Una propiedad rodeada por una nueva autopista en China ha reavivado la discusión sobre indemnizaciones, obras públicas y la resistencia de propietarios que no aceptan dejar sus casas incluso cuando grandes proyectos urbanos avanzan a su alrededor.
La imagen parece un montaje, pero se ha convertido en uno de los retratos más fuertes de la urbanización acelerada en China. En Jinxi, en la provincia de Jiangxi, una residencia quedó aislada entre las pistas de la G206 después de que el propietario rechazara un acuerdo de indemnización y las obras avanzaran alrededor de la propiedad.
Según el South China Morning Post, la casa recibió el apodo de “Eye of Jinxi”, o “Ojo de Jinxi”, porque, vista desde arriba, recuerda a un ojo rodeado por el asfalto. El caso llamó la atención no solo por el impacto visual, sino por lo que revela sobre un fenómeno conocido en el país como “nail houses”, casas que permanecen en pie mientras todo a su alrededor es demolido o transformado.
El propietario, identificado en diferentes relatos como Huang Ping, habría rechazado una oferta de 1,6 millones de yuanes, cerca de US$ 220 mil. La obra continuó de todas formas, con la carretera rodeando la residencia y una ruta especial de acceso para mantener a la familia conectada al exterior.
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Qué son las “nail houses” chinas
El término “nail house”, conocido en chino como dingzihu, describe propiedades que resisten la demolición tras un desacuerdo entre residentes, autoridades o desarrolladores. The Guardian define este tipo de casa como una propiedad cuyo dueño rechaza la compensación ofrecida para dejar el lugar.
La imagen es fuerte porque transforma una disputa administrativa en una escena urbana casi surrealista. En lugar de desaparecer con el avance de la obra, la casa permanece como un punto aislado, rodeado por excavaciones, canteros, edificios derribados, viaductos o nuevas vías.
Reuters también utiliza el término para explicar propiedades que quedan como “clavos” difíciles de remover dentro de áreas ya liberadas para nuevos desarrollos. En el caso de Jinxi, el efecto visual fue aún más llamativo porque la autopista fue construida alrededor de la casa, creando una escena que se viralizó rápidamente.
El caso de Jinxi ganó fuerza tras la apertura de la autopista

El caso de Jinxi no terminó cuando el asfalto estuvo listo. Reportajes de Oddity Central y Cadena SER señalaron que la familia terminó dejando la propiedad después de que la carretera entrara en operación, ante el ruido, la vibración y el tráfico constante.
Este giro dio otro peso a la historia. La casa que antes simbolizaba resistencia pasó a mostrar también el costo práctico de permanecer rodeado por una gran obra. Incluso con el acceso creado por el equipo de construcción, la vida cotidiana dentro de la residencia cambió completamente.
La fuerza de la imagen ayudó a que el caso circulara por el mundo, pero la discusión va más allá de la curiosidad visual. Pasa por indemnización, derecho de permanencia, presión urbana y el límite entre una obra pública y la vida de quienes están en el camino del proyecto.
Wenling se convirtió en uno de los casos más famosos en 2012
Antes de Jinxi, uno de los episodios más conocidos ocurrió en Wenling, en la provincia de Zhejiang, en 2012. Luo Baogen, un agricultor de patos de 67 años, y su esposa se quedaron como los últimos residentes de un área demolida para abrir una carretera hasta una estación ferroviaria.
Según China Daily, más de 500 familias comenzaron a salir de la región a partir de 2008. Luo, sin embargo, consideraba la compensación insuficiente para construir otra casa en la aldea. El valor citado era de 260 mil yuanes, cerca de US$ 41,7 mil en la época.
CBS/AP informó que Luo decía haber gastado cerca de 600 mil yuanes, aproximadamente US$ 95 mil, para construir la casa. La oferta inicial habría sido de 220 mil yuanes y luego subió a 260 mil yuanes. La carretera ya estaba concluida, pero aún no había sido abierta al tráfico.
El desenlace llegó el 1 de diciembre de 2012. Reuters registró que la casa fue demolida después de que Luo aceptó un acuerdo, tras conversaciones con el gobierno local y familiares. The Guardian también relató la demolición tras la aceptación de la compensación.

Viaducto en Guangzhou también rodeó a los residentes
Otro ejemplo notable apareció en Guangzhou, en la provincia de Guangdong. En 2015, ABC News mostró un antiguo edificio residencial rodeado por un viaducto circular recién construido. Algunos residentes habían rechazado salir de un bloque marcado para demolición desde 2008.
La solución encontrada fue construir la gran vía alrededor del edificio. Una vez más, el resultado llamó la atención porque la obra no borró la resistencia, solo la encuadró dentro de la nueva infraestructura.
Según ABC News, muchos residentes de “nail houses” se niegan a salir porque creen que la compensación ofrecida no es suficiente. Este punto aparece en diferentes casos, de Wenling a Jinxi, siempre con el mismo telón de fondo: la disputa entre grandes proyectos urbanos y residentes que no aceptan los términos de la remoción.
La disputa detrás de la imagen viral
Las “nail houses” no son solo curiosidades arquitectónicas. Revelan una tensión social más profunda, en un país que ha pasado por transformaciones urbanas intensas y obras de gran escala.
China Daily citó al profesor Shen Kui, de la Universidad de Pekín, al explicar que los residentes tenían derecho legal de permanecer mientras no recibieran lo que buscaban, aunque el gobierno también tenía el deber de ejecutar obras públicas. El mismo especialista señaló bajos estándares de compensación en tierras colectivas como una de las raíces del problema.
Reuters recordó que la Ley de Propiedad china de 2007 buscó reforzar la protección de bienes privados y contener expropiaciones ilegales, aunque sin privatizar plenamente tierras rurales colectivas. Por su parte, Amnistía Internacional alertó, en 2012, que los desalojos forzosos seguían siendo una fuente relevante de conflicto en China, con compensaciones muchas veces por debajo del valor real de mercado.
La casa aislada entre pistas, por lo tanto, no llama la atención solo por parecer imposible. Muestra cómo un inmueble común puede transformarse en símbolo cuando la ciudad avanza más rápido que el acuerdo entre quien construye y quien vive.
Al final, el caso de Jinxi va más allá de una residencia rodeada por asfalto. Resume, en una sola imagen, el choque entre progreso urbano, indemnización rechazada y permanencia, mostrando que incluso una casa solitaria puede obligar a una gran obra a cambiar de forma.
