El avance del mar, la erosión acelerada y los colapsos estructurales transforman la rutina urbana en Alejandría, presionando al gobierno a actuar con obras de emergencia y reasentamiento poblacional ante riesgos crecientes en una de las ciudades más vulnerables del Mediterráneo.
Alejandría, en Egipto, ha comenzado a enfrentar una combinación cada vez más visible de erosión costera, infiltración de agua salada e inestabilidad del suelo, fenómeno que ya se manifiesta en el aumento de los derrumbes de edificios y presiona al poder público a acelerar obras de contención, desalojos y reasentamientos en una ciudad de casi 5,8 millones de habitantes.
El avance del mar y el impacto urbano en Alejandría
El problema ha dejado de ser tratado solo como proyección climática y ha ganado expresión concreta en barrios orientados hacia el Mediterráneo, donde los residentes informan sobre playas más estrechas, el avance del mar hacia los edificios y la aparición más frecuente de grietas, inclinaciones y deformaciones que alteran la rutina de familias obligadas a abandonar apartamentos considerados inseguros.
Según un estudio científico publicado en febrero de 2025 en la revista Earth’s Future, los colapsos de construcciones en Alejandría han crecido de forma acentuada en las últimas décadas, mientras que la línea costera ha retrocedido, en promedio, alrededor de 3,5 metros por año a lo largo de los últimos 20 años, en un escenario asociado a la elevación del nivel del mar, subsidencia del terreno y erosión.
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Los investigadores también identificaron un área costera de alta vulnerabilidad con más de 7 mil edificios en riesgo, número que ayuda a dimensionar la magnitud urbana del problema en una franja litoral densamente ocupada, donde la presión sobre la vivienda y la infraestructura se suma a un proceso ambiental continuo y ya medible.
Infiltración salina y riesgo estructural de los edificios

Más que el impacto de las olas en la superficie, la degradación avanza por el subsuelo.
El agua del mar penetra en terrenos arenosos, eleva la salinidad en las capas debajo de las construcciones y acelera la corrosión de materiales y el debilitamiento de las fundaciones, reduciendo la estabilidad de edificios antiguos y acortando el intervalo entre señales de deterioro y fallas estructurales más graves.
Este cambio ayuda a explicar por qué inmuebles que permanecieron en pie durante décadas han comenzado a presentar fisuras, inclinaciones y daños recurrentes en un período más corto.
En lugar de episodios aislados de resaca, lo que se observa en Alejandría es una alteración persistente de las condiciones físicas que sustentan parte importante del tejido urbano.
Medidas del gobierno contra la erosión costera
La respuesta del gobierno egipcio intenta contener el avance del problema en varias frentes.
Nueve barreras marítimas de concreto fueron instaladas en tramos vulnerables de la costa para reducir el impacto de las olas, mientras que camiones comenzaron a recomponer playas desgastadas con reposición de arena, en un intento de restaurar parte de la protección natural entre el mar y las áreas edificadas.
Las medidas, sin embargo, no se limitan a la ingeniería costera.
Las autoridades egipcias identificaron alrededor de 7,500 edificios para demolición y anunciaron la construcción de 55,000 nuevas unidades habitacionales, estrategia orientada a la reubicación de residentes de inmuebles considerados inseguros y a la reducción del riesgo en áreas donde los deslizamientos se han vuelto más frecuentes.

En julio de 2025, el primer ministro Mostafa Madbouly afirmó que hay registros constantes de colapsos parciales o totales de edificios que ya tenían orden de demolición, reconocimiento que evidencia la dificultad de actuar con la misma velocidad de un proceso de degradación que avanza en diferentes puntos de la ciudad.
Crecimiento poblacional y presión por vivienda
La presión crece en un contexto de expansión poblacional y mercado inmobiliario tenso.
Datos citados por Reuters basados en la agencia oficial de estadísticas CAPMAS indican que la población de Alejandría casi se duplicó en 25 años, alcanzando alrededor de 5.8 millones de residentes, movimiento que amplió la demanda de vivienda y dificultó la reubicación de familias de zonas más frágiles.
Aún en áreas bajo observación, los precios de los inmuebles siguen elevados, lo que ayuda a mantener parte de la población en edificios vulnerables o en barrios costeros sujetos a deterioro acelerado.
La crisis, por lo tanto, no involucra solo obras contra el mar, sino también disponibilidad de vivienda, densificación urbana y capacidad estatal de reubicar residentes sin aumentar la presión social.
Ciudad histórica bajo riesgo climático en el Mediterráneo
El caso de Alejandría llama la atención por reunir, en el mismo espacio, patrimonio histórico, densidad poblacional y exposición climática.
El estudio publicado en 2025 señala que la franja costera urbana de la ciudad, con cerca de 70 kilómetros, aparece como la más vulnerable de toda la cuenca del Mediterráneo, dado que amplía el peso internacional de la alerta emitida por los investigadores.
Esta vulnerabilidad no se limita a una amenaza futura y lejana.
Ya se manifiesta en el paisaje, en la infraestructura y en las decisiones de gobierno, con obras de defensa costera conviviendo con fachadas deterioradas, inmuebles clausurados y sucesivas intervenciones de emergencia en barrios donde el desgaste estructural ha pasado a ser parte del cotidiano.

Relatos reunidos por Reuters muestran que los habitantes perciben el problema en reformas que se deterioran rápidamente, grietas que vuelven a aparecer poco después de las reparaciones y una sensación de transformación continua en las calles cercanas al mar.
En algunos casos, apartamentos dejaron de ser habitables después de que la estructura comenzó a inclinarse, imponiendo salidas apresuradas y pérdidas materiales a las familias.
La acelerada deterioración refuerza la evaluación de especialistas de que Alejandría se ha convertido en uno de los ejemplos más concretos de cómo el aumento del mar puede afectar directamente a ciudades costeras ya consolidadas.
En lugar de un impacto restringido a eventos extremos, lo que se observa es una erosión gradual de la base física que sostiene barrios enteros.
En un centro urbano históricamente asociado al comercio, a la circulación marítima y a la ocupación intensa del litoral, la amenaza climática ha pasado a medirse no solo por la pérdida de playa, sino por el compromiso de los cimientos, la necesidad de demoliciones preventivas y la dificultad de adaptar a millones de habitantes a un entorno costero más inestable que en el pasado reciente.

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