NASA alerta que hasta el 70% de los astronautas sufren alteraciones oculares en el espacio, con riesgo creciente para misiones largas como Marte.
Según la NASA, aproximadamente el 70% de los astronautas que pasan meses en la Estación Espacial Internacional presentan algún grado de inflamación en la parte posterior de los ojos. El fenómeno tiene nombre oficial desde 2011: Síndrome Neuro-Ocular Asociado al Vuelo Espacial, conocido por sus siglas en inglés SANS. La agencia espacial estadounidense clasifica el SANS como el principal riesgo para la salud en misiones de larga duración, superando problemas ampliamente conocidos como la pérdida ósea, el debilitamiento muscular y la exposición a la radiación cósmica.
Hasta el momento, el único recurso comprobado es el uso de gafas correctivas durante el vuelo. Las alteraciones estructurales internas, sin embargo, continúan sin tratamiento eficaz.
El funcionamiento del ojo humano depende del equilibrio entre la presión intraocular y la presión del líquido cefalorraquídeo
El ojo humano no funciona de forma aislada. Está directamente conectado al cerebro a través del nervio óptico, responsable de transmitir la información visual.
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Este nervio está rodeado por una vaina que contiene líquido cefalorraquídeo, el mismo fluido que circula en el cerebro y en la médula espinal.
Existe un equilibrio delicado entre la presión interna del ojo y la presión de este líquido alrededor del nervio. Esta diferencia se llama gradiente translaminar y es fundamental para mantener la integridad estructural del sistema visual. En la Tierra, la gravedad regula naturalmente este equilibrio, distribuyendo los fluidos corporales de forma estable.
La microgravedad altera la distribución de fluidos corporales y aumenta la presión dentro del cráneo
En el entorno espacial, la ausencia de gravedad modifica completamente la distribución de los fluidos en el cuerpo humano.
Los líquidos migran hacia la parte superior del cuerpo, provocando hinchazón facial, afinamiento de las piernas y aumento de la presión intracraneal.
Este aumento de presión se propaga por el líquido cefalorraquídeo hasta la región del nervio óptico, alterando el equilibrio necesario para el funcionamiento adecuado del sistema visual.
Estudios con resonancia magnética muestran aplanamiento del globo ocular e hinchazón del nervio óptico
El SANS fue formalmente descrito en 2011 por el oftalmólogo Thomas Mader y su equipo, basándose en exámenes realizados antes y después de misiones espaciales de larga duración.
Los resultados mostraron alteraciones estructurales significativas: hinchazón del disco óptico, aplanamiento de la parte posterior del globo ocular y pliegues en la coroides.
También se observaron manchas en la retina asociadas a la reducción del flujo sanguíneo y empeoramiento de la visión de cerca, caracterizada como desvío hipermetrópico.
La incidencia del SANS puede alcanzar hasta el 70% de los astronautas en misiones prolongadas
Los análisis más recientes han ampliado la comprensión del problema. Mientras que alrededor del 23% de los astronautas en misiones cortas informaron alteraciones visuales, este número asciende a aproximadamente el 48% en misiones más largas.
Datos consolidados indican que la incidencia puede llegar hasta el 70% en permanencias prolongadas en la Estación Espacial Internacional.
Factores genéticos y nutricionales influyen en el riesgo de alteraciones oculares en el espacio
Estudios indican que niveles elevados de homocisteína están asociados a una mayor gravedad de las alteraciones oculares.
Este compuesto es regulado por vitaminas del complejo B, especialmente folato y vitamina B12. Alteraciones en estos niveles pueden comprometer la integridad de las estructuras vasculares y aumentar la vulnerabilidad al SANS.
Investigaciones también señalan posibles influencias genéticas, sugiriendo que algunos astronautas pueden tener mayor predisposición al desarrollo del síndrome.
Diferencias fisiológicas entre individuos pueden explicar la variación en la gravedad de los síntomas
No todos los astronautas se ven afectados de la misma manera, incluso bajo condiciones idénticas. Una de las hipótesis implica diferencias anatómicas que pueden influir en el drenaje venoso de la cabeza, alterando la presión intracraneal.
Otro factor es la distribución aún limitada de datos entre hombres y mujeres, lo que impide conclusiones definitivas sobre las diferencias por sexo.
Una de las características más preocupantes del SANS es su persistencia. Aunque la hinchazón del nervio óptico puede retroceder con el tiempo, alteraciones como el aplanamiento del globo ocular y cambios en la retina pueden permanecer durante años.
En algunos casos, estas alteraciones fueron consideradas permanentes.
El SANS puede aumentar el riesgo futuro de enfermedades como el glaucoma debido a la presión sobre el nervio óptico
Los investigadores evalúan que el SANS puede elevar el riesgo de desarrollo de enfermedades como el glaucoma a largo plazo.
La condición implica un daño progresivo al nervio óptico causado por la presión, un mecanismo similar al observado durante la exposición prolongada a la microgravedad. Sin embargo, aún no hay datos suficientes para cuantificar este riesgo a lo largo de las décadas.
Entre las soluciones en estudio se encuentra el uso de dispositivos de presión negativa en la parte inferior del cuerpo, que ayudan a redistribuir fluidos.
Otro enfoque implica la creación de gravedad artificial mediante centrifugación, que podría restaurar parcialmente el comportamiento natural de los fluidos en el cuerpo humano.
A pesar de los avances, ninguna de estas soluciones ha demostrado eficacia comprobada en misiones espaciales reales de larga duración.
Misiones a Marte amplían el riesgo del SANS y desafían los límites de la medicina espacial
Misiones tripuladas a Marte representan un escenario aún más complejo. El viaje puede durar entre seis y nueve meses en cada dirección, exponiendo a los astronautas a largos períodos de microgravedad.
La gravedad parcial de Marte puede no ser suficiente para revertir los daños acumulados durante el viaje.
Estudios indican que las contramedidas actuales pueden no funcionar adecuadamente en ambientes de gravedad reducida.
Ahora queremos saber: ¿está el cuerpo humano preparado para soportar misiones espaciales de larga duración sin daños permanentes?
El Síndrome Neuro-Ocular Asociado al Vuelo Espacial plantea interrogantes sobre los límites fisiológicos de la exploración espacial.
En su opinión, ¿la ciencia logrará resolver este problema antes de las misiones tripuladas a Marte o el propio cuerpo humano puede ser el mayor obstáculo para esta próxima etapa de la exploración?

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