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Ex-analista de la CIA advierte que China ya habría superado a EE. UU. en misiles, guerra electrónica, ciber y producción militar, transformando el Pacífico en una zona sin espacios seguros mientras Washington se aferra a la ventaja de los submarinos.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 13/05/2026 a las 00:00
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Evaluación de ex-analista de la CIA reaviva debate sobre tecnología militar, capacidad industrial y equilibrio de fuerzas entre China y Estados Unidos en un escenario de disputa estratégica en el Pacífico.

La modernización militar de China ha colocado a Pekín en una posición de ventaja o paridad con Estados Unidos en áreas relevantes de la guerra contemporánea, según la evaluación del ex-analista de la CIA John Culver en una entrevista publicada por Max Boot en el Washington Post.

Según la lectura de Culver, Washington aún mantiene superioridad en submarinos y guerra submarina, pero enfrenta desafíos en misiles, sensores, guerra electrónica, ciberoperaciones, producción industrial y logística en el Pacífico.

La evaluación tuvo repercusión porque Culver siguió a China durante 35 años en la CIA, con foco en el Ejército Popular de Liberación.

Estudió las Fuerzas Armadas chinas desde 1985, fue oficial nacional de inteligencia para el Este de Asia entre 2015 y 2018 y se jubiló de la agencia en 2020.

Actualmente, figura en la Brookings Institution como investigador sénior no residente.

El punto presentado por el ex-analista no se limita al recuento de barcos, aviones o misiles.

La discusión implica la capacidad de transformar ciencia, tecnología e industria en poder militar sostenido.

En un conflicto de alta intensidad, la reposición de equipos, municiones y sensores puede pesar tanto como el rendimiento de un arma específica.

¿Cómo la tecnología cambió el equilibrio militar entre China y Estados Unidos?

En la entrevista, Culver afirmó que el cambio en el poder militar chino desde los años 80 fue tan amplio que “es difícil no ser hiperbólico”.

La frase fue utilizada para describir el contraste entre la China del fin de la Guerra Fría, aún dependiente de equipos más antiguos, y la potencia que hoy opera satélites, radares, misiles de largo alcance, drones, guerra cibernética y sistemas de comando más integrados.

Según el ex-analista, Estados Unidos aún tiene una clara ventaja en la dimensión submarina.

Submarinos nucleares de ataque, discreción acústica, tripulaciones experimentadas y décadas de operación global siguen siendo áreas en las que Washington conserva superioridad, según su evaluación.

En otros campos, sin embargo, Culver afirma que la distancia ha disminuido o se ha invertido.

Citó **misiles aire-aire, misiles superficie-aire, capacidades contraespaciales, guerra electrónica, reconocimiento, ciber y municiones avanzadas** como áreas en las que China ya rivaliza o supera a EE. UU.

Estos sectores se consideran relevantes porque la guerra moderna depende de redes capaces de detectar, seguir y alcanzar objetivos con rapidez.

Taiwán y la geografía del riesgo en el Pacífico

Taiwán ocupa una posición central en este debate por estar en el punto de encuentro entre intereses estratégicos de Washington y Pekín.

La isla se encuentra cerca de la costa china, lo que crea una importante diferencia geográfica en relación con otros escenarios de actuación militar de Estados Unidos.

Culver dijo que parte del pensamiento en el Pentágono, al menos hasta su jubilación, preveía retirar activos navales de alto valor de la región antes del inicio de una guerra y luego intentar “luchar para regresar” al teatro de operaciones.

Esta formulación, según él, reflejaba la preocupación por la vulnerabilidad de portaaviones, bases avanzadas y aeronaves estadounidenses ante misiles chinos de largo alcance.

El análisis muestra cómo los sensores, satélites, radares y armas de precisión han alterado el uso militar del espacio marítimo.

Durante décadas, la presencia de portaaviones de EE. UU. cerca de una crisis fue utilizada como demostración de capacidad de intervención.

En el Pacífico Occidental, estas embarcaciones tendrían que operar en un área monitoreada y cubierta por sistemas chinos de ataque, según la evaluación de Culver.

El ex-analista afirmó que no hay “espacios seguros” en la región.

Dijo que las fuerzas de EE. UU. posicionadas en Japón, Corea del Sur o Australia podrían ser alcanzadas por ataques chinos de una forma que adversarios como Irán no conseguirían reproducir en Oriente Medio con la misma profundidad.

Astilleros chinos entran en el centro de la disputa militar

La comparación entre Estados Unidos y China también pasa por los astilleros.

En un informe de 2024, el Center for Strategic and International Studies afirmó que el astillero Jiangnan, cerca de Shanghái, por sí solo tiene más capacidad que todos los astilleros norteamericanos combinados.

El mismo estudio estimó que la capacidad china de construcción naval es más de 230 veces superior a la de Estados Unidos.

Esta diferencia industrial ayuda a explicar por qué los expertos en defensa tratan la producción como parte del equilibrio militar.

En caso de pérdidas materiales, la velocidad de reposición de cascos, motores, radares, misiles y municiones puede influir en la duración y el coste de una campaña.

El CSIS también registró que una presentación no clasificada de la Marina de EE. UU. señalaba una capacidad china de construcción naval unas 230 veces mayor que la estadounidense.

Según el análisis, China tiene decenas de astilleros comerciales más grandes y productivos que los mayores astilleros de Estados Unidos.

Al tratar las municiones avanzadas, Culver resumió el problema en una frase: “quien se quede sin munición primero pierde”.

La observación se refiere al consumo acelerado de armamentos guiados, interceptores, sensores y piezas de repuesto en guerras de alta intensidad, un desafío que implica tanto planificación militar como capacidad industrial.

Drones y sistemas autónomos en el Estrecho de Taiwán

La estrategia conocida como “Hellscape” prevé saturar el Estrecho de Taiwán con drones, misiles y sistemas autónomos para dificultar una eventual operación militar china.

La propuesta busca crear un entorno de alto coste para las fuerzas que intenten cruzar el estrecho.

Culver cuestionó la viabilidad práctica de este plan.

Para funcionar, estos sistemas tendrían que estar preposicionados en Taiwán, en Luzón, en el norte de Filipinas, o en las islas del sudoeste de Japón.

Todas estas áreas, según él, están al alcance de ataques chinos, lo que crearía un problema de supervivencia de los equipos antes o durante una campaña.

El debate indica un cambio en la forma en que la tecnología se incorpora a la planificación militar.

Los drones y sistemas autónomos pueden ampliar la capacidad de vigilancia y ataque, pero aún dependen de existencias, energía, comunicación, mantenimiento, bases protegidas y rutas de abastecimiento.

La crítica de Culver también alcanza las inversiones en grandes buques de superficie.

Cuestionado sobre la insistencia de EE. UU. en financiar portaaviones y otras plataformas tradicionales, atribuyó parte de esta preferencia a la cultura institucional de las Fuerzas Armadas, que valora los programas asociados a carreras, mandos y ascensos.

En su evaluación, ampliar el presupuesto sin enfrentar cuellos de botella estructurales puede preservar elecciones que ya no responden plenamente al escenario del Pacífico.

El cálculo de Pekín sobre Taiwán

A pesar de la advertencia, Culver no afirmó que una guerra por Taiwán sea inevitable.

Su evaluación apunta a otro escenario: la ampliación de la ventaja china podría reducir el incentivo a una acción militar inmediata, en caso de que Pekín concluya que es posible alterar el cálculo político de EE. UU. y Taiwán sin lanzar una invasión anfibia a gran escala.

En esta lectura, Taiwán sería una crisis que Xi Jinping buscaría administrar, y no necesariamente una oportunidad militar a ser aprovechada a corto plazo.

La presión podría ocurrir por medio de ejercicios militares, bloqueos, coerción económica, operaciones cibernéticas y desgaste político, sin que esto significara una decisión automática de invasión.

La interpretación difiere de análisis comunes en Washington que citan 2027 como una posible ventana de atención para una acción china.

Culver reconoce que China ha desarrollado capacidades para bloquear, castigar o atacar Taiwán, pero considera que Pekín puede preferir esperar hasta que el coste de intervención parezca demasiado elevado para los estadounidenses.

El propio Ejército Popular de Liberación también enfrenta problemas internos.

Culver mencionó purgas recientes y casos de corrupción en la alta cúpula militar china como señales de preocupación de Xi Jinping por la lealtad, la disciplina y el control político.

Para él, estos episodios no indican necesariamente una preparación inmediata para una guerra, pero revelan incertidumbres dentro de la estructura militar china.

El debate entre analistas en Estados Unidos

La entrevista de Boot con Culver fue publicada pocos días después de que Robert Kagan defendiera, en The Atlantic, que Washington no consigue revertir ni controlar las consecuencias estratégicas de la guerra contra Irán.

La secuencia llamó la atención entre analistas porque Kagan y Boot son autores ligados, históricamente, a una visión más intervencionista de la política exterior estadounidense.

Parte de los críticos de la primacía de EE. UU. interpretó los dos textos como señal de cambio en el debate en Washington.

El comentarista Arnaud Bertrand, por ejemplo, clasificó las publicaciones como una especie de alerta proveniente de nombres asociados al establishment de política exterior estadounidense.

Esta evaluación, sin embargo, es una lectura de analista y no un consenso entre especialistas.

En el Indo-Pacífico, las implicaciones involucran a aliados como Japón, Corea del Sur, Australia, Filipinas y Taiwán.

Estos países mantienen diferentes grados de dependencia de la presencia militar de EE. UU. para disuadir acciones chinas.

Si la evaluación de Culver es correcta, Washington tendría que revisar la protección de bases, la dispersión de fuerzas, la defensa antimisiles, la producción de municiones y la resiliencia logística.

El debate no indica que Estados Unidos haya dejado de ser una superpotencia militar.

El argumento presentado por Culver es más específico: en un conflicto regional cerca de la costa china, contra una potencia industrial capaz de producir misiles, barcos, sensores y drones a gran escala, la superioridad global de EE. UU. podría no convertirse automáticamente en una ventaja local.

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Ana Alice

Redactora y analista de contenido. Escribe para el sitio web Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 y es especialista en crear textos sobre temas diversos como economía, empleos y fuerzas armadas.

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