Informe de Accu muestra que miles de objetos sin función operacional permanecen en órbita, mientras agencias espaciales estudian formas de reducir riesgos para satélites, misiones y servicios que dependen de la infraestructura espacial.
Casi la mitad de los objetos catalogados en órbita alrededor de la Tierra se encuadra en categorías asociadas a basura espacial, según un informe de la empresa británica de ingeniería Accu.
El estudio señala que fragmentos de satélites, etapas de cohetes y otros desechos continúan acumulándose en órbita, mientras la remoción de estos materiales aún ocurre de forma limitada.
El análisis fue realizado con datos de Space-Track, banco mantenido a partir de la vigilancia espacial de los Estados Unidos, y repercutido por la revista Popular Science en mayo de 2026.
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De acuerdo con el informe, hay 12.550 fragmentos de desechos orbitales rastreados circulando sin función operacional.
El total representa cerca de 47% de los 33.269 objetos monitoreados en el espacio por la base usada en el estudio.
Entre los objetos acompañados, el informe también lista 17.682 cargas útiles, categoría que incluye satélites, además de 2.396 cuerpos de cohetes y 641 ítems aún sin clasificación definida.
Parte de estos satélites permanece en operación, pero equipos ya inactivos también continúan en la órbita terrestre, lo que puede elevar la proporción de objetos sin control o uso definido.
Basura espacial a alta velocidad aumenta riesgo en órbita
El riesgo asociado a la basura espacial no depende solo del tamaño de los objetos.
En órbita baja, fragmentos pueden desplazarse a velocidades cercanas a 28 mil kilómetros por hora, según datos citados en el estudio.
En estas condiciones, incluso partículas pequeñas pueden alcanzar satélites, estaciones espaciales e instrumentos científicos con energía suficiente para causar daños relevantes.
Un caso citado por Popular Science ocurrió en 2016, cuando un fragmento muy pequeño alcanzó una de las ventanas de la cúpula de observación de la Estación Espacial Internacional.
El impacto dejó una marca de cerca de un cuarto de pulgada, medida equivalente a aproximadamente 6 milímetros.
Según el conteo de Accu, existen actualmente siete fragmentos de desechos rastreados por cada diez satélites en órbita.
Esta comparación considera solo desechos y cargas útiles, sin incluir cuerpos de cohetes ni objetos aún sin identificación, pero indica la presencia creciente de materiales sin función operacional en regiones utilizadas por satélites.
La Agencia Espacial Europea, la ESA, también sigue este escenario.
En sus datos más recientes sobre basura espacial, la agencia informa que hay miles de objetos artificiales catalogados en órbita y una cantidad mucho mayor de fragmentos pequeños estimada por modelos estadísticos.
Como no todos los residuos pueden ser rastreados, los números oficiales representan solo la parte detectable del problema.
Masa de objetos espaciales supera las 16 mil toneladas
El informe de Accu estima en cerca de 15.550 toneladas la masa de basura espacial sobre la Tierra, valor comparado por Popular Science al peso aproximado de 40 aviones jumbo.
La ESA, por su parte, informa que la masa total de objetos espaciales en órbita terrestre supera 16.200 toneladas, considerando un conjunto más amplio de estructuras artificiales en el espacio.
La diferencia entre los números se debe al enfoque adoptado por cada fuente.
Accu trata de la basura espacial rastreada en su análisis, mientras que la ESA presenta datos generales sobre objetos artificiales en órbita.
Incluso con metodologías diferentes, los estudios apuntan a un aumento de la cantidad de materiales alrededor del planeta.
Según la ESA, desde el inicio de la era espacial, en 1957, decenas de miles de satélites y objetos asociados han sido enviados al espacio.
Muchos permanecen en órbita incluso después del fin de su vida útil, mientras que otros se han fragmentado a lo largo del tiempo por colisiones, explosiones o fallos estructurales.
La agencia europea también registra más de 660 eventos de fragmentación, categoría que incluye rupturas, colisiones, explosiones o anomalías capaces de generar nuevos desechos.
Cada episodio de este tipo puede producir una cantidad elevada de fragmentos, que permanecen en circulación por períodos variados, según la altitud y la dinámica orbital.
China, Estados Unidos y CEI concentran desechos orbitales
La distribución de los desechos orbitales rastreados no ocurre de forma uniforme entre los actores espaciales.
De acuerdo con Accu, China, Estados Unidos y Comunidad de Estados Independientes concentran la mayor parte de los 12.550 fragmentos identificados en el informe.
El estudio atribuye a China cerca de 34% de los desechos monitoreados.
Estados Unidos y CEI aparecen en seguida, con aproximadamente 31% cada uno.
En el caso chino, Accu relaciona parte de esa participación a la prueba antisatélite realizada en 2007, episodio frecuentemente citado por especialistas como uno de los eventos que más generaron fragmentos en la órbita terrestre.
La parte atribuida a Estados Unidos combina décadas de lanzamientos con eventos específicos registrados en el historial espacial.
Entre ellos está la colisión de 2009 entre el satélite ruso inactivo Kosmos 2251 y el satélite operacional Iridium 33, episodio que produjo miles de fragmentos.
En el caso de la CEI, el informe relaciona los números con la actividad espacial acumulada desde el período soviético y las operaciones posteriores de países sucesores.
Como muchos objetos permanecen en órbita por largos intervalos, los efectos de lanzamientos antiguos siguen presentes en las estadísticas actuales.
La reentrada atmosférica puede dejar residuos
Parte de los objetos abandonados pierde altitud con el tiempo y reingresa en la atmósfera terrestre.
Este proceso, sin embargo, puede llevar años o décadas, dependiendo de la órbita, la masa, el área del objeto y la resistencia atmosférica.
En muchos casos, el material se desintegra antes de alcanzar el suelo.
La destrucción durante la reentrada no elimina necesariamente todos los impactos ambientales.
De acuerdo con el informe de Accu, materiales como aluminio, cobre y litio pueden vaporizarse y permanecer en la alta atmósfera en forma de partículas finas.
Los investigadores estudian de qué forma estos residuos interactúan con la química atmosférica.
La ESA también monitorea reentradas de objetos espaciales e informa que satélites, etapas de cohetes y otros materiales regresan a la atmósfera con frecuencia.
Aunque la mayor parte de los eventos no resulta en daños en el suelo, el aumento del número de satélites y de estructuras lanzadas al espacio amplía la necesidad de seguimiento técnico.
Estudios recientes citados por medios especializados indican que instrumentos como el LiDAR, sistema de teledetección por láser, pueden ayudar a identificar materiales liberados durante reentradas.
Los investigadores afirman que aún se necesitan más datos para medir los efectos de estos residuos sobre la alta atmósfera, incluidos posibles impactos en la capa de ozono.
La eliminación de basura espacial aún depende de la tecnología
La retirada de desechos en órbita continúa en fase de desarrollo tecnológico.
Entre las iniciativas en curso está la misión ClearSpace-1, de la ESA, planeada para demostrar la eliminación activa de un objeto espacial sin control operacional.
De acuerdo con la agencia europea, la misión debe capturar el satélite Proba-1, lanzado en 2001, y conducirlo a una reentrada atmosférica segura.
El lanzamiento está planeado para 2029, con liderazgo industrial de OHB SE y participación de la empresa suiza ClearSpace.
La ESA informa que la ClearSpace-1 usará cuatro brazos robóticos para capturar el objetivo, un satélite de aproximadamente 95 kilos.
El objetivo declarado es probar tecnologías que puedan ser aplicadas en futuras operaciones de eliminación de objetos abandonados en órbita.
Otras soluciones también son estudiadas por empresas y agencias espaciales, incluyendo velas de arrastre, sistemas de captura, brazos robóticos y mecanismos de inspección orbital.
Hasta el momento, sin embargo, no hay operación a gran escala capaz de retirar la cantidad de desechos ya acumulada alrededor de la Tierra.
Especialistas en seguridad espacial señalan que la gestión de la basura orbital depende de medidas combinadas.
Además de la eliminación de objetos antiguos, este conjunto incluye la planificación de reentradas al final de la vida útil de los satélites, la reducción de fragmentaciones, el intercambio de datos de rastreo y la adopción de reglas comunes entre países y empresas.
Como los satélites se utilizan en comunicación, navegación, previsión del tiempo, agricultura, monitoreo ambiental y servicios de emergencia, la permanencia de desechos en órbita afecta áreas que van más allá de la exploración científica.
La gestión de este material ha pasado a integrar discusiones sobre infraestructura espacial, seguridad operacional y responsabilidad entre los operadores.

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