Estudio compara bosques plantados y naturales en China y muestra diferencias de crecimiento, manejo y absorción de carbono, en medio del avance de uno de los mayores programas de reforestación del mundo.
Árboles plantados en grandes proyectos de reforestación en China están aumentando su área foliar a un ritmo superior al observado en bosques naturales, según un estudio publicado en 2026 en la revista científica Geophysical Research Letters.
La investigación analizó bosques plantados y naturales en el país y atribuye esta diferencia a factores como la edad de los árboles, manejo humano, selección de especies de crecimiento acelerado y respuesta al aumento de dióxido de carbono en la atmósfera.
El tema ganó repercusión por involucrar la llamada Great Green Wall, o Gran Muralla Verde, iniciativa creada por China para contener la expansión de los desiertos de Gobi y Taklamakan.
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De acuerdo con el reportaje original de Live Science, el país ya ha plantado 66 mil millones de árboles desde 1978 dentro del programa y prevé añadir otros 34 mil millones hasta mediados de este siglo.
Oficialmente, el proyecto es conocido como Programa Forestal de Refugio de los Tres Nortes.
La iniciativa abarca áreas del norte, noreste y noroeste de China y, según registro de la plataforma de Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, fue lanzada por el gobierno chino para mejorar las condiciones ecológicas y ampliar la cobertura forestal en 13 provincias, regiones autónomas o municipios del norte del país.
Reforestación en China y avance de la Gran Muralla Verde
El equipo liderado por Yuhang Luo, ecólogo del paisaje vinculado a la Universidad de Pekín en Shenzhen, utilizó datos de satélite para seguir el índice de área foliar, medida que indica la densidad de la copa de los árboles.
Este indicador es utilizado por científicos para estimar parte de la capacidad de un bosque de absorber carbono, aunque no representa por sí solo todo el carbono acumulado en troncos, raíces, cortezas y suelo.
En la comparación hecha por los investigadores, los bosques plantados en China tuvieron un aumento de área foliar 66% más rápido que los bosques naturales.
Según el estudio, una parte significativa de esta diferencia está relacionada con el hecho de que las áreas reforestadas son, en promedio, más jóvenes.
Los árboles en etapas iniciales de desarrollo suelen presentar un crecimiento más acelerado que los árboles maduros, especialmente cuando se someten a manejo dirigido.
La diferencia, sin embargo, no desapareció cuando los autores compararon bosques de edad similar y en condiciones ambientales parecidas.
En este contexto, las áreas plantadas aún presentaron un crecimiento 4,6% más rápido.
El efecto fue más evidente en bosques mixtos y perennes, de acuerdo con los datos presentados en la investigación.
Los autores también observaron que la respuesta al CO₂ atmosférico fue mayor en los bosques plantados que en los naturales.
Para el equipo, este comportamiento indica que los modelos climáticos pueden subestimar diferencias importantes entre tipos de bosque al calcular la absorción de carbono.

(Crédito de la imagen: PEDRO PARDO via Getty Images)
Por qué los árboles plantados crecen más rápido
La ventaja identificada en los bosques plantados no fue atribuida solo al clima o a la mayor concentración de carbono en el aire.
De acuerdo con los investigadores, el manejo humano desempeña un papel relevante en el resultado.
En muchos casos, estas áreas utilizan especies de crecimiento rápido, como eucaliptos y álamos, además de prácticas como la eliminación de vegetación competidora y la fertilización del suelo.
Con menor competencia por luz, agua y nutrientes, los árboles plantados pueden responder de manera más intensa al llamado efecto de fertilización del CO₂.
Este proceso ocurre cuando concentraciones más altas del gas contribuyen al crecimiento vegetal en determinadas condiciones ambientales.
La investigación, sin embargo, no trata este efecto como ilimitado.
Los autores destacan que la respuesta de los árboles depende de factores como la disponibilidad de agua, nutrientes en el suelo, temperatura, diversidad de especies y edad del bosque.
Sin estas condiciones, el aumento de CO₂ no se traduce necesariamente en un mayor crecimiento vegetal.
El estudio señala además que la diferencia entre bosques plantados y naturales alcanza su punto más alto cuando los árboles tienen entre 30 y 40 años.
Después de los 40 años, la ventaja disminuye de manera perceptible.
En los bosques naturales, el crecimiento tiende a ser más lento, pero puede mantenerse por períodos más largos.
En una entrevista con Live Science, Luo afirmó que los bosques plantados pueden funcionar como una herramienta a corto plazo para la absorción de carbono.
El investigador, sin embargo, destacó que este beneficio es temporal y dijo que, para el almacenamiento de carbono y la resiliencia a largo plazo, “los bosques naturales siguen siendo insustituibles”.
Absorción de carbono y límites del índice de área foliar
La investigación no afirma que los bosques plantados sean siempre más eficientes que los bosques naturales en la lucha contra el cambio climático.
El estudio mide el aumento del índice de área foliar, y no el total de carbono almacenado por un bosque.
Esta distinción es relevante porque el carbono puede quedar retenido en diferentes partes del ecosistema, incluyendo madera, raíces, cortezas y suelo.
Kevin Dsouza, quien trabajó con modelos de reforestación durante su investigación de posdoctorado en la Universidad de Waterloo y no participó en el estudio, dijo a Live Science que los resultados tienen sentido desde el punto de vista biológico.
Según él, copas amplias en árboles jóvenes y de rápido crecimiento pueden favorecer una mayor absorción de carbono.
El investigador también hizo una advertencia sobre el uso del índice de área foliar como medida de crecimiento y secuestro de carbono.
En su evaluación, el indicador es útil, pero no ofrece una visión completa del almacenamiento de carbono en un bosque.
Esta cautela aparece en otro estudio sobre bosques chinos, publicado en 2025 en la revista Communications Earth & Environment.
La investigación concluyó que, en edades comparables, los bosques jóvenes regenerados naturalmente presentan tasas mayores de acumulación de carbono sobre el suelo que los bosques jóvenes plantados, principalmente por diferencias en la densidad de los árboles.
El mismo estudio observó que los bosques plantados jóvenes pueden secuestrar más carbono en el presente por ocupar áreas más grandes.
Aun así, las proyecciones de los autores indican que, hasta 2060, el stock total de carbono sobre el suelo en estas áreas puede quedar por debajo de lo observado en bosques naturales jóvenes.
Por este motivo, los investigadores defendieron la optimización de la estructura de los bosques plantados para ampliar el almacenamiento de carbono.
Modelos climáticos y políticas de reforestación
Los resultados refuerzan la necesidad de diferenciar bosques plantados y naturales en políticas climáticas y modelos de carbono, según los autores del estudio publicado en Geophysical Research Letters.
Plantar árboles puede ampliar rápidamente la vegetación en áreas degradadas, reducir erosión y contribuir a la captura de carbono, pero los efectos varían según la edad del bosque, diversidad de especies, manejo y tiempo de maduración.
Luo afirmó a Live Science que muchos modelos globales de ecosistemas aún no distinguen de forma adecuada bosques plantados y naturales.
Para el investigador, también hay limitaciones en la forma en que estos modelos representan cambios asociados a la edad de los árboles, lo que puede afectar estimaciones usadas en políticas de reforestación y contabilidad de carbono.
El caso chino ilustra la escala de proyectos de ingeniería ecológica adoptados para enfrentar desertificación y cambios en el uso del suelo.
En noviembre de 2024, Reuters informó, con base en medios estatales chinos, que China concluyó un cinturón verde de cerca de 3 mil kilómetros alrededor del desierto de Taklamakan, dentro de los esfuerzos iniciados en 1978.
El mismo reportaje registró que más de 30 millones de hectáreas de árboles habían sido plantadas y que la cobertura forestal nacional había superado el 25% a finales de 2023.
Estos números fueron presentados en el contexto de las acciones chinas para ampliar barreras vegetales contra desertificación y tormentas de arena.
Proyectos de este tipo, sin embargo, también enfrentan cuestionamientos técnicos.
Entre los puntos citados por investigadores y especialistas están la supervivencia de las plántulas, uso de agua en regiones áridas, riesgo de monocultivos, presencia de plagas y eficacia real en la reducción de tormentas de arena.
Estos factores hacen insuficiente evaluar el éxito de una política de reforestación solo por el número de árboles plantados.
En el estudio liderado por Luo, la principal implicación señalada por los autores es que la plantación de árboles puede tener un papel relevante en la absorción de carbono a corto plazo, pero no sustituye la conservación de bosques naturales.
Para políticas públicas, la diferencia entre plantar, restaurar y preservar altera los resultados esperados para carbono, biodiversidad y estabilidad de los ecosistemas.
