto del pequeño Itaipu dejó de avanzar antes de alcanzar escala comercial.

Gurgel, sin embargo, mantuvo estudios sobre electrificación y aprovechó parte de la experiencia del E-150 para formular una estrategia orientada a aplicaciones de flota.

En este nuevo diseño, el enfoque dejó de ser el consumidor urbano individual y pasó a incluir empresas, organismos públicos y servicios con trayectos previsibles, en los cuales la autonomía limitada podría ser administrada con mayor control operativo.

Itaipu E-400 llevó electricidad a flotas públicas

A principios de los años 1980, tras una nueva crisis del petróleo, Gurgel retomó el proyecto eléctrico en otro formato, dirigido al uso comercial y a la operación urbana de flotas.

El Itaipu E-400 fue desarrollado para transportar hasta 400 kg y atender servicios de mantenimiento, telefonía, energía eléctrica y entregas en trayectos de corta y media distancia.

La producción comenzó en 1981, y el primer ejemplar fue presentado en Brasilia al entonces presidente João Figueiredo durante una agenda relacionada con la divulgación del proyecto.

El vehículo pasó a ser utilizado por estatales y grandes empresas, como Telebras, Telesp, Telerj, Cesp, Banespa y Receita Federal, que adquirieron unidades para sus flotas.

A diferencia del E-150, el E-400 usaba motor eléctrico nacional suministrado por Villares, empresa brasileña conocida por la producción de equipos industriales y sistemas electromecánicos.

La potencia nominal era de 10 kW, cerca de 13,5 cv, índice adecuado para desplazamientos urbanos planificados, pero limitado para recorridos largos, rampas pronunciadas u operación constante con carga elevada.

El utilitario mantenía soluciones mecánicas conocidas en el mercado brasileño, como caja de cambios manual de cuatro marchas y embrague de origen Volkswagen.

Esta combinación indica el intento de Gurgel de integrar la electrificación a componentes disponibles en el país, lo que podría reducir costos de desarrollo y facilitar el mantenimiento por empresas usuarias.

Las baterías de plomo-ácido continuaban entre los puntos de mayor restricción técnica y económica del proyecto, especialmente por el peso, el tiempo de recarga y el costo de sustitución.

El E-400 usaba ocho unidades de 12 voltios, con recarga total en torno a ocho a diez horas, autonomía cercana a 80 km en condiciones usuales y costo de reposición considerado elevado para flotas.

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Itaipu E-500 y el fin de la producción eléctrica

La evolución siguiente fue el Itaipu E-500, ofrecido en versiones de pickup y van para pasajeros, con capacidad de carga ampliada a 500 kg.

Registros históricos apuntan a una autonomía de hasta 120 km, número asociado a esta etapa posterior del proyecto, y no al pequeño E-150 presentado por Gurgel en 1974.

Incluso con cambios en el formato y en el público objetivo, los vehículos eléctricos de Gurgel continuaron condicionados a las limitaciones de las baterías de plomo-ácido disponibles en ese período.

La reposición cara, la autonomía restringida y la competencia de utilitarios a combustión dificultaron la expansión comercial, principalmente en un escenario de inestabilidad económica en Brasil.

La producción del Itaipu eléctrico fue cerrada a mediados de los años 1980, tras una trayectoria concentrada en flotas institucionales y aplicaciones urbanas específicas.

Entre los modelos E-400 y E-500, levantamientos publicados por vehículos especializados apuntan cerca de 86 unidades fabricadas, casi todas destinadas a empresas, órganos públicos y servicios de operación local.

Con el paso de los años, algunas unidades terminaron convertidas a motores de alcohol o gasolina, práctica favorecida por la similitud estructural con componentes ya usados en vehículos Volkswagen.

La carrocería y parte de la solución estructural continuaron en uso en el Gurgel G-800, modelo equipado con motor Volkswagen de combustión.

A partir de ahí, el proyecto eléctrico perdió espacio dentro de la fábrica, que mantuvo su actuación en jeeps, utilitarios y, posteriormente, coches populares como el BR-800 y el Supermini.

Legado del Gurgel Itaipu en la industria automotriz brasileña

El Gurgel Itaipu es citado en reportajes y publicaciones especializadas como uno de los hitos iniciales de la electrificación automotriz en Brasil, sobre todo por haber surgido antes de la consolidación mundial de los coches eléctricos modernos.

Esta lectura se apoya en el contraste entre la propuesta del proyecto y las limitaciones técnicas del período, cuando no había baterías modernas, red de recarga consolidada o mercado consumidor preparado para este tipo de vehículo.

La comparación con fabricantes modernas de coches eléctricos ayuda a contextualizar la anticipación histórica del Itaipu, pero no significa equivalencia tecnológica, comercial o industrial entre proyectos separados por décadas de evolución.

El Itaipu no alcanzó escala amplia ni rendimiento comparable a los eléctricos actuales, sin embargo representó una experiencia concreta de electrificación nacional antes de que el tema ganara espacio en las agendas de gobiernos y montadoras.

El proyecto permanece relevante para la historia de Gurgel por el intento de combinar vehículo eléctrico, infraestructura de recarga y aplicación urbana definida en una misma estrategia.

Esta combinación ayuda a explicar por qué el Itaipu sigue presente en investigaciones, reportajes y acervos ligados a la memoria de la ingeniería automotriz brasileña.

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Alisson Ficher

Periodista graduado desde 2017 y activo en el área desde 2015, con seis años de experiencia en revista impresa, experiencia en canales de televisión abierta y más de 12 mil publicaciones en línea. Especialista en política, empleos, economía, cursos, entre otros temas y también editor del portal CPG. Registro profesional: 0087134/SP. Si tiene alguna duda, quiere reportar un error o sugerir un tema sobre los asuntos tratados en el sitio, contáctenos por correo electrónico: alisson.hficher@outlook.com. ¡No aceptamos currículos!

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