La empresa que popularizó la prueba de ascendencia por saliva quebró, y el mayor tesoro que tenía para vender no eran máquinas ni edificios, sino el código genético de millones de clientes
Los datos genéticos de 15 millones de personas se convirtieron, de la noche a la mañana, en una mercancía de quiebra. La estadounidense 23andMe, que popularizó la prueba casera de ascendencia en la que el cliente escupe en un tubito y recibe un mapa de su propia origen, solicitó recuperación judicial en 2025, y el ítem más valioso de su inventario pasó a ser el gigantesco banco de ADN que acumuló.
¿Cómo el código genético de millones de clientes se convierte en un activo a la venta? Porque, en el proceso de quiebra, todo lo que la empresa posee puede ser negociado para pagar acreedores, y la base de datos genética era de lejos el bien más codiciado. De repente, millones de personas descubrieron que su propio ADN estaba, en la práctica, en el mostrador.
Cómo el ADN de 15 millones se convirtió en un activo de quiebra
La quiebra fue formal y rápida. Según el HIPAA Journal, 23andMe presentó una solicitud de recuperación judicial en marzo de 2025, enumerando activos de alrededor de 277 millones de dólares contra deudas de alrededor de 215 millones.
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El detalle que asustó al mundo es lo que estaba en el balance. Según el HIPAA Journal, la empresa guardaba los datos de cerca de 15 millones de clientes, y ese banco genético era el principal patrimonio a ser vendido. Nunca antes el ADN de tanta gente había sido colocado, de una vez, como pieza central de una quiebra, y fue ahí que la privacidad se convirtió en el centro del debate.
La subasta en la que la fundadora pagó más que una farmacéutica

La disputa por el tesoro genético fue reñida. Según el HIPAA Journal, la farmacéutica Regeneron ganó la primera subasta con una oferta de 256 millones de dólares, interesada en el valor científico y comercial de esa montaña de datos genéticos.
Pero el desenlace tuvo un giro inesperado. Según Fox Business, el proceso fue reabierto y el instituto sin fines de lucro TTAM Research Institute presentó una oferta mayor, de 305 millones de dólares, superando a Regeneron y quedándose con la empresa. La disputa por 15 millones de perfiles de ADN se decidió por una diferencia de casi 50 millones de dólares.
Anne Wojcicki retoma el control por la puerta trasera
Quien estaba detrás de la oferta ganadora no era un desconocido. Según Fox Business, el TTAM Research Institute fue creado por la cofundadora y ex directora ejecutiva de 23andMe, Anne Wojcicki, precisamente para readquirir la empresa que ella había ayudado a fundar y luego vio quebrar.
El movimiento es curioso y revelador. La misma persona que dirigió 23andMe hasta la quiebra volvió al mando a través de una organización sin fines de lucro, ahora prometiendo tratar los datos como un bien público. Perder la empresa y recomprarla barata en la quiebra es una maniobra que solo el dueño original suele conseguir hacer, y Wojcicki hizo exactamente eso.
El miedo de quien escupió en un tubito, ¿y mis datos?

La reacción de los clientes fue de pánico y desconfianza. Según el HIPAA Journal, el fiscal general de California, Rob Bonta, emitió una alerta recordando a los residentes del estado que tienen el derecho de pedir que 23andMe borre sus datos y destruya las muestras de saliva guardadas.
Y mucha gente corrió para protegerse. Según el HIPAA Journal, cerca de 2 millones de los 15 millones de clientes pidieron la eliminación de sus propios datos genéticos justo después del anuncio de la quiebra, con miedo de que la información más íntima que existe, el código genético, terminara en manos equivocadas. Cuando se trata de ADN, la protección de los datos deja de ser abstracta y se convierte en un problema de toda la familia, ya que tu genoma revela también el de tus parientes.
La filtración que ya había sacudido la confianza
La crisis de confianza no comenzó con la quiebra. Según el HIPAA Journal, en 2023 23andMe sufrió una filtración que expuso datos de cerca de 7 millones de clientes, en un ataque en el que criminales usaron contraseñas robadas de otros sitios para invadir cuentas.
Las consecuencias fueron más allá del susto. Según el HIPAA Journal, el episodio afectó a más de 150 mil personas solo en el Reino Unido y le costó a la empresa una multa de cerca de 3 millones de dólares en el país. Ya era una empresa con la reputación dañada en materia de seguridad de datos cuando la quiebra puso la misma base de datos en el centro de una subasta.
Las promesas de privacidad del nuevo dueño
Para calmar los ánimos, el nuevo controlador hizo una lista de compromisos. Según Fox Business, TTAM prometió mantener las políticas que permiten al cliente borrar la cuenta y los datos genéticos, crear un consejo consultivo de privacidad y rechazar la venta o el intercambio de la información a menos que el comprador sea una organización con sede en los Estados Unidos.
También hubo gestos de reparación. Según Fox Business, el instituto ofreció dos años de monitoreo gratuito contra robo de identidad a los clientes y se comprometió a avisar con anticipación cualquier cambio. Son promesas que intentan transformar un activo tóxico de confianza en un sello de responsabilidad, aunque muchos usuarios siguen desconfiados.
Por qué los datos genéticos valen tanto
En el fondo, toda esta disputa existe porque la información genética es oro para la ciencia y para la industria farmacéutica. Un banco con el ADN de 15 millones de personas permite cruzar genes con enfermedades, descubrir objetivos para nuevos medicamentos y entrenar modelos de salud, algo que una empresa como Regeneron sabe transformar en producto.
Ese valor es justamente lo que asusta. El mismo dato personal que puede acelerar la cura de enfermedades puede, en manos equivocadas, ser usado para discriminar en seguros, empleos o crédito. El caso de 23andMe dejó claro que, al entregar la saliva por curiosidad, millones de personas entregaron también un dato que dura toda la vida y no se cambia como una contraseña.
Lo que esta historia enseña
La saga de 23andMe es una alerta sobre lo que sucede con información sensible cuando la empresa que la guarda quiebra. La prueba de ascendencia parecía una broma barata, pero reveló una verdad incómoda: al entregar el propio ADN, el cliente pierde el control sobre a dónde va si la compañía cambia de dueño. La tecnología es fascinante, y el riesgo, permanente.
Y tú, ¿harías o ya hiciste una prueba de ADN por curiosidad, aun sabiendo que ese dato puede algún día ser vendido junto con la empresa? Cuéntanos aquí en los comentarios si confiarías tu código genético a una de estas plataformas.
