Pequeño barco solar autónomo cruza el Atlántico en prueba naval que combina navegación sin tripulación, monitoreo remoto y sensores embarcados, en una demostración de tecnología aplicada a la vigilancia oceánica y a la investigación marítima.
Un pequeño barco autónomo movido por energía solar, llamado Lightfish, completó una travesía de aproximadamente 4.000 millas por el Atlántico entre los Estados Unidos y Portugal sin intervención física humana durante el viaje.
La embarcación, apoyada por la Marina de los EE.UU., partió de Sullivan’s Island, en Carolina del Sur, el 30 de junio de 2025, y llegó a Tróia, en Portugal, el 9 de septiembre del mismo año, tras 62 días de navegación.
Según el Naval Information Warfare Center Atlantic, organismo de la Marina estadounidense, fue la travesía transatlántica conocida más rápida realizada por un vehículo de superficie no tripulado.
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El caso reúne elementos de tecnología autónoma, energía solar, sensores embarcados y comando remoto a larga distancia.
Aunque no había tripulación a bordo, el Lightfish fue acompañado por equipos en tierra y por diferentes comandos navales a lo largo de la ruta, con uso de cámaras, telemetría y sistemas de control.
La prueba integró esfuerzos para evaluar cómo embarcaciones no tripuladas pueden operar en misiones prolongadas de observación marítima.
Barco autónomo solar en travesía oceánica
El Lightfish es un vehículo de superficie no tripulado, categoría conocida por la sigla USV, en inglés.
Este tipo de embarcación puede navegar sin personas a bordo, seguir rutas previamente definidas, transmitir datos y ser monitoreado o comandado remotamente por operadores en centros de control.
Fabricado por Seasats, el modelo es descrito por la empresa como una plataforma autónoma solar-eléctrica orientada a misiones de larga duración.
La ficha técnica informa un peso de 305 libras, el equivalente a cerca de 138 kg, velocidad máxima de 5 nudos, autonomía de hasta seis meses y capacidad de carga útil interna de 66 libras, cerca de 29,9 kg.
El fabricante también informa que el Lightfish combina paneles solares, propulsión eléctrica, batería y reserva híbrida.
En el modelo divulgado por Seasats, la embarcación cuenta con comunicaciones por Iridium y Starlink, cámaras de alta definición, AIS, GPS, comunicaciones por satélite y procesamiento embarcado para análisis de datos.
Estas características ayudan a explicar la viabilidad técnica de una travesía larga sin tripulación.
En lugar de depender de abastecimiento frecuente o presencia humana continua, el barco usa energía captada a lo largo de la misión, sistemas de navegación embarcados y supervisión remota para mantener la operación.
Lightfish fue monitoreado por comandos de la Marina de los EE.UU.
La operación del Lightfish no eliminó la participación humana.
De acuerdo con la Marina de los EE.UU., la travesía fue conducida por el Unmanned Naval Innovation Team, ligado al NIWC Atlantic, con apoyo de la Task Force 66, unidad de la 6ª Flota dedicada al desarrollo y la integración de sistemas robóticos y autónomos.
Michael Grass, científico jefe y gerente de programa del equipo, afirmó en material divulgado por el organismo que el objetivo era demostrar la capacidad de ejecutar comando y control de un USV durante la travesía del Atlántico, incluso al cruzar diferentes áreas de responsabilidad.
La declaración indica que la prueba evaluó tanto el desempeño de la embarcación como la coordinación operacional entre comandos.
A lo largo del viaje, el control y la supervisión del Lightfish cambiaban entre diferentes flotas numeradas de la Marina de los EE.UU.
Según Grass, había cambio de comando y de seguimiento de la embarcación por la mañana y por la noche, en un modelo de supervisión distribuida durante toda la misión.
Este arreglo muestra que la expresión “no tripulado” se refiere a la ausencia de personas a bordo, no a la inexistencia de equipos involucrados.
El barco cruzó el Atlántico sin contacto físico humano durante el trayecto, pero la misión requirió operadores, ingenieros, comunicaciones y protocolos de seguimiento en tierra.
Prueba evaluó resistencia, sensores y operación remota
La travesía también sirvió para evaluar la resistencia del sistema tras semanas de exposición al ambiente oceánico.
Según el Departamento de Guerra de los EE.UU., el Lightfish llegó a Portugal necesitando reposición de combustible para el generador a bordo, pequeñas reparaciones y limpieza para continuar en operación.
Equipos también removieron percebes acumulados en la parte inferior del casco, algo registrado tras el período en el mar.
Después de la llegada, la embarcación fue dirigida al REPMUS, ejercicio liderado por Portugal y enfocado en la experimentación con sistemas marítimos no tripulados.
La actividad reúne a más de 30 naciones, centros de excelencia de la OTAN, socios de la industria e instituciones académicas para probar tecnologías, interoperabilidad y estructuras de comando y control.
La secuencia operacional fue relevante para la evaluación de la plataforma, según los responsables del programa.
El Lightfish no terminó su participación al llegar a Portugal; tras inspección, limpieza y ajustes, la embarcación fue incorporada a actividades de experimentación con otros sistemas autónomos.
En el contexto naval, este tipo de vehículo es estudiado para ampliar la llamada conciencia situacional marítima, expresión usada por fuerzas militares para referirse al seguimiento de áreas oceánicas, tráfico de embarcaciones y eventos de interés operacional.
Seasats también presenta el Lightfish Security System como una plataforma orientada a inteligencia, vigilancia y reconocimiento en ambientes costeros, portuarios y de mar abierto.
La tecnología de barcos autónomos también avanza en la investigación oceánica
Además de la aplicación militar, embarcaciones autónomas de superficie pueden ser usadas en monitoreo ambiental e investigación oceánica.
El sistema Lightfish aparece en un proyecto del U.S. Integrated Ocean Observing System, ligado a la NOAA, para apoyar recolecciones relacionadas con floraciones de algas nocivas en el Pacífico Noroeste de los Estados Unidos.
En el proyecto, la plataforma se describe como capaz de operar en condiciones que pueden limitar embarcaciones tripuladas de recolección.
Al ser movida por energía solar, el ASV puede viajar por más tiempo o por distancias mayores sin exigir combustible adicional a bordo, de acuerdo con el organismo.
Este uso ayuda a contextualizar la tecnología más allá del sector de defensa.
Vehículos autónomos de superficie pueden transportar sensores, recolectar datos ambientales, monitorear áreas remotas y apoyar estudios que requieren presencia prolongada en el mar.
La finalidad depende de la carga útil instalada y del diseño de la misión.
La propia Seasats presenta el Lightfish como una plataforma modular.
Según la empresa, el modelo puede ser adaptado para misiones de investigación, patrulla de seguridad y levantamiento de datos.
La embarcación también se describe como portátil, con posibilidad de lanzamiento manual por una o dos personas.
Operaciones no tripuladas aún requieren equipos en tierra
El teniente Alexander Varon, responsable de desarrollo de software no tripulado en la Task Force 66, afirmó en el material oficial que las personas tienden a subestimar “cuán tripuladas son las operaciones no tripuladas”.
Según él, hay participación humana en el lanzamiento, en la recuperación, en el mantenimiento, en la operación y en el soporte de ingeniería necesario para integrar diferentes plataformas en un mismo ecosistema.
La evaluación del militar señala una de las características centrales de este tipo de tecnología: la autonomía reduce la presencia humana a bordo, pero no elimina la necesidad de planificación, supervisión e infraestructura de apoyo.
En travesías largas, esta estructura incluye comunicación, análisis de datos, actualización de rutas y mantenimiento tras la llegada.
Varon también afirmó que vehículos no tripulados pueden ser enviados a ambientes peligrosos sin exponer vidas humanas.
Esta declaración fue hecha en el contexto de las aplicaciones militares de la tecnología y se refiere a la posibilidad de emplear activos autónomos en tareas de riesgo o de larga duración.
Para ingenieros y operadores involucrados en el programa, la travesía generó datos sobre autonomía, resistencia e integración.
La Marina informó que el equipo continuaría acompañando el progreso del Lightfish para refinar capacidades relacionadas con la navegación autónoma, resistencia y distribución de datos en futuras misiones.
Récord del Lightfish en el Atlántico y nuevas misiones
El NIWC Atlantic informó que el Lightfish superó la marca anterior conocida en 12 días.
El organismo también describió la misión como la primera travesía conocida del Atlántico realizada por una embarcación no tripulada de cualquier tipo de forma completamente remota, sin interferencia física a lo largo del recorrido.
El término “récord conocido” es importante porque la comparación depende de los registros públicos disponibles y de los intentos reconocidos por las instituciones involucradas.
Hasta el momento, no hay identificación pública detallada, en las fuentes oficiales consultadas, de la travesía anterior usada como referencia para la diferencia de 12 días.
La misión prosiguió tras la llegada a Portugal.
Según la Marina de los EE. UU., el Lightfish debería seguir hacia África para participar en otro ejercicio y, luego, regresar en dirección a Charleston, en Carolina del Sur.
La continuidad de la operación indica que la embarcación fue tratada como plataforma de pruebas en campaña prolongada, y no solo como demostración aislada de travesía.
Para la vigilancia oceánica, embarcaciones de este tipo pueden complementar barcos, aeronaves, satélites y boyas de monitoreo.
No sustituyen estas estructuras, pero pueden ampliar la recolección de datos en áreas extensas o de acceso más difícil, según la misión, la carga de sensores y la red de comando disponible.

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