La pequeña ciudad en Suiza, llamada Bergün/Bravuogn, anunció en 2017 la prohibición de fotos de su paisaje alegando que la belleza local podría causar depresión en quienes vean las imágenes en las redes sociales, pero la medida era una campaña de marketing para promover el turismo
En 2017, una curiosa noticia tomó cuenta de las redes sociales: una ciudad en Suiza habría prohibido que turistas tomaran fotos de sus paisajes por ser “demasiado bonitos”. El motivo divulgado era inusual — según la administración local, las imágenes compartidas en línea podrían causar tristeza e incluso depresión en personas que las vieran y no pudieran visitar el lugar. La historia rápidamente se viralizó, generando debates sobre turismo, redes sociales y salud emocional.
La verdad, sin embargo, era otra. El anuncio de la prohibición provino de la pequeña aldea de Bergün/Bravuogn, en el cantón de Graubünden, y formaba parte de una campaña de marketing elaborada para atraer atención internacional. La medida, aunque ficticia, cumplió su papel: colocó una ciudad poco conocida en el mapa turístico global y generó miles de menciones en las redes sociales.
La ciudad suiza que se hizo famosa por “prohibir” fotos de sí misma

La supuesta prohibición fue comunicada en un tono serio, con declaraciones oficiales y carteles por la ciudad pidiendo a los visitantes que no tomaran fotos.
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El argumento era que la belleza natural de Bergün/Bravuogn era tan impresionante que las imágenes podrían causar insatisfacción en quienes las vieran en línea.
La acción tuvo enorme repercusión en la prensa internacional, con periódicos y portales de varios países publicando la noticia sin darse cuenta de que se trataba de una estrategia publicitaria.
La “prohibición” duró pocos días, tiempo suficiente para que la aldea se convirtiera en viral.
Poco después, la propia administración reveló que todo era una acción de marketing creativa y humorística para promover el turismo en la región.
Cuando la ficción se mezcla con la estrategia de marketing
Según las autoridades locales, el objetivo de la acción era llamar la atención sobre el turismo en Bergün/Bravuogn, una aldea de montaña que vivía del esquí y de los paisajes alpinos.
El alcalde en ese momento llegó a afirmar, en tono de broma, que la ciudad era “tan hermosa que debería ser apreciada solo en persona”.
Tras el éxito de la campaña, las autoridades revocaron la supuesta ley e incentivaron a los visitantes a tomar fotos y compartirlas con el hashtag #Bergün.
El resultado fue un aumento real en la visibilidad del destino, que comenzó a recibir más turistas y curiosos, atraídos por la fama repentina de “ciudad que prohibió fotos”.
La reflexión sobre la viralización y el poder de las redes sociales
El caso de Bergün/Bravuogn muestra cómo una narrativa inusual y emocional puede difundirse rápidamente en la era digital, especialmente cuando involucra temas relacionados con la felicidad, las redes sociales y la estética.
La idea de una ciudad que “protege el bienestar de las personas” al impedir fotos tocó un punto sensible, la presión por vidas perfectas en las redes y la comparación constante con la felicidad ajena.
A pesar de ser una broma, la campaña levantó discusiones sobre el papel de las fake news y la desinformación como herramienta de marketing, además de mostrar cómo la credulidad del público aún es explorada de forma creativa y, en este caso, inofensiva.
La frontera entre humor, desinformación y creatividad
Los expertos en comunicación y turismo señalan que, aunque el caso fue humorístico, ilustra la delgada línea entre la publicidad y la manipulación de la información.
En tiempos de desinformación digital, la “bromita” suiza sirvió como recordatorio de que no toda noticia viral es verdadera, y que la verificación sigue siendo esencial para evitar distorsiones.
Aun así, el episodio es visto como un ejemplo de marketing inteligente y eficaz, que transformó una ciudad desconocida en un tema global, utilizando humor, emoción y curiosidad, tres ingredientes centrales de la viralización contemporánea.
