Brian May astrofísico se unió a una investigación que intenta explicar por qué Bennu y Ryugu tienen semejanzas tan notables y, al mismo tiempo, diferencias intrigantes en el agua atrapada en sus materiales.
Brian May, guitarrista de Queen y astrofísico, se unió a investigadores de asteroides para investigar cómo surgieron cuerpos como Bennu y Ryugu. El trabajo reunió simulaciones en supercomputadora, imágenes estereoscópicas en 3D y datos de misiones espaciales para intentar responder a una de las preguntas más curiosas de la ciencia planetaria: ¿estos asteroides provienen del mismo tipo de origen?
El estudio llama la atención porque los dos objetos tienen formas parecidas, con el llamado perfil de «peonza», pero guardan diferencias importantes en la cantidad de agua en sus materiales. Mientras tanto, la investigación también ayuda a avanzar los preparativos de la misión Hera, de la ESA, enfocada en la defensa planetaria.
Según la ESA, el equipo también buscó entender si estas características aparecen pronto en la formación de los asteroides o si son resultado de cambios a lo largo del tiempo.
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Semejanzas entre Bennu y Ryugu levantan una duda antigua

Bennu, visitado por la misión OSIRIS-REx de la NASA, tiene cerca de 525 metros de diámetro. Ryugu, alcanzado por la sonda japonesa Hayabusa2, llega a 1 kilómetro. A pesar de la diferencia de tamaño, los dos exhiben la misma forma alargada con franja ecuatorial saliente y densidades parecidas.
El problema es que la semejanza termina ahí. El mapeo espectral mostró diferencias claras en la hidratación de los materiales. Ryugu aparece menos hidratado que Bennu, incluso siendo considerado más joven en términos astronómicos, con una edad estimada en cerca de 100 millones de años.
Para Brian May, la forma y el nivel de hidratación funcionan como pistas reales del origen de estos cuerpos. La idea es usar estas marcas para reconstruir la historia de cada uno de ellos.
Simulaciones en supercomputadora intentan volver en el tiempo
La investigación fue liderada por Patrick Michel, director de investigación del CNRS y científico principal de la misión Hera, de la ESA. El equipo realizó simulaciones numéricas de asteroides de 100 kilómetros siendo destruidos en colisiones, liberando fragmentos que luego volverían a aglomerarse.
Estas rondas fueron hechas en la supercomputadora Bluecrab, operada por el Maryland Advanced Research Computing Center, en trabajo ligado a la Johns Hopkins University y a la University of Maryland. El proceso llevó meses y exigió programación detallada para simular contacto entre partículas, con rodamiento, deslizamiento y fricción de cizallamiento.
El resultado mostró que la reacomodación de los fragmentos puede generar formas variadas, pero tiende a producir un cuerpo en forma de peonza. Luego, este objeto aún puede ser acelerado por el efecto YORP, causado por el calentamiento desigual de la luz solar, y ganar la saliencia ecuatorial en menos de un millón de años.
Imágenes 3D revelaron diferencias de calentamiento entre los fragmentos
Brian May también trabajó con Claudia Manzoni, de la London Stereoscopic Company, para crear imágenes estereoscópicas en 3D del momento justo después de los impactos simulados. Las visualizaciones mostraron que los fragmentos pueden salir de una misma colisión con niveles muy diferentes de calentamiento.
Esto importa porque el calentamiento interfiere directamente en la hidratación de los materiales. En un mismo evento, sería posible formar un cuerpo con poca alteración térmica, como Bennu, y otro con materiales más calentados, como Ryugu.
En la lectura de los investigadores, los dos asteroides pueden incluso formar parte de la misma familia, viniendo del mismo cuerpo ancestral. Como ambos parecen tener origen en la misma región del cinturón de asteroides, esta hipótesis se fortaleció, aunque la confirmación depende del análisis de las muestras que deben ser traídas por las misiones Hayabusa2 y OSIRIS-REx.
El estudio también conversa con la misión Hera
Patrick Michel destacó que la investigación también ayuda a la misión Hera, de la ESA, que va a estudiar el sistema binario Didymos después de la alteración de trayectoria causada por el impacto de la sonda DART, de la NASA. El propio comportamiento de asteroides en forma de peonza, como Bennu y Ryugu, también aparece en Didymos.
Este tipo de investigación es importante porque mezcla origen, estructura interna y defensa planetaria. Al entender cómo estos cuerpos se forman y se transforman, los científicos ganan más pistas sobre el Sistema Solar y sobre cómo responder a amenazas futuras.
Al final, la participación de Brian May muestra cómo ciencia y exploración espacial pueden andar de la mano de una forma poco común. Y, en este caso, la guitarra quedó en segundo plano ante una pregunta que aún mueve a investigadores en todo el mundo: ¿de dónde vinieron Bennu y Ryugu?
Si te gustan estas historias en las que ciencia y espacio se cruzan de una manera inesperada, comparte y cuenta qué fue lo que más llamó tu atención.
