Fósil de pluma de 30.000 años es el primero de su tipo ya encontrado. El hallazgo revela información inédita sobre aves antiguas
Valentina Rossi vio por primera vez el fósil de un buitre leonado de 30.000 años aún como alumna de maestría, en 2014, en Roma. El ave, encontrada en 1889 cerca de la capital italiana, estaba en excelente estado. Rossi se quedó fascinada al observar la impresión fosilizada de la cabeza del animal y una pluma fósil preservada, mientras escuchaba la explicación del investigador Dawid Iurino.
En ese momento, Iurino comentó que la composición exacta de las plumas fosilizadas aún era un misterio. Determinar esto exigiría métodos más avanzados y, según él, esa sería una misión para estudios futuros.
El análisis de estructuras tan bien preservadas superaba lo que el grupo de paleontólogos podía hacer en ese momento.
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Más de una década después, la respuesta finalmente llegó. Un nuevo estudio liderado por Rossi, con colaboración de Iurino y otros investigadores, fue publicado en la revista Geology. La investigación reveló que las plumas fueron fosilizadas por zeolitas — minerales formados a partir de compuestos de aluminio y silicio.
Descubrimiento inédito
Es la primera vez que los científicos informan sobre la mineralización de tejidos blandos por zeolitas. El descubrimiento abre nuevas posibilidades para la paleontología. Rossi, ahora paleontóloga de University College Cork, en Irlanda, explica que encontrar plumas preservadas en tres dimensiones ya es muy raro. Y encontrarlas mineralizadas es aún más inusual.
La presencia de zeolitas indica que la fosilización de la pluma fósil ocurrió a partir de la interacción entre rocas volcánicas y agua. Con esto, los científicos ahora pueden explorar ambientes volcánicos como potenciales lugares de preservación de tejidos blandos.
Origen de las plumas fosilizadas: microscopio y espectroscopia
Para comprobar el origen mineral de las plumas fósiles, los investigadores utilizaron un microscopio electrónico de alta potencia. Estudiaron la forma y la textura de las estructuras preservadas.
Después, aplicaron diferentes técnicas de espectroscopia para analizar la estructura química. El resultado confirmó la presencia de enlaces compatibles con zeolitas.
La mineralización de tejidos blandos generalmente depende de la composición química. Tejidos musculares, por ejemplo, son frecuentemente fosilizados por fosfato de calcio, pues ya contienen calcio y fósforo.
No obstante, las plumas no contienen silicio ni aluminio, lo que hizo que la presencia de las zeolitas fuera un punto intrigante.
Hipótesis sobre el proceso químico
Según Rossi, la mineralización puede haber ocurrido debido al pH del tejido en descomposición. Mary Schweitzer, profesora emérita de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, que no participó en el estudio, comentó que ciertas moléculas en descomposición pueden atraer aluminio o sílice. Ella afirmó que aún se necesitan más investigaciones para entender completamente esta transformación.
Estudios anteriores ya han demostrado que las zeolitas pueden formarse en materiales biológicos sumergidos en soluciones que contienen silicio y aluminio. La novedad ahora es observar esto en plumas fosilizadas de forma natural, algo inédito hasta entonces.
Estudio de la pluma fósil: el fin del buitre
Con los datos obtenidos, los científicos lograron montar un modelo tafonómico — una reconstrucción de los últimos momentos del animal hasta su fosilización. No había indicios de heridas. La sospecha de los investigadores es que el buitre haya muerto a causa de gases tóxicos emitidos durante una erupción volcánica.
Aún muerto, el cuerpo del animal permaneció intacto. Puede que haya sido cubierto por un flujo volcánico más frío y lento. Esto explicaría la preservación de los tejidos, que normalmente serían destruidos por el calor.
La lava se endureció con el cuerpo del ave por debajo. Después de algún tiempo, las lluvias penetraron en la roca y generaron un fluido con alto contenido de minerales.
Ese fluido reaccionó con los tejidos del ave. La combinación química generó las zeolitas, que comenzaron a reemplazar el tejido antes de que este se descompusiera por completo. Así, las plumas se transformaron en piedra.
Nuevas pistas para futuros descubrimientos
Los autores sugieren que este tipo de fosilización puede haber sucedido con muchos otros organismos a lo largo del tiempo. Según ellos, es posible que categorías enteras de fósiles estén siendo ignoradas por estar en formaciones rocosas consideradas inadecuadas.
Generalmente, las áreas volcánicas no se ven como buenos lugares para buscar fósiles, debido a la violencia de los flujos de lava. Pero el nuevo descubrimiento muestra que algunas excepciones existen. La investigación puede cambiar cómo los científicos eligen dónde excavar y qué buscar.
Con información de ZME Science.

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