Con Más de 100 Años, Saalumarada Thimmakka Plantó Sola Más de 8 Mil Árboles a lo Largo de 45 Km en India y Transformó una Región Árida en un Bosque Vivo.
En el árido interior del estado de Karnataka, en el sur de India, una mujer simple, sin formación académica y sin recursos financieros, dedicó su vida a un gesto que parecía insignificante: plantar árboles. Treinta años después, ese gesto se transformó en uno de los mayores ejemplos de regeneración ambiental realizados por un solo ser humano. Su nombre es Saalumarada Thimmakka, y su historia real es estudiada por ambientalistas y celebrada por instituciones internacionales como la ONU Medio Ambiente.
Con poco más de 100 años de edad, Thimmakka es considerada una heroína nacional en India. Junto a su esposo, fallecido en 1991, inició en la década de 1980 una jornada silenciosa: plantar plántulas de banyan (el árbol sagrado de India) a lo largo de la carretera que conecta las aldeas de Hulikal y Kudur, en Karnataka. Sin patrocinio, sin ayuda del gobierno y movida solo por la convicción de que la naturaleza podía curar el suelo seco de la región, transformó un área degradada en un corredor verde de 45 kilómetros, hoy con más de 8 mil árboles maduros.
Un Bosque Nacido del Amor y de la Paciencia
El inicio fue modesto. Thimmakka y su esposo, Bikkala Chikkayya, no podían tener hijos. Como forma de llenar el vacío y “dejar algo vivo para el mundo”, comenzaron a plantar árboles a la orilla de la carretera cercana a su casa.
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Sin agua corriente ni herramientas modernas, llevaban cubos de agua durante kilómetros y protegían las plántulas con ramas secas para evitar que el ganado las destruyera.
Durante años, la rutina se repitió con una disciplina casi sagrada. Cada monzón, nuevas plántulas eran plantadas; cada estación seca, los dos cuidaban de los árboles con la dedicación de quienes crían hijos.
Con el tiempo, la pareja se dio cuenta de que el microclima local estaba cambiando, la temperatura bajó, la tierra se volvió más húmeda y los pájaros regresaron. Lo que antes era un tramo árido comenzó a florecer.
Cuando su esposo falleció, Thimmakka continuó sola. Y nunca se detuvo. “No tuve hijos de sangre, pero tengo miles de hijos de hojas”, dijo en una entrevista a la BBC India.
De Campesina Anónima a Símbolo Mundial del Medio Ambiente
Lo que comenzó como una historia local pronto llamó la atención de la prensa y de las autoridades indias. El Departamento Forestal de Karnataka constató que los árboles de Thimmakka ayudaron a estabilizar el suelo, reducir la erosión y aumentar la biodiversidad de la región. Algunos de ellos alcanzan hoy más de 20 metros de altura y albergan decenas de especies de aves.
A los 80 años, Thimmakka recibió el National Citizen Award, uno de los más altos honores civiles de India, y posteriormente fue incluida en la lista de la BBC de las 100 mujeres más inspiradoras del mundo. En 2019, recibió el Padma Shri, una de las mayores condecoraciones de la República India, entregada personalmente por el presidente Ram Nath Kovind.
En un discurso sencillo, ella dijo:
“No hice esto por premios. Lo hice porque la tierra es nuestra madre, y debemos cuidar de ella.”
El Impacto Ecológico Reconocido por la Ciencia
El proyecto personal de Thimmakka se ha convertido en objeto de estudio en universidades indias. Investigadores de la Bangalore University y del Indian Institute of Science analizaron el impacto de los árboles plantados y confirmaron una reducción de hasta 2,5°C en la temperatura media del área, además de un aumento significativo en la humedad del aire y en el retorno de la fauna local.
El bosque lineal creado por ella ahora es parte de un programa de conservación estatal, el Thimmakka Green Belt, que busca replicar el modelo en otras carreteras de Karnataka. Se estima que los árboles plantados por la ambientalista absorben más de 4 mil toneladas de dióxido de carbono al año, el equivalente a la emisión anual de alrededor de mil automóviles.
El ejemplo inspiró movimientos ecológicos y fundaciones ambientales en todo el país, como la Thimmakka Foundation, que promueve la reforestación y la educación ambiental en comunidades rurales.
La “Madre de los Árboles de India”
En un país con 1,4 mil millones de habitantes y una de las mayores tasas de deforestación urbana del mundo, Thimmakka es vista como una guardiana de la naturaleza.
Su historia se cuenta en escuelas, libros de texto y documentales. En aldeas y ciudades de Karnataka, la llaman cariñosamente “La Madre de los Árboles” (Vriksha Mathe).
A pesar de su edad avanzada, continúa supervisando el crecimiento de los árboles, apoyada en un bastón y por la admiración de quienes la visitan. Rechaza el lujo y vive de forma simple, en una pequeña casa en el pueblo de Hulikal.
Cuando los periodistas preguntan por qué empezó, ella responde con una serenidad que parece venir del mismo bosque:
“No hice esto por mí. Lo hice porque los árboles también sienten sed. Lo hice porque alguien necesitaba cuidarlos.”
Saalumarada Thimmakka: el legado de una vida sembrada en la tierra
El impacto de Thimmakka va mucho más allá de India. En 2020, la ONU Medio Ambiente la reconoció como ejemplo global de acción individual por el clima. Su historia se cita en informes sobre restauración ecológica e inspiró iniciativas en Vietnam, Kenia y Brasil.
Su biografía es una lección de paciencia y propósito, una demostración de que cambios profundos pueden nacer del esfuerzo silencioso de una sola persona. Mientras corporaciones y gobiernos debaten metas ambientales, Thimmakka mostró que la transformación comienza con una pala, un puñado de tierra y un acto de voluntad.
Hoy, los viajeros que recorren la carretera de Hulikal a Kudur pasan bajo la sombra de los árboles que ella plantó. El tramo, antes árido y olvidado, ahora es un túnel verde vivo, repleto de pájaros y el sonido del viento entre las hojas.
Allí, cada árbol es testigo de una historia de amor por la naturaleza y de una mujer que hizo sola lo que muchos creían imposible.




É o ser útil sem almejar aplausos
Este gigantesco exemplo deve ser veiculado em nossas comunidades, escolas e universidades e, é o que procurarei praticar.