¡Una pesadilla estructural atormenta esta ciudad brasileña! Los edificios-caja, construcciones populares sin seguridad, siguen derrumbándose y segando vidas.
En Pernambuco, la historia de los edificios-caja está marcada por tragedias y una advertencia sobre las consecuencias de construcciones irregulares que, décadas después de su construcción, continúan representando riesgos para miles de familias.
Según un reportaje del portal G1, estos edificios, que albergaron parte significativa de la población del Gran Recife, se convirtieron en sinónimo de inseguridad y dolor, especialmente después de diversos derrumbes que dejaron un rastro de víctimas fatales y daños irreparables.
La administradora Rosângela Costa, de 60 años, es una de las muchas víctimas de esta pesadilla.
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En 1984, cuando el Conjunto Beira-Mar, en Paulista, en la Región Metropolitana de Recife, aún estaba en construcción, vio una oportunidad única de realizar el sueño de la casa propia.
En esa época, el mercado ofrecía condiciones facilitadas, como la exención de entrada y el pago a plazos sin intereses.
No obstante, lo que parecía ser una conquista de la vida, pronto se transformó en un tormento, cuando lo que parecía ser una vivienda ideal se reveló un gran error de ingeniería.
Rosângela compró uno de los apartamentos localizados en un edificio que, hoy, es un ejemplo trágico de cómo la falta de fiscalización y la construcción apresurada pueden llevar a consecuencias fatales.
Según Luiz Fernando Bernhoeft, ingeniero civil del Consejo Regional de Ingeniería y Agronomía de Pernambuco (Crea-PE), el edificio fue un “edificio-caja”, una construcción concebida de manera totalmente irregular, que no seguiría las normas mínimas de seguridad y durabilidad.
A lo largo de las décadas, estos edificios comenzaron a demostrar serios signos de fragilidad.
En 2023, al menos el 11% de la población del Gran Recife residía en edificaciones de este tipo.
Estos edificios, que no respetaban las normas básicas de la ingeniería, como el uso de vigas, pilares y hormigón armado, se convirtieron en un riesgo inminente.
Desde la década de 1970, Pernambuco vio la proliferación de esta tipología de construcción, impulsada por intereses comerciales, sin la mínima preocupación por la seguridad de los habitantes.
Hasta hoy, el problema no está resuelto. A pesar de la prohibición de los edificios-caja en 2005, la población aún convive con los vestigios de estas construcciones irregulares, muchas de ellas abandonadas o ocupadas de forma precaria.
Los moradores y ex-moradores aún esperan indemnizaciones, pero la sensación de impotencia es creciente, pues muchos saben que las posibilidades de ser compensados por todo lo que perdieron son mínimas.

¿Qué son los edificios-caja?
La historia de los edificios-caja no es única de Pernambuco, pero, sin duda, el estado se ha convertido en uno de los principales ejemplos de las consecuencias de construcciones mal planificadas y ejecutadas.
La falta de fiscalización, asociada al uso de materiales inadecuados y a la presión de sindicatos de ceramistas en la década de 1970, aceleró el proceso de construcción de edificios de hasta cuatro pisos, pero sin ningún tipo de seguridad estructural.
¿Qué son, en definitiva, los edificios-caja? Son construcciones hechas sin la utilización de hormigón armado, vigas o pilares.
La idea era crear edificaciones de “mampostería resistente” que, sin los materiales esenciales para garantizar la seguridad de las estructuras, se volvían, con el tiempo, inestables.
Por eso, el nombre “edificio-caja”: la forma simple, cuadrada y sin detalles arquitectónicos, que se asemeja a una caja, es la característica que más se destaca en las construcciones de esta tipología.
El formato de caja y la estructura frágil no son los únicos problemas, sin embargo.
La política urbana de suelo de la época determinaba que los edificios no necesitaban de ascensores y, por lo tanto, estaban limitados a solo cuatro pisos.
Esto hacía que la construcción fuera más barata, pero al mismo tiempo, extremadamente vulnerable a daños estructurales.
El formato de las construcciones favorecía el uso de materiales de pésima calidad, como cerámica mal fabricada y otros componentes de bajo costo.
Estas prácticas tenían como objetivo la viabilización financiera de la obra, pero ignoraban los riesgos para la seguridad.
El problema actual
Uno de los mayores ejemplos de esta tragedia es el Conjunto Muribeca, en Jaboatão dos Guararapes.
Con 2.200 apartamentos, el residencial, que fue erigido aún en la década de 1980, fue interditado en 2014 y demolido en 2020.
El problema no era exclusivo de un único emprendimiento, sino una condición sistémica que afecta a miles de personas hasta hoy.
Estimaciones apuntan que, en todo el Gran Recife, existen cerca de 5.300 edificios-caja, muchos de los cuales tienen grandes probabilidades de derrumbarse, debido a la precariedad de sus estructuras.
Estudios realizados por el Instituto de Tecnología de Pernambuco (ITEP) indican que al menos 226 inmuebles presentan un riesgo muy alto de derrumbe, y otros 2.120 están en alto riesgo.
Esto ocurre, en gran medida, debido a la utilización de materiales inadecuados y construcciones hechas directamente sobre suelos inestables, lo que agrava aún más el problema con el paso de los años.
Tragedia y consecuencias
Las consecuencias de estas fallas no son solo teóricas.
En agosto de 2023, la pesadilla se concretó para los moradores del Conjunto Beira-Mar.
Parte del edificio donde vivía Rosângela Costa se derrumbó, llevando a la muerte de 14 personas y dejando a otras 21 heridas.
Esta tragedia, que podría haber sido evitada si las construcciones hubieran seguido las normas técnicas básicas, evidencia la gravedad del problema y la necesidad urgente de una solución para lo que aún es un drama vivido por miles de pernambucanos.
La triste realidad de las víctimas y ex-moradores es una constante en Pernambuco.
Como Rosângela Costa, muchas personas compraron su inmueble con la esperanza de alcanzar la estabilidad y realizar el sueño de la casa propia.
Pero este sueño se transformó en pesadilla para aquellos que vivieron durante años en edificios construidos sin la mínima preocupación por la seguridad.
Muchos, como Rosângela, pasaron décadas creyendo que estaban protegidos, pero al final enfrentaron la dura realidad de un inmueble que, en lugar de ofrecer un hogar, acabó convirtiéndose en un riesgo para la vida.

Soluciones y acciones
La solución para este problema exige una acción más rigurosa de los organismos competentes, además de una mayor concienciación sobre la importancia de seguir normas de seguridad en proyectos habitacionales.
Aunque los edificios-caja han sido prohibidos hace casi 20 años, el legado de esta construcción mal hecha aún atormenta a muchas familias.

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