En La Rinconada, ciudad más alta del mundo, la promesa de oro convive con enfermedades, contaminación, violencia y expectativa de vida reducida
Ubicada a 5.100 metros de altitud en los Andes peruanos, La Rinconada es conocida como la ciudad habitada más alta del planeta. Con una población entre 30 mil y 50 mil personas, surgió en la fiebre del oro y hoy simboliza, en medio de la precariedad, los extremos de vivir en condiciones inhóspitas.
Apodada «paraíso del diablo», retrata la falta casi total de infraestructura. No hay agua potable, alcantarillado, recolección de basura, hospitales ni caminos asfaltados.
La economía gira en torno a la minería informal, en un sistema llamado cachorreo. En él, los trabajadores no reciben salario, pero pueden quedarse con parte del oro encontrado.
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Sin embargo, esta práctica tiene un alto costo. El proceso de separación del metal exige un uso intensivo de mercurio, contaminando suelo, aire y agua. Por lo tanto, los impactos ambientales y humanos se acumulan.
La carga de la altitud extrema
Vivir a más de cinco mil metros sobre el nivel del mar significa lidiar con aire enrarecido, que contiene alrededor del 50% menos de oxígeno.
Este déficit provoca el llamado mal de montaña crónico. Los síntomas incluyen fatiga, dolores de cabeza, insomnio y pérdida de apetito.
Además, se estima que hasta el 20% de los habitantes sufren con la condición. El cuerpo reacciona aumentando los niveles de hemoglobina, muchas veces por encima de 20 g/dL, y expandiendo la masa sanguínea.
Esta adaptación ayuda a la supervivencia, pero impone un desgaste severo al corazón y a los pulmones. El resultado es un mayor riesgo de enfermedades graves.
Contaminación y violencia
El escenario se agrava con la minería artesanal. Los accidentes laborales son frecuentes, así como los casos de explotación y violencia.
Las facciones disputan áreas de extracción, y la exposición constante al mercurio afecta no solo a los mineros, sino también a niños, ancianos y fuentes glaciares de agua.
La expectativa de vida se desploma. Entre los mineros, varía de 30 a 35 años, poco más de la mitad de la media nacional de Perú.
Un retrato de contradicciones en la ciudad más alta del planeta
A pesar del abandono estructural y los riesgos permanentes, miles continúan migrando a La Rinconada.
La promesa de riqueza mueve a personas de diferentes regiones. Los niños aparecen trabajando en las minas, el contrabando florece y la supervivencia depende de estrategias fuera de cualquier regulación formal.
En La Rinconada, donde el aire es enrarecido, la esperanza insiste en sobrevivir. Sin embargo, cada soplo de vida viene acompañado de peligro y contradicción.
Con información de Diário do Litoral.

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