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Cemento vivo que repara grietas y fisuras por sí solo comienza a ser utilizado por constructoras después de que una investigación comprobara que bacterias inactivas producen caliza automáticamente, reduciendo infiltraciones, corrosión del acero y costos millonarios de mantenimiento en puentes y edificios.

Escrito por Alisson Ficher
Publicado el 23/05/2026 a las 16:36
Actualizado el 23/05/2026 a las 16:37
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Tecnología con bacterias latentes transforma pequeñas fisuras en puntos de reparación automática en el concreto, creando una barrera mineral contra infiltraciones y corrosión. Avance estudiado en los Países Bajos apunta a estructuras expuestas a la humedad, donde el mantenimiento frecuente suele generar costos elevados para gobiernos, empresas y constructoras.

El concreto autorreparable con bacterias, también llamado bioconcreto, avanza como una alternativa para reducir daños provocados por pequeñas fisuras en estructuras expuestas al agua, sobre todo en puentes, túneles, paredes subterráneas, garajes y obras marítimas.

La tecnología utiliza esporas bacterianas y nutrientes incorporados al material para formar carbonato de calcio cuando el agua entra por las grietas, bloqueando parte de la infiltración y ayudando a proteger la armadura de acero.

La investigación asociada a la Delft University of Technology, en los Países Bajos, ganó destaque por probar un mecanismo biológico de cicatrización del concreto, basado en la acción de microorganismos resistentes al ambiente altamente alcalino del cemento.

Estudios ligados al investigador Henk Jonkers señalan que bacterias latentes, combinadas con compuestos orgánicos como lactato de calcio, pueden convertir nutrientes en caliza y sellar fisuras de pequeña apertura.

Cómo el concreto con bacterias cierra fisuras

El sistema parte de un problema conocido en la ingeniería: el concreto resiste bien a la compresión, pero puede fisurarse cuando se somete a tensiones, variaciones de temperatura, retracción o esfuerzos estructurales a lo largo del tiempo.

Estas aberturas, incluso cuando parecen pequeñas, facilitan la entrada de agua, sales y otros agentes agresivos que aceleran la corrosión del acero interno.

Para reducir este riesgo, los investigadores incorporaron al concreto esporas de bacterias del género Bacillus, además de nutrientes a base de calcio.

Estos componentes permanecen inactivos dentro de la matriz cementicia hasta que el agua penetra por una fisura y crea las condiciones necesarias para activar el proceso biológico de reparación.

Cuando entran en contacto con la humedad, las esporas germinan y comienzan a consumir el nutriente disponible.

Durante esta actividad metabólica, ocurre la formación de carbonato de calcio, un mineral compatible con el concreto y capaz de llenar las microfisuras, reduciendo el paso de agua por el interior de la estructura.

Este mecanismo también puede consumir oxígeno en el lugar de la fisura, un factor relevante porque la presencia de oxígeno y humedad favorece la corrosión de las armaduras metálicas.

Por eso, la propuesta no elimina la necesidad de diseño, inspección y mantenimiento, pero puede disminuir la velocidad de deterioración en ambientes donde el acceso para reparaciones es difícil o caro.

Bioconcreto apunta a puentes, túneles y obras húmedas

Las aplicaciones más citadas para el bioconcreto involucran obras en contacto frecuente con agua, como túneles, subsuelos, estructuras marítimas y elementos de infraestructura sujetos a la acción de sales.

En estos casos, la infiltración por fisuras puede comprometer la durabilidad y elevar los gastos de mantenimiento a lo largo de la vida útil de la construcción.

La Delft University of Technology informa que el concreto autorreparable fue desarrollado con enfoque en productos específicos para diferentes mercados de la ingeniería civil, incluyendo revestimientos de túneles, paredes estructurales de subsuelos, pisos de concreto, puentes viales y estructuras marítimas.

El avance comercial, sin embargo, depende de rendimiento, costo y validación a escala real.

En pruebas descritas en publicaciones del área, se observó la cicatrización completa en fisuras submilimétricas, con referencia a aperturas de cerca de 0,15 milímetros en muestras analizadas por técnicas microscópicas y ensayos de permeabilidad.

El resultado indica potencial para sellar pequeñas fisuras, pero no significa que el material sea capaz de corregir daños estructurales amplios sin intervención técnica.

La diferencia es importante porque grietas mayores pueden indicar problemas de diseño, ejecución, sobrecarga, asentamiento o degradación avanzada.

En esos casos, el concreto con bacterias no sustituye informes, refuerzos estructurales, recuperación convencional o medidas de seguridad definidas por ingenieros responsables.

El costo aún pesa en la adopción a gran escala

El principal obstáculo para la adopción en masa sigue siendo económico.

Un reportaje técnico de la revista Ingenia, de la Royal Academy of Engineering, registró que las primeras formulaciones del concreto autorreparable podrían costar cerca del doble del concreto convencional, aunque ese valor podría ser compensado en obras donde el mantenimiento es complejo, caro o arriesgado.

La lógica financiera está en el ciclo de vida de la estructura, no solo en el precio inicial del metro cúbico.

Si la tecnología reduce reparaciones, cierres, infiltraciones y corrosión, el costo adicional puede tener sentido en puentes, túneles, estructuras costeras y construcciones subterráneas, donde fallas pequeñas suelen generar gastos elevados a lo largo de los años.

También hay limitaciones técnicas.

Una de las formulaciones iniciales usaba partículas de arcilla expandida para proteger los agentes de cicatrización, pero esta adición podía reducir la resistencia a la compresión del concreto en determinadas aplicaciones.

Investigadores comenzaron entonces a buscar versiones más económicas y con menor impacto en las propiedades mecánicas del material.

Lo que la investigación ya ha demostrado sobre el bioconcreto

Los estudios disponibles sostienen que bacterias inactivas y compuestos orgánicos pueden actuar como agente de autocicatrización en fisuras pequeñas, especialmente por la formación de carbonato de calcio.

También hay evidencias de reducción de permeabilidad en muestras de concreto bacteriano, lo que ayuda a explicar el interés de la construcción civil por la tecnología.

No hay, sin embargo, confirmación segura de que la investigación haya “comprobado matemáticamente” una viabilidad comercial completa para uso amplio por constructoras en cualquier tipo de obra.

Lo que existe es una combinación de resultados de laboratorio, pruebas a mayor escala, desarrollo de productos y asociaciones orientadas a aplicaciones específicas de alto costo de mantenimiento.

La tecnología tampoco transforma el concreto en un material “vivo” en el sentido común de la palabra.

El término aparece de forma popular para describir la presencia de microorganismos inactivos en el material, pero el proceso depende de condiciones específicas, como entrada de agua por la fisura, disponibilidad de nutrientes y apertura compatible con la capacidad de relleno mineral.

El impacto ambiental puede ser positivo cuando la solución prolonga la vida útil de estructuras y reduce la necesidad de reparaciones, sustituciones o producción adicional de materiales.

Aun así, este beneficio depende del tipo de obra, del rendimiento real, de la escala de aplicación y de la comparación con alternativas convencionales de mantenimiento.

Por qué el concreto autorreparable atrae a la construcción civil

La construcción civil busca desde hace años materiales más duraderos porque el mantenimiento de puentes, túneles, edificios y estructuras subterráneas consume recursos públicos y privados elevados.

En muchos casos, la degradación comienza de forma silenciosa, con microfisuras que permiten la entrada de agua antes de cualquier señal visible de pérdida de rendimiento.

En este escenario, el concreto con bacterias surge como una tecnología de prevención, no como solución milagrosa.

El objetivo es retrasar la deterioración, disminuir infiltraciones y proteger la armadura en ambientes agresivos, especialmente donde la inspección humana es limitada o donde reparaciones exigen paradas costosas.

Investigaciones sobre Bacillus pseudofirmus y Bacillus cohnii indican que bacterias alcalifílicas pueden precipitar carbonato de calcio al utilizar fuentes orgánicas, como lactato de calcio, en mecanismos estudiados para autorreparación del concreto.

Esta línea científica sigue en desarrollo y aparece en revisiones y estudios experimentales publicados en los últimos años.

La adopción comercial tiende a avanzar primero en obras en las cuales el costo de mantenimiento supera el ahorro obtenido con materiales convencionales.

En edificios comunes, la decisión depende de normas, disponibilidad local, precio, desempeño certificado y responsabilidad técnica, factores que aún condicionan el uso a gran escala.

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Alisson Ficher

Periodista graduado desde 2017 y activo en el área desde 2015, con seis años de experiencia en revista impresa, experiencia en canales de televisión abierta y más de 12 mil publicaciones en línea. Especialista en política, empleos, economía, cursos, entre otros temas y también editor del portal CPG. Registro profesional: 0087134/SP. Si tiene alguna duda, quiere reportar un error o sugerir un tema sobre los asuntos tratados en el sitio, contáctenos por correo electrónico: alisson.hficher@outlook.com. ¡No aceptamos currículos!

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