Con La Planta Ocupada Desde 2022, Rusia Ahora Avanza En Una Operación Inédita: Rehabilitar Una Central Nuclear En Zona De Conflicto Activo
La central nuclear de Zaporiyia, la mayor central nuclear de Europa, está en el centro de una maniobra arriesgada. Tomada por las fuerzas rusas en 2022, al inicio de la guerra, la planta estuvo tres años apagada. Pero imágenes de satélite recientes revelan que Rusia está construyendo nuevas líneas de transmisión para conectarla a su propia red eléctrica, reavivando la alerta sobre los riesgos de un desastre nuclear en plena zona de conflicto.
Un Proyecto Sin Precedentes En Medio De La Guerra
Según la agencia de noticias Reuters, Rusia está construyendo más de 80 kilómetros de líneas de transmisión en el sur de Ucrania ocupada, con el objetivo de conectar la mayor central nuclear de Europa a su propia red eléctrica. La información fue confirmada a través de imágenes de satélite analizadas por Greenpeace y utilizadas como base para una protesta formal del gobierno ucraniano ante la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).
Este tipo de operación nunca se ha realizado antes en un contexto de guerra. Se trata de un intento sin precedentes de utilizar una central nuclear capturada como fuente de energía propia, algo que viola acuerdos internacionales y representa una grave amenaza para la seguridad de Europa.
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Una Central En Ruinas Operativas
Zaporiyia cuenta con seis reactores y capacidad para abastecer a millones de personas. Pero desde la ocupación rusa, la planta enfrenta problemas graves: parte de los sistemas de refrigeración fue comprometedora por la destrucción de la represa de Kakhovka, que proporcionaba agua esencial para evitar el sobrecalentamiento del combustible nuclear.
Además, la mayoría de los técnicos ucranianos que trabajaban en la central abandonaron el lugar tras la ocupación. Rusia intenta operar el complejo con personal propio de la estatal Rosatom, pero no hay garantía de que los nuevos operadores dominen completamente el funcionamiento de la planta, lo que solo aumenta los riesgos de un accidente.
La Respuesta De Ucrania Y De La Comunidad Internacional
La ministra de Energía de Ucrania, German Galushchenko, fue directa: cualquier intento de reactivar los reactores sin supervisión internacional puede provocar consecuencias “imprevisibles”. Recuerda que la planta está en área de combate activo, bajo riesgo constante de ataques o sabotajes.
La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), que monitorea la situación desde 2022, también ha estado alertando sobre los riesgos. Rafael Grossi, director de la agencia, ya ha afirmado que la operación segura de la planta solo puede ocurrir con inspecciones técnicas completas y control internacional, algo que Rusia ha dificultado.
A pesar de los llamados, el Kremlin sigue adelante con sus planes. El director de Rosatom, Alexey Likhachev, afirmó recientemente que “el sueño de reactivar Zaporiyia sigue vivo” y que la empresa ya cuenta con un plan técnico listo para poner en funcionamiento la central.
Energía Como Arma Geopolítica
Más que una cuestión de suministro energético, la central se ha convertido en una pieza clave en el tablero político de la guerra. Controlar Zaporiyia permite a Rusia utilizar la energía como herramienta de presión, tanto contra Ucrania como contra Europa Occidental.
La idea de conectar la central a la red rusa se basa en un nuevo corredor eléctrico que pasaría por Shevchenko, una aldea en el territorio ocupado. Este corredor estaría siendo conectado a una subestación que podría alimentar la región rusa de Rostov. Es una inversión técnica significativa —y también una jugada estratégica clara.
En abril de 2025, Estados Unidos propuso devolver la central a Ucrania, bajo gestión internacional liderada por la AIEA. El plan buscaba evitar que el lugar fuera utilizado como moneda de cambio en las negociaciones de paz. Moscú rechazó la propuesta de inmediato, reafirmando que Zaporiyia ahora forma parte del territorio ruso.

El Peligro De Un Nuevo Desastre Nuclear
Los riesgos no son pequeños. La región donde se encuentra la central sigue siendo escenario de enfrentamientos. Cualquier error técnico, falla en los sistemas o ataque militar puede resultar en un accidente nuclear. El sistema de refrigeración aún depende de improvisaciones, y no hay garantía de que el combustible gastado esté siendo almacenado con seguridad.
Expertos advierten que, en caso de accidente, los efectos no serían solo locales. Una fuga radiactiva afectaría no solo a Ucrania, sino también a regiones de Rusia, Bielorrusia, Polonia, Rumanía e incluso Turquía. Europa, ya debilitada por la guerra y la crisis energética, enfrentaría un escenario de caos ambiental y humanitario.
Una Moneda De Cambio En Las Negociaciones Futuras
Mientras los diplomáticos intentan buscar soluciones, Rusia acelera las obras. Zaporiyia se ha convertido en más que una central: es un símbolo del control territorial y energético de Moscú. A cada kilómetro de cable instalado, la posibilidad de que la planta sea utilizada como punto de negociación aumenta.
Aún sin haber reactivado los reactores, Moscú ya ha demostrado que pretende mantener la planta como parte de su sistema energético. Esto presiona a Ucrania y a los países europeos que dependen de la estabilidad energética en la región.

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