La exposición prolongada al espacio altera el sistema inmunológico, favorece la reactivación de virus comunes y genera alertas para viajes largos con impacto potencial en la salud de los astronautas y en la seguridad operativa de misiones fuera de la órbita terrestre.
Astronautas que participaron en misiones espaciales, tanto de corta como de larga duración, presentaron reactivación de herpesvirus durante y después del vuelo, con eliminación de material viral detectado en muestras de saliva y orina, según una revisión publicada en la revista científica Frontiers in Microbiology por investigadores vinculados a la NASA.
Este resultado indica que el ambiente espacial puede comprometer la respuesta inmunológica hasta el punto de permitir la reactivación de virus previamente silenciosos en el organismo humano, aumentando la preocupación científica ante misiones más largas previstas más allá de la órbita terrestre, incluyendo viajes a Marte.
Virus latentes vuelven a la actividad en el espacio
A diferencia de lo que se podría suponer, no hay evidencia de infección adquirida en el espacio, sino de la reactivación de virus ya presentes en el organismo, pertenecientes a una familia extremadamente común que permanece latente durante años después de la infección inicial, generalmente sin provocar síntomas perceptibles.
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Bajo condiciones específicas, como estrés prolongado, aislamiento social, privación del sueño y reducción de la eficiencia inmunológica, estos agentes pueden retomar su actividad, comenzando a replicarse nuevamente y siendo detectados mediante la liberación de material genético en fluidos corporales.
Entre los virus identificados se encuentran Epstein-Barr, varicela-zóster, herpes simple tipo 1 y citomegalovirus, siendo los tres primeros encontrados en muestras de saliva, mientras que el citomegalovirus apareció predominantemente en muestras de orina recolectadas durante y después de las misiones.
La frecuencia aumenta en misiones más largas
Al analizar diferentes misiones, los investigadores observaron que la ocurrencia del fenómeno varía según el tiempo de permanencia en el espacio, con números que ayudan a dimensionar el impacto biológico de la exposición prolongada al ambiente espacial sobre el sistema inmunológico de los astronautas.
En los vuelos de transbordador espacial, por ejemplo, 47 de 89 astronautas, el equivalente al 53%, eliminaron uno o más herpesvirus, mientras que en las misiones de larga duración en la Estación Espacial Internacional ese número subió al 61%, con 14 de 23 tripulantes presentando el mismo patrón.
Además de la mayor frecuencia, también se registró una elevación progresiva de la carga viral a lo largo de la permanencia en órbita, lo que sugiere que cuanto mayor sea el tiempo de exposición al ambiente espacial, mayor tiende a ser la intensidad de la reactivación de estos virus latentes.
La comparación detallada refuerza esta tendencia, mostrando un aumento en la eliminación del varicela-zóster del 41% al 65%, del Epstein-Barr del 82% al 96% y del citomegalovirus del 47% al 61%, al contraponer misiones cortas y prolongadas.
Los casos asintomáticos aún preocupan a los investigadores
Aunque gran parte de los casos no presenta síntomas evidentes, los investigadores destacan que el fenómeno no debe ser tratado como irrelevante, ya que hay registros de recuperación de virus infeccioso en cultivo y asociación con manifestaciones clínicas observadas durante y después de las misiones.
Entre estas manifestaciones, aparecen dermatitis atópica y lesiones cutáneas, además de episodios compatibles con la reactivación del varicela-zóster, que puede evolucionar a herpes zóster en situaciones de caída de la inmunidad, especialmente en contextos de mayor desgaste fisiológico.
El ambiente espacial presiona el sistema inmunológico
La explicación de este comportamiento implica una combinación compleja de factores característicos del ambiente espacial, que actúan simultáneamente sobre el organismo y generan un escenario de estrés fisiológico continuo a lo largo de la misión.
La microgravedad, la radiación cósmica, el confinamiento prolongado, la separación social, las alteraciones en el ritmo circadiano y la privación del sueño contribuyen a elevar los hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol y las catecolaminas, al mismo tiempo que reducen la eficacia de la respuesta inmune celular.
Este desequilibrio crea condiciones favorables para que los virus antes controlados por el organismo escapen de esta vigilancia inmunológica, retomando la replicación y comenzando a circular de forma detectable en diferentes fluidos corporales.
Los efectos persisten después del regreso a la Tierra
Incluso después del regreso a la Tierra, los efectos no desaparecen inmediatamente, ya que en misiones de larga duración se observó la continuidad de la eliminación viral por hasta 30 días, especialmente en los casos de varicela-zóster y citomegalovirus.
Comparativamente, este período se muestra más prolongado que el registrado en misiones cortas, indicando que el tiempo de exposición al espacio influye no solo en la intensidad de la reactivación, sino también en la duración de sus efectos después del fin de la misión.
Este aspecto cobra relevancia en la planificación de futuras expediciones de larga duración, en las que la ausencia de evacuación rápida y de soporte médico inmediato puede transformar eventos clínicos aparentemente controlables en factores de riesgo operacional.
Los riesgos se extienden al contacto después de la misión
Otro punto destacado por los investigadores involucra el período de readaptación en la Tierra, cuando la eliminación continua de virus infecciosos puede representar riesgo potencial para recién nacidos, adultos seronegativos y personas inmunocomprometidas, especialmente en situaciones de contacto cercano.
De esta forma, el post-misión deja de ser solo un proceso de recuperación física y pasa a exigir un monitoreo más amplio, incluyendo evaluación inmunológica y seguimiento virológico para evitar posibles transmisiones o complicaciones asociadas.
Aunque los astronautas son profesionales altamente seleccionados y sometidos a un riguroso seguimiento médico, los datos indican que el ambiente espacial ejerce un impacto relevante sobre sistemas biológicos fundamentales, incluyendo aquellos responsables de la defensa contra infecciones.
Al considerar misiones humanas de larga duración, crece la necesidad de estrategias preventivas más robustas, con protocolos capaces de monitorear, mitigar y responder a la reactivación de virus latentes a lo largo de todas las fases de la jornada espacial.

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