Suelos blandos y rellenos hacen que áreas de Río de Janeiro se hundan lentamente, causando grietas y daños estructurales, especialmente en la Zona Oeste.
En 2025, un estudio publicado el 28 de junio en la revista académica Geo UERJ y análisis técnicos divulgados el 10 de junio por el Diário do Rio llamaron la atención sobre un problema poco visible, pero estructuralmente relevante en la ciudad de Río de Janeiro: partes del suelo urbano están sufriendo subsidencia, fenómeno también asociado al asentamiento del terreno, con impacto potencial sobre calles, edificaciones, cimientos e infraestructura. En la Zona Oeste, especialmente en áreas como Rio das Pedras, el problema aparece ligado a la presencia de arcillas orgánicas muy blandas y altamente compresibles, que pueden perder volumen a lo largo de los años cuando reciben la sobrecarga de casas, edificios, vías pavimentadas y rellenos urbanos.
Estas áreas están asociadas a antiguos ambientes costeros, lagunares y de manglar, donde la dinámica natural del litoral favoreció la deposición de sedimentos finos y materia orgánica. El resultado es un tipo de suelo que no reacciona de forma inmediata al peso de las construcciones: se comprime lentamente, expulsa agua de los vacíos internos y puede provocar hundimiento gradual del terreno, grietas, deformaciones y asentamientos diferenciales en las estructuras.
En el caso de Rio das Pedras, datos citados en el reportaje indican que algunas áreas llegaron a registrar un hundimiento promedio de hasta 6,3 cm por año entre 2014 y 2020, mientras que los especialistas advierten que el proceso exige un mapeo geotécnico detallado y un monitoreo continuo para evitar que el riesgo avance de forma silenciosa sobre la ciudad.
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El problema no surge de forma abrupta, sino que se manifiesta a lo largo del tiempo, con deformaciones progresivas que pueden comprometer estructuras enteras.
Las áreas de Río de Janeiro hundiéndose: El asentamiento del suelo provoca grietas, desniveles y deformaciones estructurales
El fenómeno central observado en estas regiones es el llamado asentamiento, que ocurre cuando el suelo sufre compresión bajo carga. En áreas con arcillas blandas, este proceso es lento y continuo, pudiendo durar años o incluso décadas después de la construcción.
En la práctica, esto se traduce en:
- fisuras en paredes y suelos
- hundimiento irregular de calles y aceras
- inclinación de edificaciones
- deformación de redes de drenaje y alcantarillado
En barrios como Rio das Pedras y regiones cercanas a Barra da Tijuca y Jacarepaguá, este tipo de comportamiento ya ha sido documentado en estudios técnicos y análisis de campo.

El mayor riesgo radica en el asentamiento diferencial, cuando partes de una misma estructura se hunden a velocidades diferentes, generando tensiones internas capaces de comprometer la estabilidad de la construcción.
La Zona Oeste concentra las áreas más vulnerables por historial geológico y expansión urbana y pocos conocen las áreas de Río de Janeiro que se están hundiendo
La Zona Oeste de Río de Janeiro reúne características que aumentan la vulnerabilidad al problema. Históricamente, gran parte de la región estaba compuesta por:
- áreas pantanosas
- manglares
- llanuras costeras sedimentarias
Con la expansión urbana en las últimas décadas, estas áreas fueron rellenadas y ocupadas por construcciones residenciales, comerciales e infraestructura urbana.
Este avance ocurrió muchas veces sin el uso pleno de soluciones geotécnicas adecuadas para suelos altamente compresibles, lo que contribuyó a la intensificación de los problemas actuales.
El proceso de consolidación de la arcilla es lento y prácticamente irreversible
El comportamiento de las arcillas blandas es bien conocido en la ingeniería geotécnica. Cuando se someten a carga, estas capas pasan por un proceso llamado consolidación primaria, en el cual el agua presente en los poros del suelo es lentamente expulsada, reduciendo el volumen total de la capa.
Este proceso puede durar años, dependiendo del espesor de la capa y de las características del material. Una vez iniciado, el asentamiento no puede revertirse, lo que significa que el hundimiento tiende a continuar hasta que el suelo alcance un nuevo estado de equilibrio.
Existen soluciones de ingeniería, pero el costo limita su aplicación a gran escala
La ingeniería civil dispone de técnicas consolidadas para tratar suelos blandos. Entre las principales soluciones se encuentran:
- cimentaciones profundas con pilotes
- precarga del suelo antes de la construcción
- drenaje vertical para acelerar el asentamiento
- mejora del suelo con materiales estabilizadores
Estas técnicas permiten construir con seguridad incluso en terrenos desfavorables. Sin embargo, todas implican costos elevados y mayor complejidad técnica.

En proyectos de alto nivel, estas soluciones se aplican con frecuencia, pero en áreas de ocupación popular o crecimiento urbano acelerado, a menudo se reducen u omiten.
La infraestructura urbana también sufre deformaciones del suelo
El impacto del asentamiento no se limita a las edificaciones. Las redes de infraestructura urbana instaladas sobre estos terrenos también sufren deformaciones con el tiempo. Las tuberías pueden romperse o perder su alineación, los sistemas de drenaje pueden verse comprometidos y las vías pavimentadas comienzan a presentar ondulaciones y hundimientos.
Estos problemas generan costos continuos de mantenimiento y reducen la vida útil de las estructuras urbanas.
La ciudad pasa a convivir con un ciclo de degradación gradual, en el que se realizan reparaciones sin eliminar la causa estructural del problema.
La expansión urbana sobre áreas inestables amplía el desafío a largo plazo
El crecimiento de la ciudad hacia áreas originalmente inadecuadas para la urbanización intensifica el escenario. Con el aumento de la densidad constructiva, la carga sobre el suelo crece, acelerando el proceso de asentamiento y ampliando los efectos del recalque.
Además, las construcciones vecinas pueden influir en el comportamiento del suelo, creando interacciones que dificultan el control del problema.
El desafío deja de ser puntual y pasa a ser urbano, involucrando planificación territorial, ingeniería y políticas públicas.
El fenómeno no es exclusivo de Río, pero gana escala por la forma de ocupación
Problemas similares ocurren en diversas ciudades costeras alrededor del mundo, especialmente en áreas construidas sobre suelos blandos o rellenos.
Sin embargo, en el caso de Río de Janeiro, la combinación entre geología desfavorable y expansión urbana acelerada hace que el fenómeno sea más visible y relevante.
La forma en que la ciudad ha crecido a lo largo de las últimas décadas contribuyó a ampliar la exposición al riesgo geotécnico.
El monitoreo y la planificación son fundamentales para reducir impactos futuros
La identificación y el monitoreo de estas áreas son pasos esenciales para reducir los daños. Levantamientos geotécnicos, mapeo de riesgo y seguimiento de deformaciones pueden orientar intervenciones más eficaces.
Además, la planificación urbana puede evitar la ocupación de áreas más críticas o exigir soluciones técnicas adecuadas antes de la construcción. Sin este tipo de enfoque, el problema tiende a perpetuarse y expandirse con el crecimiento de la ciudad.
Ante este escenario, ¿está Río de Janeiro preparado para afrontar el avance del asentamiento urbano?
El hundimiento progresivo de áreas construidas sobre suelos blandos revela una fragilidad estructural que se desarrolla lentamente, pero con impacto acumulativo.
Calles que se deforman, estructuras que ceden e infraestructura que se deteriora son señales visibles de un proceso que ocurre en el subsuelo.
La pregunta que permanece es directa: ¿la planificación urbana y la ingeniería aplicada hoy son suficientes para contener este avance, o el problema tiende a crecer a medida que la ciudad continúa expandiéndose sobre terrenos geológicamente inestables?

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