Investigadores Descubren Que El Origen De La Dentina Humana Puede Estar Ligado A Estructuras Sensoriales De Vertebrados Sin Mandíbula Del Período Ordovícico
Un nuevo estudio publicado en la revista Nature indica que el dolor de muelas que sentimos hoy puede tener raíces evolutivas en un pez prehistórico acorazado, que vivió hace unos 465 millones de años. Investigadores identificaron estructuras sensoriales en estos animales que contenían dentina, el mismo tejido responsable de transmitir dolor en los dientes humanos.
Estos descubrimientos refuerzan la llamada hipótesis “de afuera hacia adentro”, que sugiere que los dientes evolucionaron a partir de estructuras externas del cuerpo utilizadas originalmente para sentir el ambiente. La investigación, dirigida por la Dra. Yara Haridy, revela cómo elementos sensoriales primitivos dieron origen a las bases del sistema dental moderno.
Los Primeros Dientes Surgieron Fuera De La Boca
Durante mucho tiempo, el origen de los dientes fue objeto de debate entre científicos. Teorías anteriores proponían que protuberancias duras externas llamadas odontodios, encontradas en peces antiguos, habrían evolucionado hacia los dientes tal como los conocemos hoy. Pero hasta entonces, había incertidumbres sobre el verdadero papel de estas estructuras.
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Utilizando escaneos 3D en fósiles de peces del período Ordovícico, los investigadores identificaron dentina en los odontodios — señal clara de que estas estructuras no solo protegían, sino que también funcionaban como sensores táctiles, capaces de percibir temperatura y presión en el agua. Es decir, antes de morder, los dientes sentían.
Peces Acorazados Y Crustáceos Evolucionaron Sensores Similares
El equipo también comparó estas estructuras con sensilas, órganos sensoriales presentes en el caparazón de artrópodos como cangrejos y camarones. Curiosamente, estas similitudes surgieron de forma independiente, en grupos con ancestros muy distantes. Esto configura un caso clásico de convergencia evolutiva, según Haridy.
Estos sistemas sensoriales rígidos fueron una ventaja adaptativa tanto para vertebrados sin mandíbula como para invertebrados marinos. Ambos desarrollaron placas externas que, además de proteger, detectaban el ambiente alrededor — una innovación evolutiva esencial para la supervivencia.
La Confusión Con El Fósil Anatolepis
Durante décadas, los científicos creyeron que el fósil Anatolepis, del período Cámbrico, era uno de los primeros peces vertebrados, por presentar superficies con pequeñas protuberancias similares a dientes. Pero nuevos exámenes revelaron que esas estructuras no poseían dentina, siendo más compatibles con sensilas de artrópodos.
Este error de clasificación fue corregido con el uso de tomografía computarizada de alta resolución, que permitió analizar la composición interna de los fósiles. El caso de Anatolepis evidencia cómo características similares pueden confundir incluso a los expertos, sobre todo cuando la evolución actúa de manera paralela en diferentes grupos.
Dentículos Modernos Ayudan A Contar Esta Historia
Para reforzar sus conclusiones, los científicos también estudiaron especímenes vivos, como bagres criados en laboratorio. Estos peces poseen dentículos en la piel — escamas con estructura parecida a dientes, conectadas directamente a los nervios. Al igual que los odontodios antiguos, estos dentículos funcionan como sensores de tacto.
Este descubrimiento apoya la idea de que las estructuras dentales modernas evolucionaron a partir de la piel y no directamente dentro de la boca. Los primeros dientes, por lo tanto, eran parte de una armadura sensorial, y el dolor que sentimos hoy puede ser una herencia directa de esa antigua función de percepción.
¿Te imaginabas que el dolor de muelas tenía origen en peces prehistóricos? ¿Qué piensas de este sorprendente descubrimiento sobre nuestra evolución?

Faz sentido a analogia.