Ingeniera eléctrica cambió la rutina urbana por una vida autosuficiente en el interior de Minas Gerais, donde produce su propia energía, recicla casi toda la basura de la finca y recibe visitantes en medio de las montañas de la Mantiqueira
En medio de las montañas de la Serra da Mantiqueira, en el sur de Minas Gerais, una ingeniera eléctrica decidió cambiar completamente de vida y transformar una antigua finca rodeada de cascadas en un ejemplo real de sostenibilidad, autonomía y conexión con la naturaleza. Samara, quien dejó la rutina de las grandes ciudades para vivir en Delfim Moreira, hoy llama la atención por generar su propia energía eléctrica a través de una pequeña planta impulsada por la fuerza del agua.
La historia fue divulgada por el canal Cantinho Rural durante una visita a la Fazenda Boa Esperança, ubicada cerca de la frontera entre Minas Gerais y São Paulo. El lugar se encuentra en una región rodeada de bosques preservados, ríos cristalinos y cascadas que se han convertido en parte de la vida cotidiana de la ingeniera, quien vive allí desde hace siete años.
Nacida en el litoral paulista, Samara contó que conoció la región aún durante la universidad, cuando estudiaba ingeniería en Itajubá. Desde entonces, se enamoró de la Serra da Mantiqueira y decidió construir allí un nuevo estilo de vida, lejos del ajetreo urbano.
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“Me identifico mucho más con este estilo de vida de aquí que con la ciudad”, reveló durante la entrevista al canal.
La pequeña planta que abastece toda la propiedad

Uno de los puntos que más llamó la atención durante la visita fue la pequeña central hidroeléctrica instalada dentro de la finca. Utilizando la fuerza del agua de una cascada de la propiedad, el sistema genera prácticamente toda la energía consumida en el lugar.
Según Samara, el proyecto fue desarrollado hace más de 20 años en colaboración con la Unifei (Universidad Federal de Itajubá) y continúa funcionando hasta hoy con bajo impacto ambiental. El agua es captada en un tramo del río, pasa por el sistema de generación de energía y regresa al curso natural inmediatamente después.
Además, la ingeniera explicó que la propiedad funciona en modelo off-grid, es decir, prácticamente independiente de la red eléctrica convencional.
La energía generada abastece cabañas, restaurante, áreas de recreo y toda la estructura de la finca. Cuando hay un excedente de energía, aún se utiliza para calentar áreas de la propiedad, incluida la sauna instalada a orillas del río.
Otro detalle que llamó la atención es que el proyecto también se transformó en referencia académica. Estudiantes y profesores de universidades como Unifei y Unicamp visitan frecuentemente el lugar para estudiar el funcionamiento de la miniusina y realizar cálculos de caudal, eficiencia energética e impacto ambiental.
Vida simple, reciclaje y sostenibilidad en el interior de Minas

Pero la sostenibilidad de la Fazenda Boa Esperança va mucho más allá de la generación de energía.
Desde 2017, Samara implementó un sistema de reciclaje que prácticamente eliminó el envío de basura a vertederos. Según ella, cerca de cinco toneladas de residuos dejan de ser desechadas todos los años gracias a la separación y reutilización de los materiales producidos en la propiedad.
Restos de alimentos son utilizados en la alimentación de los animales o transformados en compostaje. Materiales reciclables son separados y enviados para reciclaje en Delfim Moreira. El poco residuo que aún sobra recibe tratamiento específico dentro de la hacienda.
La propiedad también llama la atención por la cría de animales sueltos. Gallinas, patos, gatos, perros y caballos viven libres en medio de las áreas verdes, reforzando la propuesta de una convivencia más natural con el ambiente.
Mientras tanto, el lago de la hacienda ha sido revitalizado sin uso de productos químicos. Para controlar la vegetación acuática, Samara utilizó carpas herbívoras, que ayudaron a limpiar naturalmente el espacio.
Cascadas, chalés y turismo en medio de la Serra da Mantiqueira
Además de la producción de energía y la propuesta sostenible, la Fazenda Boa Esperança también recibe turistas interesados en vivir una experiencia de inmersión en la naturaleza.
El espacio cuenta con áreas de camping, restaurante, sauna a la orilla del río y nueve chalés de madera inspirados en los planetas del sistema solar. El escenario ganó destaque por los paisajes naturales, cascadas y senderos en medio de la Mata Atlántica preservada.
La cascada Boa Esperança, que da nombre a la hacienda, es considerada uno de los principales atractivos del lugar. Con aproximadamente 40 metros de caída, impresiona a los visitantes por la fuerza del agua y por el paisaje rodeado de araucarias típicas de la Serra da Mantiqueira.
Según información divulgada en el video de Cantinho Rural, la finca posee en total siete cascadas repartidas por la propiedad.
Otra diferencia es la altitud. Ubicada a cerca de 1.500 metros sobre el nivel del mar, la región tiene un clima frío durante buena parte del año, además de una fuerte producción de agua natural.
La ingeniera también destacó que el modelo de trabajo híbrido adoptado después de la pandemia le permitió retomar la profesión sin abandonar la vida en el campo. Actualmente, Samara concilia el trabajo remoto en el área de ingeniería con la administración de la finca y las actividades turísticas.
“Hoy puedo trabajar sin renunciar a la calidad de vida que encontré aquí”, afirmó.
Un estilo de vida que llama la atención en las redes sociales
La rutina simple, rodeada de naturaleza, sostenibilidad y autonomía energética, terminó despertando curiosidad en las redes sociales y entre visitantes que llegan al lugar en busca de tranquilidad.
Mientras muchas personas sueñan con dejar los grandes centros urbanos, Samara logró transformar ese deseo en realidad al unir conocimiento técnico, sostenibilidad y turismo rural en uno de los escenarios más preservados de la Serra da Mantiqueira.
De acuerdo con el reportaje publicado por el canal Cantinho Rural, la propuesta de la finca es precisamente proporcionar a los visitantes una experiencia más cercana a la naturaleza y a la vida simple del interior de Minas Gerais.
Al final de la visita, la ingeniera resumió el sentimiento que encontró al cambiar la ciudad por la vida en el campo.
“La vida en el campo tiene sus desafíos, pero vale cada uno de ellos.”
Fuente: Cantinho Rural.

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