Detectada en 2021 y aún un enigma, la partícula Amaterasu cargaba una energía absurda para algo tan minúsculo. El rayo cósmico parece haber venido del Vacío Local, y investigaciones recientes intentan ligar su origen a un blazar distante o a galaxias cercanas, sin resolver el misterio de cómo llegó a la Tierra.
El día 27 de mayo de 2021, un único fragmento subatómico cruzó el cielo de los Estados Unidos cargando más energía de la que cualquier cosa de ese tamaño debería poder cargar. Los detectores del experimento Telescope Array, en el desierto de Utah, registraron el impacto, y los científicos tardaron en creer lo que vieron. La partícula Amaterasu, bautizada con el nombre de la diosa del Sol de la mitología japonesa, acababa de alcanzar la Tierra como el segundo rayo cósmico más energético jamás registrado por la ciencia.
El asombro no terminó con su llegada. Cuando los investigadores intentaron rastrear de dónde había venido, la respuesta apuntó al lugar equivocado: el Vacío Local, una inmensa burbuja casi sin galaxias al lado de la Vía Láctea. En otras palabras, la partícula Amaterasu parecía haber salido de una región donde, en teoría, no existe nada capaz de producir tal energía. Años después, ya en 2026, nuevos estudios siguen intentando resolver el enigma de esta visita venida de la nada.
Una energía que no cabe en la cabeza

Llegó con cerca de 240 exa-electrón-voltios, o 240 EeV, lo que equivale a 2,4 seguido de veinte ceros en electrón-voltios. Este valor es millones de veces mayor que la energía que el mayor acelerador de partículas del mundo, el LHC, en Europa, puede alcanzar con toda su estructura de kilómetros. Y aquí no hablamos de un haz entero, sino de una sola partícula.
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Una comparación ayuda a aterrizar la idea. La energía concentrada en esta diminuta partícula equivale, aproximadamente, a la de un ladrillo cayendo al suelo desde la altura de la cintura. Parece poco para un ladrillo, pero es absurdo para algo invisible y subatómico. Es precisamente este contraste lo que convierte cada rayo cósmico de altísima energía en un rompecabezas: la naturaleza, en algún lugar del universo, está actuando como un acelerador gigante, y nadie sabe con certeza dónde se encuentra esta máquina.
Vino de donde no debería existir nada

La dirección de llegada del rayo cósmico apunta al Vacío Local, una región del espacio vecina a nuestra galaxia que es, básicamente, un desierto cósmico, con poquísimas estrellas y galaxias. Rastrear la trayectoria de vuelta y caer en un lugar vacío es el equivalente astronómico de recibir una carta sin remitente proveniente de una dirección donde no vive nadie.
Los propios científicos admiten la incomodidad. Según el investigador Toshihiro Fujii, involucrado en el estudio, ningún objeto astronómico prometedor fue identificado en la dirección de donde vino el rayo cósmico, lo que abre espacio para fenómenos desconocidos o incluso para nueva física, más allá del Modelo Estándar que hoy describe las partículas. Cuando una partícula con tanta energía surge del Vacío Local sin dar pistas, la ciencia necesita considerar que tal vez falte algo en nuestro entendimiento de cómo funciona el universo, y eso es lo que mantiene el caso abierto.
La búsqueda del origen, de un blazar distante a galaxias cercanas
Desde la divulgación del caso, varios equipos asumieron la misión de descubrir el remitente. Una de las pistas más comentadas apunta a un blazar llamado PKS 1717+177, un núcleo activo de galaxia con un agujero negro supermasivo en el centro, capaz de disparar partículas a velocidades cercanas a la de la luz. Este blazar se encuentra a unos 2,5 grados de la dirección reconstruida de llegada de la partícula Amaterasu, y, bajo la hipótesis de que el rayo cósmico sea un protón, entra como fuerte candidato a fuente.
La investigación, sin embargo, no es unánime, y es ahí donde reside la riqueza del caso. En 2026, un nuevo estudio rehizo los cálculos y sugirió que el origen más probable no estaría en el Vacío Local ni necesariamente en el blazar, sino en galaxias cercanas con intensa formación de estrellas, como la famosa M82. Es decir, en lugar de una dirección cerrada, hoy la ciencia trabaja con más de una sospecha, cada una exigiendo un camino diferente para que la partícula haya cruzado el espacio y alcanzado la Tierra. El misterio, lejos de morir, se ha vuelto más sofisticado.
Por qué un rayo cósmico así impacta en la física
Casos como el de la partícula Amaterasu importan mucho más allá de la curiosidad. Rayos cósmicos de altísima energía prueban los límites de lo que sabemos sobre el universo, porque partículas tan energéticas deberían perder fuerza al viajar largas distancias, interactuando con la radiación que llena el espacio. Cuando una de ellas llega a la Tierra prácticamente intacta y proveniente de un punto vacío, el resultado desafía los modelos y obliga a los físicos a revisar sus cálculos sobre energía, distancia y origen.
Es por eso que el experimento Telescope Array existe y está siendo ampliado. Cada nuevo rayo cósmico extremo registrado ayuda a crear un mapa de dónde, en el cielo, nacen estas balas de energía descomunal. La partícula Amaterasu se une a un club rarísimo, justo detrás del legendario Oh-My-God, detectado en 1991 con energía aún mayor. Juntas, estas detecciones sugieren que existen aceleradores naturales esparcidos por el cosmos, capaces de superar cualquier máquina construida en la Tierra, y descubrir qué son puede reescribir capítulos enteros de la física.
Lo que aún no sabemos
Al final, la partícula Amaterasu es más que un récord de energía. Es un recordatorio de que el universo aún guarda fenómenos que nuestra mejor tecnología apenas comienza a tocar. Un rayo cósmico que parece haber venido del Vacío Local, sin fuente clara, y que lleva el equivalente a millones de veces la energía del mayor acelerador del mundo, es el tipo de misterio que mueve la ciencia hacia adelante. Sea un blazar, sea una galaxia distante, la respuesta promete ser tan extraordinaria como la pregunta.
Y tú, ¿qué crees que envió esta partícula diosa del Sol hasta la Tierra: un agujero negro monstruoso en un blazar, una galaxia en ebullición, o algo que la física aún ni siquiera sabe nombrar? Cuéntanos aquí en los comentarios cuál hipótesis sobre el Vacío Local más mueve tu imaginación.

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