Descubrimiento de Nidos Prehistóricos en el Hielo de Alaska Anticipa en 30 Millones de Años la Presencia de Aves en el Ártico, Cambiando la Historia de la Evolución Aviana
Un equipo internacional de científicos hizo un descubrimiento sorprendente en el extremo norte de Alaska: fragmentos fosilizados de huesos de polluelos de aves que vivieron hace al menos 73 millones de años. Estos hallazgos, encontrados en la remota Formación Prince Creek, indican que las aves ya se reproducían en el Ártico durante el final del Período Cretácico, mucho antes de lo que los científicos imaginaban, informa Daily Galaxy.
Más de 50 fragmentos óseos, muchos con textura esponjosa característica de huesos en crecimiento rápido, fueron extraídos de sedimentos extremadamente finos, bajo condiciones de hasta -30 °C. Estos huesos pertenecen a polluelos o embriones, lo que sugiere actividad de nidificación en altas latitudes, un comportamiento inesperado para ese tiempo.
Durante el Cretácico Superior, el Ártico era un ambiente más templado, pero aún sujeto a variaciones estacionales intensas. La idea de aves incubando huevos en este ambiente hostil, antes incluso del fin de los dinosaurios, representa una verdadera ruptura de paradigma para la paleontología.
La ausencia de fósiles de enantiornites, un grupo dominante de aves arcaicas en el resto del mundo, plantea la hipótesis de que las aves descubiertas en el Ártico estaban más cerca de las especies modernas — y que quizás tenían ventajas evolutivas para lidiar con el frío.
Estas aves coexistieron con tiranosaurios, ceratopsios y otros dinosaurios del Ártico. La convivencia sugiere un ecosistema altamente adaptado, donde tanto dinosaurios como aves podían reproducirse en condiciones adversas.
Una Nueva Pieza en el Rompecabezas de la Evolución de las Aves
La investigadora Lauren Wilson, de la Universidad de Princeton, identificó tres grupos distintos entre los fósiles: aves con dientes similares a los de los buzos modernos, otras parecidas a gaviotas, y formas aún más cercanas a las aves actuales. Esto amplía el entendimiento sobre la diversidad aviana al final del Cretácico.
Aún no se sabe si estas aves vivían todo el año en el Ártico o migraban como lo hacen algunas especies hoy. Pero la presencia de polluelos sugiere que al menos parte de la reproducción ocurría en el lugar, algo inédito para el período.
El paleontólogo Steve Brusatte, que no participó del estudio, afirmó que estas aves ya eran partes esenciales de los ecosistemas polares. El descubrimiento refuerza que los ancestros de las aves modernas desempeñaban roles ecológicos relevantes mucho antes de la extinción de los dinosaurios.
El final del Cretácico estuvo marcado por profundas cambios geográficos y climáticos. Las Américas se separaban, los polos pasaban por ciclos de enfriamiento y la biodiversidad alcanzaba picos de especialización — incluyendo aves, dinosaurios, mamíferos y reptiles marinos.
Este período también precedió la extinción masiva que eliminaría a los dinosaurios no aviares, pterosaurios y varias otras especies. La supervivencia de las aves modernas puede estar ligada a esta adaptación temprana a ambientes extremos, como sugiere la nueva investigación.
El descubrimiento no solo reescribe parte de la historia evolutiva de las aves, sino que también amplía la comprensión sobre la resiliencia de las especies que sobrevivieron a uno de los eventos más drásticos de la historia.

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