Científicos brasileños transforman CO₂ en e-metanol, gasolina y diésel verdes, con potencial para abastecer barcos, autos y camiones.
El dióxido de carbono (CO₂), villano climático y principal gas de efecto invernadero, puede convertirse en un aliado estratégico en la transición energética brasileña. Científicos brasileños y empresas nacionales desarrollan tecnologías capaces de capturar este gas — de procesos industriales o directamente de la atmósfera — y convertirlo en combustibles renovables como e-metanol, gasolina y diésel verdes – combustible renovable.
El avance coloca a Brasil en la ruta de las naciones con capacidad de abastecer sectores de difícil electrificación, como el transporte marítimo y terrestre pesado, con alternativas limpias y sostenibles.
E-metanol: innovación nacida en la USP con potencial para el sector marítimo – combustible renovable
En el Instituto de Química de la Universidad de São Paulo (IQ-USP), un proyecto conducido en el ámbito del Centro de Investigación para Innovación en Gases de Efecto Invernadero (RCGI), asociación entre FAPESP y Shell, busca producir e-metanol a partir de CO₂ capturado en plantas de etanol.
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El ingeniero químico Pedro Vidinha, cofundador de la startup Carbonic, explica que Brasil reúne condiciones únicas para esta producción: alto volumen de CO₂ puro generado en la fermentación de la caña, energía eléctrica proveniente de la quema del bagazo y vapor para alimentar el proceso químico.
Con un catalizador patentado a base de óxidos de titanio y renio, el grupo logró convertir el 18% del CO₂ en productos, con un 98% de selectividad para el metanol.
La expectativa de los científicos brasileños es construir hasta 2026 una planta piloto de combustible renovable en la Ciudad Universitaria, con capacidad de generar hasta tres litros diarios de e-metanol. Si se valida, la tecnología podrá migrar a escala industrial en plantas de caña de azúcar, con proyección de producción anual superior a 100 mil toneladas.
Gasolina y diésel renovables: proyecto CO2CHEM amplía posibilidades
Paralelamente, Repsol Sinopec Brasil, en asociación con Hytron, Senai-CETIQT y USP, desarrolla el proyecto CO2CHEM, que transforma CO₂ e hidrógeno en gasolina y diésel renovables.
La unidad piloto, inaugurada en marzo en la sede de Hytron en Campinas, puede producir hasta 20 litros por día, consumiendo 1 tonelada de CO₂. La ingeniera Cassiane Nunes, de Repsol Sinopec, destaca que el sistema puede operar con CO₂ proveniente de cualquier fuente y ser alimentado por energía renovable, garantizando un ciclo cerrado de carbono.
El proyecto también explora la captura directa de CO₂ del aire (Direct Air Capture – DAC), tecnología pionera en Brasil implementada con el Instituto del Petróleo y de los Recursos Naturales de PUCRS, capaz de remover carbono de la atmósfera para uso en el proceso productivo.
Referencia internacional y desafíos de competitividad
En el escenario global, la producción de e-metanol ya es una realidad. Desde mayo, la ciudad de Kasso, en Dinamarca, alberga la primera fábrica comercial, con capacidad de 42 millones de toneladas por año, operada por European Energy y Mitsui. Maersk, gigante del transporte marítimo, es el principal cliente y utiliza el combustible en barcos que emiten hasta un 65% menos de gases de efecto invernadero que los que funcionan con aceite fósil.
En Brasil, además de los proyectos de USP y Repsol Sinopec, Petrobras, Braskem y HIF Global han anunciado planes para unidades de e-metanol, aún en fase inicial. El gran desafío, según Vidinha, es hacer que el combustible sea competitivo: mientras que el bunker fósil cuesta alrededor de US$ 300 por tonelada, el e-metanol tiene un costo aproximado de US$ 1.300, un valor que tiende a caer con el aumento de la escala.
Impacto estratégico para la descarbonización
El desarrollo de estas tecnologías es fundamental para sectores que no pueden depender únicamente de la electrificación, como barcos, camiones de larga distancia y aviones. Además de reducir emisiones, el uso de CO₂ como materia prima ayuda a crear una economía circular de carbono, transformando un pasivo ambiental en insumo de alto valor.
La regulación internacional, como las metas de la Organización Marítima Internacional para lograr cero emisiones netas hasta 2050, debe acelerar la demanda y abrir espacio para que Brasil se convierta en exportador de combustibles renovables avanzados.
¿Y tú, crees que Brasil podrá posicionarse como líder global en la producción de combustibles renovables a partir de CO₂ en los próximos años?



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