En Centralia, EE. UU., un incendio subterráneo iniciado en 1962 quema carbón hasta hoy, libera gases tóxicos, hunde el suelo y llevó al abandono casi total de la ciudad.
Desde 1962, la pequeña ciudad de Centralia, en el estado de Pensilvania (Estados Unidos), vive sobre un fenómeno extremo y raro: un incendio subterráneo en vetas de carbón que nunca fue apagado. El fuego arde de forma continua desde hace más de seis décadas, liberando gases tóxicos, calentando el suelo a temperaturas peligrosas y volviendo prácticamente imposible la ocupación humana.
Centralia se convirtió en uno de los casos más documentados del mundo de incendio subterráneo en carbón, estudiado por universidades, agencias ambientales e ingenieros de minería. El episodio no solo destruyó la ciudad, sino que se transformó en una alerta global sobre los riesgos de la minería abandonada y la gestión inadecuada del subsuelo.
Dónde se encuentra Centralia y por qué había carbón bajo la ciudad
Centralia está ubicada en el corazón de la región carbonífera de Pensilvania, una de las áreas más ricas en carbón de los Estados Unidos desde el siglo XIX. La ciudad fue construida directamente sobre extensas vetas de antracita, un tipo de carbón mineral de alto poder calorífico.
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Durante décadas, la economía local giró en torno a la minería. Cuando las minas fueron abandonadas, kilómetros de túneles subterráneos quedaron vacíos, mal sellados y conectados entre sí — creando el escenario perfecto para un desastre.
Cómo comenzó el incendio en 1962
El incendio comenzó en mayo de 1962, durante una quema de basura en un antiguo vertedero municipal, práctica común en la época. El fuego, aparentemente controlado, acabó alcanzando una fisura que se conectaba a las vetas de carbón subterráneas.
A partir de ese momento, el incendio dejó de ser superficial y empezó a alimentarse directamente del carbón, propagándose por los túneles abandonados. A diferencia de un incendio común, el fuego subterráneo:
- no puede ser combatido con agua común
- se desplaza horizontalmente por kilómetros
- puede descender decenas de metros de profundidad
- reaparece en puntos distantes del foco inicial
Por qué el fuego nunca logró ser apagado
A lo largo de las décadas, se intentaron diversas estrategias técnicas, incluyendo:
- excavación de trincheras de contención
- inyección de arcilla y cenizas para sofocar el oxígeno
- inundación de túneles
- aislamiento de áreas críticas
Ninguna de ellas funcionó de forma definitiva.
El principal problema es que el incendio está conectado a un sistema extenso de vetas de carbón, con circulación natural de aire. Mientras haya combustible y oxígeno, el fuego sigue activo.
Estudios del U.S. Geological Survey indican que el incendio puede durar más de 100 años, debido a la enorme cantidad de carbón aún disponible en el subsuelo.
Temperaturas extremas y suelo inestable
En diversos puntos de Centralia, las mediciones registraron:
- temperaturas superiores a 400 °C justo debajo de la superficie
- emisión continua de monóxido de carbono, dióxido de carbono y metano
- fisuras en el suelo y cráteres de colapso súbito
El calor intenso altera la estructura del terreno. A medida que el carbón quema, se forman vacíos en el subsuelo, causando hundimientos impredecibles. Las carreteras literalmente cedieron y abrieron agujeros, obligando al cierre permanente de vías.
Gases tóxicos y riesgo para la vida humana
El mayor peligro no es visible. El incendio libera gases inodoros y letales, principalmente el monóxido de carbono. En concentraciones elevadas, puede causar:
- mareos y confusión en minutos
- pérdida de conciencia
- muerte por asfixia
Sensores instalados a lo largo de los años detectaron niveles capaces de matar a una persona rápidamente en ambientes cerrados. Este factor fue decisivo para clasificar a Centralia como zona de riesgo permanente.
El abandono gradual de una ciudad entera
En los años 1980, el gobierno federal concluyó que no había solución técnica viable para extinguir el incendio. La alternativa pasó a ser retirar a las personas del área.
Los residentes recibieron indemnizaciones y reubicación. Se demolieron casas, se cerraron escuelas y se suspendieron servicios públicos. En 2002, el código postal de la ciudad fue oficialmente extinto, un hito simbólico del fin de Centralia como municipio funcional.
De una población que llegó a superar los 1.000 habitantes, hoy quedan menos de 10 personas, viviendo de forma aislada, en medio de calles vacías y terrenos abandonados.
Centralia como símbolo global de incendios subterráneos
El caso ganó repercusión internacional y empezó a ser citado en estudios académicos, informes ambientales y libros de ingeniería. Ilustra un problema que también ocurre en otros países, como China, India y Australia, donde incendios en carbón ya queman desde hace siglos.
Centralia se convirtió en un laboratorio vivo, mostrando que ciertos errores humanos pueden generar consecuencias que trascienden generaciones.
Un fuego que nadie ha podido vencer
Más que una curiosidad, Centralia es un recordatorio brutal de los límites de la ingeniería ante la naturaleza cuando se descuida el subsuelo.
El fuego que comenzó en 1962 sigue activo hasta hoy, invisible, silencioso e imposible de apagar con las tecnologías actuales.
Mientras haya carbón bajo la ciudad, el incendio continuará quemando.



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