Mapeado detrás de la Vía Láctea, Vela-Banzi acumula una masa estimada en 30 cuatrillones de soles, tiene 300 millones de años luz de extensión y ayuda a los astrónomos a entender estructuras ocultas del universo cercano con nuevos datos
Con aproximadamente 30 cuatrillones de soles, Vela-Banzi ha sido mapeado detrás de la Vía Láctea y aparece como una de las estructuras más grandes conocidas en el universo cercano, oculta por polvo, gas y estrellas.
El descubrimiento fue detallado en un estudio publicado en arXiv, con foco en la distribución de la materia y la arquitectura a gran escala.
Estructura oculta por la propia galaxia
El supercúmulo, antes conocido como Vela, se encuentra a aproximadamente 800 millones de años luz de la Tierra.
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Permanecía difícil de medir porque está detrás de la Zona de Evitación, una región bloqueada por el denso disco de la Vía Láctea.
Esta área concentra estrellas, gas y polvo en cantidad suficiente para impedir la observación directa. Incluso relativamente cerca en escala cósmica, el conjunto permaneció durante años como una presencia solo parcial en los levantamientos astronómicos.
El nuevo análisis muestra que Vela-Banzi se extiende por unos 300 millones de años luz. Esta dimensión lo hace aproximadamente 3.000 veces más grande que la Vía Láctea, ampliando la percepción sobre la arquitectura cósmica.
Dentro de esta extensión, hay al menos 20 cúmulos de galaxias. Cada cúmulo reúne cientos o miles de galaxias unidas por la gravedad, formando una red gigantesca de materia distribuida a gran escala.
La masa estimada, de unos 30 cuatrillones de soles, sitúa la estructura entre las más masivas conocidas en esta región del universo. El conjunto supera a Laniākea, donde se encuentra la Vía Láctea, y rivaliza con Shapley.
Dos núcleos enormes en aproximación
Uno de los puntos centrales del descubrimiento es la concentración de gran parte de la masa en dos núcleos masivos.
Estos núcleos se mueven lentamente uno hacia el otro, mostrando una interacción aún en curso.
Este movimiento indica una evolución a gran escala que ocurre a lo largo del tiempo cósmico. La estructura ofrece una visión rara de cómo las formaciones enormes crecen, se conectan y pasan por fusiones gravitacionales.
El supercúmulo recibió el nombre de Vela-Banzi, derivado de la lengua xhosa. El significado es “revelando ampliamente”, una referencia directa a la revelación de una estructura que estuvo oculta detrás de nuestra propia galaxia.
Cómo los científicos atravesaron la barrera
Observar más allá del disco de la Vía Láctea es difícil porque millones o miles de millones de estrellas ocupan esa franja. Cuanto más cerca del plano galáctico, más espesa se vuelve la capa de polvo.
Para sortear el obstáculo, los científicos reunieron aproximadamente 65.000 mediciones de distancia de galaxias. A este conjunto se sumaron casi 8.000 nuevas observaciones de corrimiento al rojo.
El corrimiento al rojo permite medir la velocidad a la que se alejan las galaxias. Esta información ayuda a estimar la posición y el movimiento en el espacio, elementos fundamentales para dibujar los límites de la formación.
El radiotelescopio MeerKAT, en Sudáfrica, tuvo un papel decisivo en este avance. El instrumento capta emisiones de radio del gas hidrógeno presente en las galaxias, señales capaces de atravesar el polvo que impide la luz visible.
Cerca de 2.000 mediciones de corrimiento al rojo provinieron directamente del MeerKAT. Con esto, galaxias nunca vistas por telescopios ópticos pudieron entrar en el mapeo de Vela-Banzi.
Esta combinación permitió trazar límites y movimientos internos con una precisión mucho mayor que antes. El resultado aún no es un mapa completo, pero ofrece una base robusta de la escala y complejidad de la estructura.
Por qué el mapa importa para la cosmología
El mapeo de Vela-Banzi tiene un peso mayor que la identificación de un único supercúmulo. Estructuras de este tamaño ayudan a probar modelos de cosmología, un área dedicada al origen y la evolución del universo.
Entender la distribución de la materia en escalas tan grandes permite verificar si las teorías actuales describen bien la realidad observada.
Tamaño, masa y movimiento deben ser analizados en conjunto para completar esta lectura.
El descubrimiento también muestra que parte del universo permanece oculta no por la distancia, sino por barreras de observación. Incluso en una vecindad cósmica considerada accesible, hay regiones aún parcialmente exploradas.
La radioastronomía aparece como un camino central para avanzar en estos puntos ciegos. Al captar señales que atraviesan el polvo, permite revelar galaxias y estructuras invisibles para instrumentos ópticos.
Próximos pasos en el universo oculto
A pesar del avance, el mapa del Supercúmulo de Vela sigue incompleto. No todas las galaxias emiten señales de radio fuertes, lo que mantiene algunas regiones difíciles de observar, incluso con instrumentos avanzados.
Telescopios futuros con mayor sensibilidad podrán refinar la imagen de la formación. Aun así, partes del Vela-Banzi pueden permanecer oscurecidas, manteniendo límites para la reconstrucción completa de su estructura.
El progreso actual abre espacio para una exploración más profunda de la Zona de Evitación. Con mejores técnicas y más datos, los astrónomos esperan encontrar otras estructuras ocultas, quizás comparables o mayores que esta.
Cada nueva identificación añade una pieza al mapa del universo. El Vela-Banzi muestra que áreas ya observadas aún pueden esconder formaciones inmensas, capaces de cambiar la comprensión sobre la arquitectura cósmica.
Con información de Daily Galaxy.

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