Eco-Cooler en Bangladesh usa botellas PET recicladas para aliviar el calor sin electricidad en casas metálicas, pero pruebas científicas piden cautela.
En Bangladesh, donde el calor del verano puede llegar a 45 °C en áreas rurales, un proyecto llamado Eco-Cooler ganó repercusión por usar botellas PET recicladas para intentar aliviar el calor en casas sin ventilador, sin aire acondicionado y sin red eléctrica confiable. La solución fue pensada para ventanas de viviendas simples, muchas de ellas hechas de chapas onduladas de metal, material que se calienta rápidamente bajo el sol fuerte.
El sistema se hizo conocido por funcionar sin motor, sin compresor y sin enchufe. En su lugar, usa viento natural, botellas cortadas y una placa adaptada al tamaño de la apertura de la ventana. La propuesta nació como una respuesta de bajo costo para comunidades expuestas al calor extremo y a la pobreza energética.
Cómo el Eco-Cooler de botellas PET recicladas funciona en ventanas de casas calientes sin electricidad
El Eco-Cooler se monta con botellas plásticas usadas cortadas por la mitad e insertadas en una placa perforada. La parte más ancha queda orientada hacia fuera de la casa, mientras que el cuello apunta hacia adentro, dirigiendo el flujo de aire hacia el ambiente interno.
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En la documentación del proyecto divulgada por ideassonline, los creadores explican que, al entrar por la parte ancha y atravesar el cuello estrecho, el aire sufre un cambio de presión y velocidad. Este efecto fue presentado como la base del enfriamiento percibido dentro de las viviendas.
La lógica descrita por el proyecto es similar a la sensación de aire más fresco al soplar con los labios semicerrados. Por eso, la solución ganó fama como un tipo de ventilación pasiva con botellas PET, destinada a ambientes donde equipos convencionales de climatización no son viables.
Proyecto Eco-Cooler en Bangladesh nació para enfrentar calor extremo en casas de chapa metálica
Según la ficha publicada por IDEASS, el proyecto fue desarrollado por Grey Dhaka y comenzó a instalarse en colaboración con voluntarios de Grameen Intel Social Business Ltd. en aldeas de Bangladesh a partir de 2016. La propuesta era hacer las casas más habitables durante el período de calor intenso.

La misma documentación afirma que el país enfrentaba, en ese contexto, temperaturas de hasta 45 °C en verano y que gran parte de la población rural vivía en lugares donde la electricidad estable no era una opción. Por su parte, Tech Xplore destacó que muchas de estas viviendas estaban hechas de tejas y chapas de zinc corrugado, estructura que intensifica el malestar térmico.
El Eco-Cooler no prometía lujo ni climatización convencional, sino una alternativa simple para reducir el sufrimiento térmico en casas que, bajo sol fuerte, funcionan casi como invernaderos metálicos.
Botellas PET recicladas y materiales baratos hicieron del Eco-Cooler una tecnología frugal de bajo costo
Tras las pruebas iniciales, los creadores colocaron los diseños del Eco-Cooler en línea para descarga gratuita. La intención era permitir que las comunidades copiaran la solución con materiales baratos, reutilizados y fáciles de encontrar localmente.
El montaje fue pensado para usar botellas PET desechadas, una placa rígida cortada en el formato de la ventana y herramientas simples. Esto ayudó a transformar basura plástica en una pieza de infraestructura doméstica improvisada, con atractivo ambiental y social al mismo tiempo.

En un estudio publicado en 2024 por la revista npj Climate Action, de Nature, el Eco-Cooler es descrito como un ejemplo de frugal innovation, precisamente por combinar bajo costo, materiales accesibles y adaptación a contextos con pocos recursos.
Promesa de reducir hasta 5 °C ayudó a que el proyecto se viralizara, pero pruebas científicas recientes piden cautela
La divulgación original del proyecto afirmaba que el sistema tenía capacidad de reducir la temperatura en hasta 5 °C. Este número aparece tanto en la ficha de IDEASS como en coberturas periodísticas de la época, siempre como desempeño asociado a la propuesta presentada por los creadores.
Pero la evaluación científica más reciente trajo un contraste importante. El estudio publicado por Nature probó siete modelos del Eco-Cooler en condiciones controladas que simulaban el clima de Bangladesh y concluyó que no hubo reducción significativa de temperatura, excepto en situaciones de viento bajo, cuando la caída llegó a hasta 0,2 °C.
Esto no borra la relevancia social del proyecto, pero cambia la forma en que necesita ser descrito. En lugar de tratar al Eco-Cooler como una solución universal de enfriamiento, la evidencia más fuerte hoy indica que debe ser visto con cautela, más como un intento de ventilación pasiva de bajo costo que como un sustituto real de sistemas de climatización.
Eco-Cooler se convirtió en símbolo de adaptación climática de bajo costo, a pesar de las limitaciones de desempeño
La fuerza del Eco-Cooler está en la combinación entre simplicidad, reciclaje de plástico y respuesta local a un problema urgente. En regiones donde el calor extremo se suma a la precariedad habitacional y a la falta de electricidad, las soluciones improvisadas suelen ganar espacio justamente porque el acceso a alternativas mejores es limitado.

Fue esto lo que transformó el proyecto de Bangladesh en referencia internacional. La idea de usar botellas PET reutilizadas para mejorar la circulación de aire en casas metálicas pobres movilizó atención global porque unió clima, pobreza energética y creatividad técnica en una misma historia.
Incluso con las limitaciones señaladas por pruebas científicas más recientes, el Eco-Cooler sigue siendo relevante como retrato de una ingeniería doméstica orientada a la supervivencia térmica. En Bangladesh, lo que iba a ser basura se convirtió en una respuesta práctica, barata y simbólica ante un calor que, en muchos hogares, sigue siendo casi insoportable.

