Según el abogado Davi Aragão, tras el desfile del 3 de septiembre de 2025 en Pekín, Brasil señaló su apertura para adquirir armas chinas, arriesgando sanciones y aislamiento internacional.
Brasil mantiene desde hace más de siete décadas una asociación militar sólida con los Estados Unidos, marcada por cooperación en tecnología bélica, ejercicios conjuntos y acceso a equipos de punta. Sin embargo, la participación de Celso Amorim en el mayor desfile militar de la historia de China, el 3 de septiembre de 2025, trajo una alerta: el gobierno brasileño evalúa la posibilidad de estrechar relaciones militares con Pekín y adoptar armas chinas en sustitución a las norteamericanas.
De acuerdo con el abogado Davi Aragão, este cambio tendría consecuencias directas para la defensa y para la política exterior del país. El cambio de proveedores no es solo técnico, sino geopolítico — y puede salir caro en términos de soberanía, confiabilidad y posición internacional.
La asociación histórica con los EUA
Desde los acuerdos firmados en 1952, Brasil cuenta con cooperación militar norteamericana.
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Esta relación se reforzó en 2019, cuando el país recibió el estatus de aliado extra-OTAN, facilitando el acceso a tecnologías avanzadas.
Gracias a esta asociación, tropas brasileñas participaron en entrenamientos conjuntos como UNITAS y JRTC, además de contar con equipos integrados, como el avión A-29 Super Tucano de Embraer, utilizado por la Fuerza Aérea de los EUA en misiones internacionales.
Entre 2020 y 2024, los Estados Unidos representaron 43% de las exportaciones globales de armas, abasteciendo a más de 100 países, en su mayoría democracias occidentales.
El ascenso de las armas chinas
China ocupa hoy el cuarto lugar en el ranking mundial de exportadores de armas, con 5,9% del mercado, suministrando a 44 países, incluidos Pakistán, Bangladés, Argelia y Nigeria.
Sus productos incluyen el caza Chengdu J-20, el tanque VT-4 y drones de ataque de bajo costo.
Según Davi Aragão, el atractivo está en el precio más accesible y en la entrega rápida. Sin embargo, hay críticas serias sobre confiabilidad y seguridad tecnológica.
Relatos de Jordania e Irak muestran fallas frecuentes en drones chinos, algunos revendidos tras un uso frustrante.
Riesgos de ciberseguridad y dependencia
Uno de los puntos más críticos es el riesgo de backdoors tecnológicos integrados en los equipos militares chinos.
Como el sector civil y militar de China están integrados, hay sospechas de vulnerabilidades que podrían permitir control remoto o desactivación a distancia.
Casos similares ya han sido detectados en sensores, grúas portuarias e inversores solares, llevando a países occidentales a prohibir empresas como Huawei y ZTE.
En el peor escenario, sistemas adquiridos por Brasil podrían ser neutralizados en plena operación militar, comprometiendo directamente la defensa y la soberanía nacional.
El roce creciente con Washington
La aproximación con China ocurre en un momento de conflicto abierto entre Brasil y Estados Unidos.
En julio de 2025, el presidente Donald Trump impuso aranceles del 50% sobre importaciones brasileñas, sancionó a autoridades como Alexandre de Moraes y congeló activos.
Paralelamente, abrió un proceso contra Brasil en la OMC por supuestas violaciones comerciales digitales.
Mientras empresarios defendían al país en audiencias en Washington, Celso Amorim estaba en Pekín, al lado de Xi Jinping y Vladimir Putin, reforzando la imagen de un realineamiento diplomático.
Consecuencias estratégicas
Una ruptura con los EUA podría resultar en la pérdida de acceso a tecnologías críticas, como el motor GE F414 del caza Gripen, esencial para la Fuerza Aérea Brasileña.
el país podría ser excluido de ejercicios militares conjuntos y sufrir sanciones económicas, en un escenario similar al de Turquía, sancionada por comprar misiles rusos S-400 y excluida del programa F-35.
Geopolíticamente, Brasil correrá el riesgo de ser visto como parte del eje autoritario liderado por China, Rusia, Irán y Corea del Norte, lo que reduciría su influencia en foros como G20 y ONU y podría generar fuga de inversiones internacionales.
Como destaca Davi Aragão, el posible intercambio de 70 años de asociación con los EUA por armas chinas no es solo una cuestión de mercado, sino de soberanía y reposicionamiento global.
La decisión podría redefinir el papel de Brasil en el tablero internacional, acercándolo a regímenes autoritarios y alejándolo de aliados históricos.
En su opinión, ¿vale la pena que Brasil arriesgue sanciones y aislamiento para adoptar armas chinas más baratas? ¿O es la continuación de la asociación con los EUA aún fundamental para la seguridad nacional? Deje su opinión en los comentarios — queremos escuchar a quienes siguen este escenario en la práctica.


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