Londres utilizó borra de café en biodiésel B20 para autobuses, reutilizó residuos urbanos y probó energía renovable en el transporte público.
En 2017, Londres se convirtió en el escaparate de una experiencia inusual de economía circular en el transporte público. La empresa bio-bean, en asociación con Shell y Argent Energy, anunció la producción de un biocombustible con parte de aceite extraído de borra de café usada, incorporado a la cadena de suministro de parte de los autobuses de la capital británica.
La iniciativa ganó repercusión porque unió residuos urbanos, energía renovable y autobuses de Londres en un mismo proyecto. El combustible no sustituyó completamente el diésel de la flota, pero comenzó a abastecer algunos autobuses a través de la red ya existente de suministro.
Cómo la borra de café de Londres se convirtió en biodiésel B20 y entró en la cadena de suministro de los autobuses
El proceso comenzaba con la recolección de borra de café desechada por cafeterías, cadenas de alimentación y fábricas. Este material era secado y procesado por bio-bean, que extraía el llamado coffee oil, luego enviado a Argent Energy para convertirse en componente de biocombustible.
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En la siguiente etapa, el aceite se mezclaba con el diésel mineral para formar un combustible del tipo B20, con 20% de componente biológico y 80% de diésel convencional. Según el comunicado oficial divulgado el 20 de noviembre de 2017, este B20 con parte de aceite de café fue añadido a la cadena de suministro de los autobuses de Londres.
La propuesta mostraba que un residuo alimentario abundante podía ganar función energética sin exigir la creación inmediata de una infraestructura totalmente nueva. En lugar de depender de un cambio completo de flota, el proyecto entró en el sistema como combustible complementario.
Residuos de café en Londres superan 200 mil toneladas por año y explican el interés en el combustible renovable
Uno de los datos más citados en el lanzamiento del proyecto fue el volumen de desecho disponible. En el comunicado de la asociación, Shell y bio-bean afirmaron que el londinense promedio consumía 2,3 tazas de café por día, ayudando a generar más de 200 mil toneladas de residuos de café por año en la ciudad.
En una metrópoli con consumo masivo de café, la escala del residuo ya era suficiente para justificar recolección, procesamiento y transformación industrial de parte de este material.
Fue justamente esta abundancia la que permitió probar la idea en un entorno urbano real. El proyecto no partió de un residuo raro o difícil de obtener, sino de un desecho cotidiano presente en gran volumen en la rutina de la ciudad.
Autobuses de Londres usaron biodiésel con aceite de café sin adaptación mecánica en la flota
Uno de los puntos más importantes del proyecto fue la compatibilidad con los vehículos ya en circulación. El comunicado oficial informó que el B20 con parte de aceite de café podía ser usado sin necesidad de modificación en los autobuses, eliminando la exigencia de cambiar motores o reconstruir la infraestructura de distribución.
Esta característica redujo la barrera de implementación. En sistemas urbanos de gran escala, cualquier cambio que exija adaptación mecánica amplia suele elevar costos y retrasar pruebas operacionales, mientras que combustibles compatibles con la red existente pueden ser incorporados con más rapidez.

En respuesta publicada en 2020, la propia Transport for London aclaró que la experiencia no era un proyecto operacional de la agencia, sino una iniciativa de Bio-Bean y Shell. El organismo informó además que los operadores hacen sus propios arreglos de compra de combustible y que parte de ese biodiésel podía incluir insumos como aceite de fritura, sebo y, en el caso de bio-bean, residuos de café.
Seis mil litros de aceite de café mostraron la viabilidad del proyecto en los autobuses londinenses
Según el comunicado de la asociación, la fase inicial generó 6 mil litros de aceite de café. Este volumen, cuando se utiliza como componente biológico del B20 y se mezcla con el diésel mineral, podría ayudar a abastecer el equivalente a un autobús de Londres por cerca de un año.
Al mismo tiempo, la escala divulgada muestra que se trataba de una aplicación parcial, y no de una sustitución integral del diésel usado por toda la flota. El caso ganó relevancia justamente por probar una ruta complementaria de energía renovable dentro de un sistema ya existente.
Posos de café, economía circular y transporte público colocaron a Londres en el debate sobre energía renovable urbana
La fuerza simbólica del proyecto está en mostrar que un residuo tratado como basura puede volver a la cadena productiva con valor energético. En lugar de seguir directamente para el desecho, parte de los posos de café pasó a ser procesada como insumo industrial para un biocombustible usado en el transporte colectivo.
La experiencia londinense reunió en una única iniciativa tres frentes que ganaron peso en las grandes ciudades: gestión de residuos, combustible renovable y movilidad urbana.
Al aprovechar un descarte diario y encajarlo en la cadena de abastecimiento ya existente, el proyecto mostró una alternativa a corto plazo para reutilizar residuos y reducir la dependencia exclusiva de combustible fósil.
Aunque no representa una conversión total de la flota, el caso permaneció relevante por mostrar que el café consumido diariamente por millones de personas podía dejar de ser solo residuo y pasar a integrar, aunque sea en parte, la infraestructura energética de algunos de los autobuses más conocidos del mundo.

