En lugar de exportar desde casa y tropezar con las tasas europeas, empresas del gigante asiático levantan fábricas a pocas horas de barco de España. Bruselas teme una ruta indirecta para sus productos. Marruecos y las compañías chinas, sin embargo, rechazan la acusación y hablan de desarrollo y asociación genuinos.
China encontró una brecha y estaría entrando en Europa por la puerta trasera, al montar al otro lado del Estrecho de Gibraltar, en Marruecos, una red de fábricas de baterías, neumáticos y autopartes. Según análisis del periódico Financial Times, esta estructura permitiría sortear las tarifas de hasta 45% que la Unión Europea creó precisamente para contener la entrada de coches eléctricos chinos, aunque Marruecos y las empresas involucradas niegan que ese sea el objetivo, defendiendo que se trata de un desarrollo industrial legítimo.
El reportaje, publicado a finales de mayo de 2026 por el Financial Times y repercutido internacionalmente, describe un polo industrial chino en rápido crecimiento en las regiones de Tánger y Kenitra. Es importante dejar claro, desde ya, que este artículo solo relata el debate y los datos disponibles, sin tomar partido: de un lado están los temores de autoridades europeas y de analistas; del otro, la respuesta del gobierno marroquí y de las empresas chinas, que rechazan la idea de que estarían solo eludiendo las reglas, como veremos a continuación.
La estrategia de China en Marruecos

Empresas chinas han estado invirtiendo miles de millones de dólares en Marruecos, construyendo lo que los analistas describen como una cadena de suministro cada vez más completa para vehículos eléctricos, que va desde materiales para baterías hasta neumáticos, frenos y componentes electrónicos, concentrada sobre todo en torno a las ciudades de Tánger y Kenitra.
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De acuerdo con datos del Rhodium Group citados por la prensa, la inversión china anunciada en Marruecos suma cerca de US$ 6 mil millones desde la pandemia.
La lógica, según la perspectiva china, no sería abandonar Europa, sino acercarse aún más a ella: en lugar de transportar productos acabados por miles de kilómetros desde China, las empresas pueden fabricar componentes y vehículos a pocas horas de los principales mercados europeos, reduciendo costos y riesgos comerciales.
Por qué Marruecos se convirtió en el destino preferido
El país norteafricano reúne una combinación rara de ventajas.
Marruecos ofrece proximidad geográfica con Europa, costos de mano de obra competitivos, energía renovable, ventajas fiscales como una exención de impuestos por cinco años y una amplia red de cerca de 50 acuerdos comerciales, que dan acceso a un vasto mercado consumidor, incluyendo la Unión Europea y los Estados Unidos, según el Financial Times.
A esto se suma la infraestructura logística del país, destacando el puerto de Tánger Med, hoy uno de los mayores del Mediterráneo y de África.
Para muchas empresas chinas, producir en Marruecos se ha vuelto más atractivo que seguir fabricando en China y enfrentar las crecientes barreras comerciales occidentales.
No por casualidad, según relatos del sector, el país ha recibido continuas delegaciones de potenciales inversores chinos interesados en establecerse allí.
Las fábricas que ya están siendo levantadas

Entre las inversiones más destacadas está la gigafábrica de baterías de Gotion High-tech, valorada en US$ 1,3 mil millones, en construcción en Kenitra, que debe convertirse en la mayor unidad de este tipo en África, mientras en la zona industrial de Tánger operan o se instalan empresas como el fabricante de neumáticos Sentury Tire y la de materiales para baterías BTR New Material Group, además del fabricante de frenos APG, con una planta de US$ 70 millones.
Un detalle relevante es que la propia industria occidental participa de este ecosistema: la alemana Volkswagen, por ejemplo, posee una participación de cerca del 25% en Gotion High-tech, lo que muestra cómo las fronteras entre capital chino y europeo no siempre son nítidas.
El fabricante Stellantis, dueño de marcas como Peugeot y Fiat, también tiene operaciones en Kenitra, reforzando el papel de Marruecos como polo automotriz que atrae inversores de diferentes orígenes.
El temor de Bruselas y la cuestión de las tarifas
Es aquí donde reside el punto más sensible y controvertido del debate.
Las autoridades de la Unión Europea temen que Marruecos se transforme en un canal indirecto para la entrada, en el mercado europeo, de productos apoyados por capital, tecnología y subsidios chinos, aprovechando los acuerdos comerciales del país para escapar de las tarifas de hasta el 45% impuestas a los vehículos eléctricos de China, según el Financial Times.
El comisario de Comercio de la Unión Europea, Maroš Šefčovič, afirmó al periódico que las inversiones chinas en Marruecos reflejan el esfuerzo de Pekín para canalizar el exceso de producción, calificando la tendencia como un gran problema para la economía europea.
El desafío señalado por Bruselas es distinguir dónde termina la industrialización genuina de Marruecos y dónde comenzaría una estrategia para sortear tarifas, una línea delgada que se vuelve más difícil de trazar a medida que las cadenas de producción se vuelven más complejas.
La otra cara: la respuesta de Marruecos y China
Para un retrato justo, es esencial escuchar a quienes son objeto de las sospechas.
El gobierno marroquí rechaza la idea de que sus zonas económicas especiales serán utilizadas por China para exportar exceso de producción a Europa, y defiende que el país está construyendo una cadena de valor propia, con la meta de atender a una producción significativa de vehículos eléctricos por año, generando empleos, infraestructura y crecimiento económico.
Del lado de las empresas, ejecutivos chinos argumentan que europeos, marroquíes y chinos pueden compartir los beneficios de esta colaboración, con fábricas que combinan mano de obra y materiales locales con tecnología china.
Aún hay un aspecto técnico en disputa: las llamadas reglas de origen exigen que los productos pasen por transformación local suficiente para entrar en Europa sin tarifas, aunque algunos analistas tienen dudas sobre hasta qué punto se cumplirá este criterio.
El debate, por lo tanto, está lejos de una respuesta simple.
Por qué esto interesa a Brasil
El caso marroquí ayuda a entender un fenómeno que también llega por aquí.
Brasil ha estado recibiendo inversiones chinas en el sector de vehículos eléctricos y baterías, con la llegada de fabricantes como BYD, y también discute el equilibrio entre atraer estas fábricas y proteger la industria nacional, en un debate parecido al que se ve en Europa, aunque con un contexto propio.
Seguir la estrategia china de acercarse a grandes mercados a través de terceros países ayuda a comprender las transformaciones del comercio global y de la industria automotriz, de las cuales Brasil también forma parte.
La forma en que Europa, Estados Unidos y países emergentes van a lidiar con la expansión industrial china será uno de los temas económicos más importantes de los próximos años, con reflejos directos sobre empleos, precios y tecnología a escala mundial.
La construcción de un polo industrial chino en Marruecos, a las puertas de Europa, es un retrato vivo de la disputa económica global en torno a los vehículos eléctricos y las cadenas de producción.
De un lado, China busca nuevas rutas para mantener su enorme capacidad productiva activa frente a las barreras occidentales; del otro, Europa intenta proteger su industria sin cerrar las puertas a la inversión.
En medio está Marruecos, que ve en las inversiones una oportunidad de desarrollo.
Más que señalar culpables, el episodio plantea una cuestión central para la economía mundial: ¿hasta qué punto las tarifas logran, de hecho, contener un movimiento industrial tan global y adaptable?
¿Y tú, qué opinas de esta estrategia de China de producir en Marruecos para acercarse más a Europa? ¿Crees que las tarifas pueden frenar el avance de los productos chinos? Deja tu comentario, con respeto a las diferentes opiniones, participa en el debate de forma cordial y comparte el artículo con quienes estén interesados en economía, industria automotriz y geopolítica.

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