Una investigación detallada revela la vasta red de cursos de agua que fluye invisible bajo la metrópoli carioca, moldeando su pasado y desafiando su futuro.
Bajo el concreto del paisaje urbano de Río de Janeiro, existe una extensa red hidrográfica. Son los ríos secretos de la ciudad. A lo largo de los siglos, estos cursos de agua han sido canalizados y, en gran parte, enterrados. Desvelar estos murmullos ocultos es crucial para entender la historia carioca y desafíos como inundaciones y contaminación. El «Manual Rios de Janeiro» identifica 267 cursos de agua, pero otras fuentes citan más de 200 ríos secretos invisibles bajo la metrópoli.
La red hídrica olvidada
La relación de Río de Janeiro con sus ríos secretos es antigua. Inicialmente, fueron esenciales. Determinaban asentamientos, servían de transporte y proporcionaban agua potable. El Río Carioca, por ejemplo, dio nombre a los habitantes y abasteció la ciudad durante siglos. Sin embargo, el crecimiento urbano cambió esta percepción. Los ríos se convirtieron en obstáculos o focos de enfermedades, incompatibles con una metrópoli moderna. La «secretud» de estos ríos secretos es más bien una cuestión de visibilidad pública. Especialistas y organismos públicos conocen esta hidrografía subterránea. El desafío es la desconexión entre el conocimiento técnico y la percepción colectiva. Antes del asfalto, el Río de Janeiro contaba con una compleja red hidrográfica. El municipio tiene tres macrorregiones drenantes principales: Cuenca de la Bahía de Guanabara, Cuenca Oceánica y Cuenca de Sepetiba. En ellas, se distribuían 267 ríos, arroyos y canales.
¿Por qué fueron cubiertos los ríos cariocas?

Diversas razones llevaron al encubrimiento sistemático de los ríos secretos cariocas. La búsqueda de modernización y una nueva estética urbana fue un motor. A finales del siglo XIX y principios del XX, Río aspiraba a ser como las grandes ciudades europeas. Los ríos abiertos y contaminados eran vistos como anacrónicos. La canalización y el encubrimiento simbolizaban progreso. El saneamiento y la salud pública también fueron centrales. Teorías higienistas identificaban aguas estancadas y arroyos contaminados como focos de enfermedades. El encubrimiento se defendía como medida sanitaria. Las reformas de Pereira Passos a principios del siglo XX ejemplifican esta mentalidad, cubriendo ríos como el Berquó. El control de inundaciones justificó intervenciones. La expansión sobre pantanos y la impermeabilización del suelo agravaron inundaciones. La canalización y el encubrimiento parecían soluciones. La expansión urbana y la valorización inmobiliaria ejercieron presión constante. La necesidad de espacio para calles y edificaciones llevó al aterramiento de manglares y al encubrimiento de ríos secretos. El período colonial e imperial vio las primeras alteraciones para abastecimiento, como el Acueducto de Carioca. En el siglo XIX, los ríos centrales comenzaron a ser canalizados. Las reformas de Pereira Passos (1902-1906) fueron un punto crucial, cubriendo tramos del Río Carioca en 1905. El proceso continuó a lo largo del siglo XX, con la expansión hacia la Zona Norte y Oeste, alterando muchos otros ríos secretos.
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Ejemplos de ríos secretos y sus historias

El Río Carioca es emblemático entre los ríos secretos. Nace en la Sierra de Carioca y desembocaba en la Bahía de Guanabara, pasando por Cosme Velho, Laranjeiras y Flamengo. Abasteció a la ciudad a través de los Arcos de Lapa. En 1905, Pereira Passos cubrió gran parte de su curso inferior. Hoy, fluye casi todo invisible y contaminado. El Río Maracanã, homónimo del famoso estadio, también fue profundamente transformado. Atraviesa barrios como Tijuca y Maracanã, integrando la subcuenca del Canal del Mangue. Fue significativamente canalizado y, en trechos, encubierto, contribuyendo a inundaciones en la Plaza de la Bandera. Su historia refleja la priorización de la infraestructura sobre el paisaje fluvial. En la Gran Tijuca, los ríos secretos Trapicheiros y Joana son notables. El Trapicheiros, hoy casi todo cubierto, desemboca en dos brazos que flanquean la Plaza de la Bandera, área crítica de inundaciones. El Río Joana, formado por los ríos Jacó y Andaraí, también contribuye a las crecidas en la región. Entre 2012 y 2019, se construyó un desvío parcial con un túnel de 3,4 km para llevar parte de sus aguas a la Bahía de Guanabara. En la Zona Sur, el Río Berquó y el Río Banana Podre son otros ejemplos de ríos secretos, legados de las reformas de Pereira Passos. El Berquó, que fue importante, hoy fluye subterráneo por la Calle Álvaro Ramos, bajo el Cementerio São João Batista, donde recibe contaminación por necrochorume, y desemboca en la Playa de Botafogo. El Río Banana Podre, con manantial en el Corcovado, también fue canalizado y fluye en galerías, desembocando junto al Berquó.
Los impactos ambientales y sociales de los ríos cubiertos

El encubrimiento de los ríos secretos dejó profundas cicatrices. Uno de los impactos más sentidos son las inundaciones. La canalización acelera el agua y elimina las várzeas, que absorberían el exceso. La impermeabilización del suelo aumenta el escurrimiento, sobrecargando los sistemas de drenaje. La región de la Plaza de la Bandera y Botafogo son ejemplos. La contaminación es otra consecuencia. Muchos ríos secretos se convirtieron en conductores de aguas residuales y basura, contaminando la Bahía de Guanabara y representando un riesgo para la salud pública. El Río Berquó, contaminado por necrochorume, es un caso grave. El encubrimiento, justificado por higiene, ocultó y agravó problemas de saneamiento. También hubo una profunda pérdida ecológica. La destrucción de hábitats acuáticos y de bosques ribereños llevó a la pérdida de biodiversidad. Los servicios ecosistémicos, como la regulación del microclima y la purificación del agua, fueron interrumpidos. La memoria hídrica de la ciudad fue borrada. Ríos invisibles dejaron de formar parte de la experiencia cotidiana, dificultando la comprensión de problemas actuales y la movilización por soluciones sostenibles. Galerías subterráneas antiguas pueden deteriorarse, causando colapsos y daños a la infraestructura.

O Rio de Janeiro é um cocozal cheio de favelado, a maioria nordestina.
Enfim, os caras, «geniais «, só fizeram ****!
Fiquem tranquilos, todos nós morreremos, única estatística 100% confiável, sem margens de erro para +/-