Nuevas evidencias geológicas asocian el origen del Éufrates a dos ríos ancestrales que cambiaron de curso a lo largo de millones de años, en un proceso que ayuda a explicar la formación de una de las principales cuencas hidrográficas ligadas a la antigua Mesopotamia.
Un estudio publicado en la revista Nature Geoscience señala que el río Éufrates, citado en la tradición bíblica como uno de los cursos de agua asociados al Jardín del Edén, se habría formado a partir de la reorganización de dos grandes sistemas fluviales antiguos.
De acuerdo con la investigación, los ríos Paleo-Karasu y Paleo-Murat drenaban hacia el Mediterráneo oriental hace cerca de 5,5 millones de años, antes de que cambios tectónicos redirigieran sus cursos hacia el Golfo Pérsico.
La investigación fue conducida por un equipo internacional liderado por el geólogo Andrew Madof, de Chevron, con participación de investigadores ligados a la Universidad de Oxford, entre ellos Claudia Bertoni y Richard Walker.
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Para reconstruir la trayectoria de estos antiguos ríos, los autores combinaron datos de reflexión sísmica, mapeo geomorfológico y modelado de sedimentos, metodología usada para analizar cursos de agua que ya no existen con la misma configuración.
Actualmente, el Éufrates atraviesa Turquía, Siria e Irak y, junto al Tigris, compone el sistema hidrográfico ligado a Mesopotamia, región históricamente asociada al desarrollo de áreas agrícolas y centros urbanos antiguos.
En la literatura histórica y arqueológica, Mesopotamia aparece vinculada al Creciente Fértil, área en la que condiciones ambientales favorecieron la expansión de la agricultura, la formación de ciudades y la organización de sociedades complejas.
Origen del río Éufrates fue rastreado por datos sísmicos
La investigación avanzó a partir de datos recolectados en 2014, cuando levantamientos sísmicos realizados en la costa del Líbano identificaron señales de antiguos depósitos fluviales sobre gruesas capas de sal en el fondo del Mediterráneo.

Según los investigadores, estos registros llamaron la atención porque no correspondían al patrón esperado para un área actualmente sumergida y distante de grandes ríos modernos que pudieran explicar la presencia de este tipo de sedimento.
Las capas de sal analizadas están asociadas a la Crisis de Salinidad Mesiniana, episodio geológico ocurrido entre aproximadamente 5,97 millones y 5,33 millones de años atrás, cuando el Mediterráneo pasó por una fuerte alteración ambiental.
En ese intervalo, estudios geológicos indican que el Mediterráneo sufrió intensa evaporación y tuvo su nivel rebajado de manera extrema, con partes del fondo marino expuestas o parcialmente aisladas en determinados períodos.
Al comparar los sedimentos enterrados con formaciones conocidas en tierra, el equipo asoció estos materiales a dos antiguos sistemas fluviales, identificados como Paleo-Karasu y Paleo-Murat.
El Paleo-Karasu aparecía como un brazo más al norte, mientras que el Paleo-Murat ocupaba una posición más al sur, ambos relacionados a ríos que hoy integran las cabeceras del Éufrates moderno.
Paleo-Karasu y Paleo-Murat eran ríos gigantes
La modelización presentada en el estudio indica que estos ríos antiguos tenían dimensiones superiores a las de los cursos de agua actuales de la región, considerando parámetros como caudal y transporte de sedimentos.
Según las estimaciones citadas por los investigadores, el Paleo-Karasu habría superado al Nilo moderno, mientras que el Paleo-Murat habría sido mayor que los ríos Tigris y Éufrates actuales combinados.
A pesar de este tamaño, los dos sistemas no mantuvieron por largo período el drenaje hacia el Mediterráneo durante la fase de mayor exposición de la cuenca.
Según la National Geographic, los ríos habrían escurrido hacia el área entonces deshidratada del Mediterráneo por cerca de 120 mil años, intervalo considerado corto cuando se observa en la escala geológica.
Después de este período, la configuración del paisaje pasó por cambios graduales asociados a la actividad tectónica de la región.
Fallas geológicas, terremotos y procesos de formación de relieve habrían desplazado tramos de los ríos y alterado la dirección del escurrimiento a lo largo de millones de años.

De acuerdo con la reconstrucción publicada, el Paleo-Murat cambió de curso primero, alrededor de 3,6 millones de años atrás, mientras que el Paleo-Karasu habría sido redirigido cerca de 800 mil años después.
Cambios tectónicos formaron el Éufrates moderno
Con el cambio en la dirección del drenaje, los dos sistemas dejaron de alimentar el Mediterráneo oriental y comenzaron a seguir hacia el sureste.
La reconstrucción presentada en el estudio indica que la unión de estos cursos dio origen al sistema del Éufrates, que ya fluía en dirección al Golfo Pérsico hace alrededor de 1,6 millones de años.
Este modelo ayuda a explicar por qué depósitos fluviales antiguos aparecen sobre capas de sal en el Mediterráneo, incluso sin grandes ríos actuales desembocando en esa área específica.
La investigación también añade datos al análisis de la evolución del relieve en el oeste de Asia, en una fase anterior al desarrollo de las sociedades humanas que más tarde ocuparían Mesopotamia.
Andrew Madof afirmó a Live Science que el paisaje moderno en tierra y los sedimentos enterrados en el mar preservan señales del antiguo Éufrates.
En explicación sobre la metodología, el investigador comparó el trabajo a rastrear “huellas” enterradas del río fuera de la costa y conectarlas a los puntos en que esos vestigios reaparecen en tierra.
Descubrimiento amplía datos sobre Mesopotamia
La investigación trata del origen geológico del Éufrates y la reorganización de sistemas de drenaje que precedieron la ocupación humana de Mesopotamia.
Al describir cómo la tectónica alteró la circulación de las aguas en la región, el estudio relaciona procesos geológicos de larga duración con la formación de ambientes que, posteriormente, fueron ocupados por poblaciones humanas.
Richard Walker, coautor del estudio en Oxford, afirmó que el trabajo evidencia el papel de la tectónica en el desarrollo del Creciente Fértil.
Según él, sin la reorganización del curso del Éufrates y su cambio de dirección del Mediterráneo al Golfo Pérsico, el ambiente regional podría haber presentado otra configuración.
La interpretación también se inserta en debates científicos sobre la Crisis de Salinidad Messiniana.
Durante décadas, investigadores discuten hasta qué punto el Mediterráneo se secó, de qué forma la cuenca recibió agua dulce y cómo sus depósitos de sal se formaron a tan gran escala.
Para Angelo Camerlenghi, investigador del Instituto Nacional de Oceanografía y Geofísica Experimental de Italia consultado por National Geographic, los nuevos datos pueden contribuir a esta discusión científica.
Los propios autores observan, sin embargo, que la reconstrucción involucra márgenes de incertidumbre, pues se apoya en modelado computacional, imágenes sísmicas y evidencias remotas, no solo en muestras directas de campo.
Éufrates aparece en la tradición bíblica y en la geología
La asociación del Éufrates al Jardín del Edén proviene del libro del Génesis, que cita el río entre los cuatro cursos de agua ligados a la narrativa del paraíso.
En el libro del Apocalipsis, el Éufrates también aparece en un pasaje sobre su sequía antes de una batalla escatológica, referencia que aparece en interpretaciones religiosas posteriores sobre el río.
El estudio, sin embargo, no busca confirmar interpretaciones religiosas ni localizar el Jardín del Edén.
La contribución presentada por los investigadores está en el campo de la geología, con la reconstrucción de cómo ríos antiguos moldearon el paisaje del Medio Oriente antes de las primeras civilizaciones conocidas en la región.
Con base en las evidencias analizadas, el equipo propone que la historia del Éufrates comenzó con dos ríos separados, desviados por fuerzas tectónicas y posteriormente reunidos en un nuevo sistema fluvial.
Este proceso, ocurrido a lo largo de millones de años, está entre los elementos geológicos usados para explicar la formación de la red hidrográfica que atraviesa el oeste de Asia.

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