Estudio de la Consultoría Legislativa de la Cámara señala que la tarifa de energía de la hidroeléctrica incluye gastos socioambientales sin aprobación parlamentaria, elevando artificialmente los precios pagados por millones de consumidores.
Un estudio de la Consultoría Legislativa de la Cámara de Diputados (Conle) reveló que la tarifa de la Usina Hidroeléctrica Binacional de Itaipu incluye gastos socioambientales ilegales, creados sin aprobación del Congreso. El impacto llega a más de R$ 6 mil millones por año, valor que pesa directamente en las cuentas de luz de los brasileños.
A pesar de la liquidación de la deuda de construcción de la usina en 2023, que debería reducir los precios, los costos adicionales impidieron la caída de la tarifa, convirtiendo la energía de Itaipu en más cara que la de otras hidroeléctricas como Belo Monte, Jirau y Santo Antônio.
Cómo surgieron los gastos ilegales
Los gastos fueron introducidos en 2005 mediante la Nota Reversal nº 228, un acuerdo diplomático entre Brasil y Paraguay.
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El documento atribuyó a Itaipu la función de financiar proyectos socioambientales, pero nunca fue sometido al Congreso Nacional, como exige la Constitución en casos de tratados que crean cargas financieras.
Esta ausencia de validación legislativa convierte los gastos en irregulares, según la Conle.
El Itamaraty reconoció en 2024 que la nota no tiene alcance financiero, lo que invalidaría su utilización para modificar tarifas.
Aun así, Brasil y Paraguay aumentaron los valores desde 2022, elevando el costo de la energía y comprometiendo el equilibrio económico de la usina.
La escalada de los costos
Las cifras impresionan. Según la Conle, los gastos socioambientales ascienden a US$ 1,2 mil millones por año — más de R$ 6 mil millones a la cotización actual. En 2022, bajo el gobierno de Bolsonaro, el monto fue de US$ 300 millones. Ya en los gobiernos de Lula, saltó a US$ 840 millones en 2023 y debe alcanzar US$ 1,5 mil millones en 2024 y 2025. Como Brasil consume alrededor de 80% de la energía de Itaipu, la mayor parte de la cuenta recae sobre los consumidores brasileños.
Este incremento artificial mantiene la energía de la binacional por encima de otras usinas.
Un estudio de la Frente Nacional de Consumidores de Energía muestra que el megavatio-hora (MWh) de Itaipu cuesta hoy R$ 246, frente a R$ 114 si se aplicara el cálculo técnico previsto en el tratado original.
El valor supera al de Belo Monte (R$ 185/MWh), Jirau (R$ 187/MWh) y Santo Antônio (R$ 213/MWh).
El peso para los brasileños
El impacto es mayor en los estados del Sur, Sudeste y Centro-Oeste, donde las distribuidoras están obligadas a comprar energía de Itaipu.
Sin alternativas de mercado, los consumidores — especialmente los más pobres — acaban asumiendo tarifas más altas, en un mecanismo considerado regresivo por los especialistas.
La distorsión también se evidencia en la división de costos entre Brasil y Paraguay. En 2024, Brasil pagó por 80,5% de la energía, pero recibió solo 69,4%.
Ya en el primer semestre de 2025, la discrepancia continuó: Brasil financió 78,5% y recibió 66%, mientras que Paraguay obtuvo una ventaja proporcional.
Precedentes ignorados y falta de transparencia
El Congreso ya había reconocido la necesidad de aprobación legislativa en casos similares.
En 2009, cuando el pago a Paraguay por la cesión de energía triplicó de US$ 120 millones a US$ 360 millones anuales, el acuerdo fue enviado al Legislativo, firmado por Celso Amorim, Guido Mantega y Edison Lobão.
En el caso de la nota de 2005, este trámite no se cumplió.
Además de la ilegalidad, hay denuncias de falta de transparencia en los convenios.
Documentos divulgados por la prensa muestran contratos con irregularidades, como convenios deportivos que preveían la compra de más pelotas que el número de niños atendidos.
Hasta hoy, los detalles de los contratos no están disponibles públicamente.
Para la Conle, los convenios socioambientales de Itaipu violan el tratado original y comprometen la lógica de cálculo técnico del precio de la energía.
El modelo, según los consultores, no solo impide la caída natural de las tarifas sino que beneficia intereses políticos y diplomáticos en detrimento del consumidor brasileño.
¿Y tú, crees justo que los brasileños asuman R$ 6 mil millones anuales en gastos socioambientales ilegales de Itaipu? ¿Este modelo fortalece o debilita la transparencia y la justicia en el sector eléctrico? Deja tu opinión en los comentarios — tu visión puede enriquecer este debate.

Gatuno presidente, preços superfaturados sempre.
Com um **** como presidente e querendo se eternizar no poder, as coisas só podem piorar.
Pelos números e datas, todo o descontrole da administração recai nesse governo de populismo barato. Isto só vem prejudicar quem quer investir, esse é um dos itens do custo Brasil.