La lista secreta del Anexo II de la Casa Blanca define quién escapa del tarifazo del 50% de los EE. UU. Descubre qué productos brasileños entraron, quién quedó fuera y el impacto billonario de esta disputa.
Estados Unidos sorprendió al mundo en septiembre de 2025 al anunciar un tarifazo del 50% sobre productos de países que no se consideran “socios alineados”. La decisión, firmada por el presidente Donald Trump, tomó por sorpresa a Brasil y encendió una alerta en el agronegocio, la industria y la diplomacia. Pero detrás de los titulares sobre café, cacao y especias que entraron en exención, hay una pieza fundamental de este engranaje: el Anexo II de la Orden Ejecutiva de la Casa Blanca, un documento técnico que define quién escapa y quién paga la cuenta. Es esta lista que, en la práctica, decide ganadores y perdedores en la nueva guerra comercial.
Qué es el Anexo II y por qué importa
Difícil de las grandes declaraciones políticas, el Anexo II funciona como un mapa tarifario detallado, listando cientos de códigos del Sistema Armonizado de Tarifas (HTSUS) que están fuera del alcance del tarifazo.
Es un documento técnico, pero con impacto billonario, porque cada número allí representa una cadena productiva entera. Para Brasil, la gran cuestión es: qué exportaciones fueron incluidas y cuáles quedaron fuera.
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En el caso del café, cacao y especias, los códigos relacionados fueron contemplados, pero sectores como azúcar, etanol, siderurgia y calzados continúan expuestos. Esta selección no es aleatoria — refleja intereses estratégicos de EE. UU., que preservan productos de mayor relevancia interna o que sirven como instrumento de negociación diplomática.
Productos brasileños incluidos en la lista de excepciones
Según el documento publicado en el sitio de la Casa Blanca y confirmado por medios especializados como Just Food y Reuters, algunos productos brasileños ganaron sobrevida gracias a su inclusión en el Anexo II. Entre ellos están:
- Café verde y tostado – principal producto de exportación agrícola de Brasil, con ingresos de más de US$ 8 mil millones anuales.
- Cacao y derivados – sector que había estado sufriendo con costos logísticos y ahora respira aliviado.
- Especias seleccionadas – incluyendo pimienta y canela, en volúmenes menores, pero con valor agregado.
- Celulosa y ferroníquel – sectores industriales que tuvieron tarifas retiradas parcialmente, tras presión de multinacionales con operaciones en EE. UU.
Estas excepciones representan una victoria parcial para Brasil, pero no eliminan el riesgo de pérdidas, ya que la mayoría de las exportaciones sigue siendo vulnerable al tarifazo.
Quién quedó fuera y puede perder miles de millones
En contra, la lista también deja fuera sectores enteros que son vitales para la balanza comercial brasileña. Los principales afectados son:
- Azúcar y etanol – altamente competitivos en el mercado global, pero vistos como una amenaza directa a la producción estadounidense de maíz y biocombustibles.
- Siderurgia – el acero brasileño, históricamente objeto de disputas comerciales, sigue bajo fuerte sobretasa.
- Calzados y textiles – industria que ya sufre con la competencia asiática y ahora enfrenta un nuevo obstáculo en EE. UU.
- Frutas frescas y pescados – açaí, nueces, mango y peces quedaron fuera de la lista de exenciones y deberán sentir el impacto inmediato.
Se estima que, solo en estos segmentos, las pérdidas pueden superar US$ 5 mil millones por año si el tarifazo permanece sin ajustes.
Impacto billonario de los códigos tarifarios
Cada línea del Anexo II esconde una disputa que puede movilizar miles de millones. Por ejemplo, el código del café verde representa solo más del 30% de las exportaciones agrícolas brasileñas a EE. UU.
Por otro lado, el azúcar, que no fue incluido, representa una porción que podría generar retaliación brasileña en el mismo nivel. En otras palabras, la lista no es solo técnica: es un arma de negociación.
Diplomáticos brasileños evalúan que EE. UU. utiliza el documento como una especie de “cartera de privilegios”, otorgando favores a países que se alinean con su política exterior y dejando a los demás bajo presión económica.
Para Brasil, que busca ampliar su independencia geopolítica, esto crea un dilema: ceder para garantizar acceso al mercado o resistir y enfrentar pérdidas.
El papel de la diplomacia brasileña
Mientras los exportadores hacen cuentas, el Itamaraty intenta negociar una salida. El objetivo es obtener el estatus de “socio alineado”, condición que abriría espacio para la inclusión de más productos brasileños en el Anexo II. Pero el proceso no es sencillo: involucra concesiones políticas y estratégicas que aún no están claras.
La diplomacia brasileña también evalúa recurrir a la Organización Mundial del Comercio (OMC) para impugnar la medida, alegando que el tarifazo viola reglas multilaterales.
Sin embargo, incluso un proceso exitoso llevaría años, y el perjuicio inmediato ya comienza a sentirse por los productores y exportadores.
Una disputa que redefine el comercio global
El Anexo II de la Casa Blanca es más que una lista de códigos: es el símbolo de una nueva fase del comercio internacional, donde la política define quién vende y quién compra.
Brasil, mayor exportador de productos agrícolas del planeta, se encuentra en el ojo del huracán. Si logra ampliar su participación en la lista de excepciones, puede salir fortalecido.
Si queda fuera, verá a sus competidores ocupar espacio en uno de los mercados más lucrativos del mundo.
La guerra comercial en torno a este anexo promete ser larga, con efectos que van mucho más allá de las cifras. Afecta las cadenas productivas, genera incertidumbres diplomáticas y puede alterar incluso la geopolítica del agronegocio global.

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